La cocina caníbal de Roland Topor

Publicado: 02/02/2012 en Gastronomía y vino

No hay intelectual de la gastronomía ni cocinillas de la literatura que no haya sido abducido por La cocina caníbal de Roland Topor. Una colección de recetas imposibles, surrealistas unas veces y, certeras, otras, con un humor que quita la risa a los que se sienten ingredientes.

Aquí una ración de frases salpimentadas:

“Muchas novatas se echan a perder en asuntos domésticos: el resultado, manos pegajosas y sangre por doquier”.

“¿La peste? ¡Menudo plato!”.

“El gilipollas se sirve con un poco de aceite y un chorro de vinagre”.

“Secuestre a los miembros de una secta cualquiera, córtelos en múltiples trozos y sírvalos con salsa mayonesa”.

“Es difícil conducir al hombre al matadero porque es caprichoso y poco inteligente”.

“Come a su mujer… y muere envenenado”.

“La viuda se toma manida, con relleno y guarnición”.

“La historia rebosa carnes ilustres. El Borbón se encuentra en la frontera entre el honor y el envilecimiento de los alimentos”.

“La muchedumbre se come de entremés, entrada o guarnición”.

“Por un lado, la estupenda asamblea de gourmets y por otro, delgada y pudorosa, la flor y nata de los hombres”.

“Se pueden hacer deliciosos patés con los hombres que se manchan la corbata”.

Y entre sus recetas más aclamadas, la del Puré de cabeza de jefe:

“Se le hace una pequeña visita al jefe a finales de año, justo antes de las fiestas de Navidad, y se le mata como a un cerdo, es decir, que se toma la precaución de dejarle desangrarse durante un tiempo para que su carne quede bien blanca. Una vez que la cabeza se ha cortado de tajo, se la deja chorrear. Después, se mete en agua hirviendo durante media hora aproximadamente. Al cabo de este tiempo se retira, se saca del agua hirviendo y se introduce en agua fría para refrescarla. Es sorprendente cómo la cabeza del jefe ha cambiado ya en ese momento. Su pelo se ha vuelto blanco y su mirada, aunque sigue siendo maliciosa, tiene cierto aire soñador. No es más que el principio, continuemos el ejercicio. Se arranca la mandíbula hasta el ojo, se deshuesa la cabeza, teniendo cuidado de unir las carnes para que no pierdan su forma. Una vez terminada la operación, se frota la cabeza con champú, y se envuelve en un paño atado con un cordel.

Para cocerla, se diluyen tres cucharas de harina en agua, se añade un ramo de flores, un trozo de mantequilla, sal, pimienta. Se introduce la cabeza en el preparado, se hierve quitando la espuma de vez en cuando; después se retira y se deja caer en una cubeta de una altura de 1,5 m. aproximadamente llena de puré, para que no pase frío en las orejas. Es un plato monumental que hay que reservar para las grandes reuniones familiares”.

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comentarios
  1. Liacice dice:

    El canibalismo da para muchas reflexiones. Como bien dices, ¡no hay quién no se acerque a la cultura culinaria -gustándole además la lectura- que no haya cedido a la tentación de devorar a Topor!. Yo no iba a ser menos. El movimiento pánico fue un atractivo añadido y el que fuese publicado -recuperándolo de un injusto olvido, por cierto- por una pequeña editorial zaragozana, aumentaron mi curiosidad de cocinillas (lo de intelectual me viene grande) e, incluso, le dediqué una entrada, que dejo aquí:

    http://comedieta.wordpress.com/2011/05/22/a-proposito-de-canibalismo-ii-los-libros/

    ¡Feliz festín!

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