Archivos de la categoría ‘Ernesto Mallo’

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Me enamoré de Lascano. Perro viejo, que enamoró a Eva en Crimen en el barrio del Once. Y en su última aparición (Los hombres te han hecho mal) encontré un motivo más: se llama Venancio, como Ven, Ven Cabreira, el investigador privado de El chef ha muerto. Pero emociones coincidentes a parte, esta novela me flipa por su ritmo en presente furioso pero reflexivo, por su estilo que supera las limitaciones del género y porque jode de lo que habla, la trata de mujeres como ganado, y la estupidez del hombre que lo vende y que lo compra.

También me ha marcado por cómo muestra el paso del tiempo de un Lascano que se mira al espejo y dice: Envejecer es una mierda. (Y yo pienso, para él y para mí, da igual cumplir 65 que 35, es una mierda igual). Pero no hay otra que pensar y, entonces, se da cuenta de que:

“El pasado queda atrás, se destruye, se despedaza, se diluye y se revierte. No hay nada más que el presente”.

En esta novela, los personajes de Mallo son más violentos que nunca (¿Qué es más cruel, matar a la madre frente al hijo, o al hijo frente a la madre?), pero también, más gastronómicos que nunca.

Lascano cocina para su amante, sin frituras, sin libido:

“(…) echa un chorro de aceite sobre el colchón de hojas (espinacas) y lo cubre con las milanesas, que va seleccionando por forma y tamaño a fin de colocar la mayor cantidad posible (…). Abre la tapa del horno, enciende un fósforo y lo arrima al quemador(…) En unos minutos comemos“.

Y Eva cocina para su madre a punto de morir un risotto y el actual marido de Eva, le cocina su mundo brasileño de carne do sol, moqueca de camarao, paozinho de tata, peixe asado no leite de coco…y ella sólo añora su asado criollo.Y la madre de Eva da en el clavo del paso del tiempo:

“Los viejos vamos de comida en comida. Ya no trabajamos, no arreglamos la casa, no tenemos nada de que ocuparnos, dependemos de los demás para todo. Comer es la última actividad vital que nos queda. El problema es con qué llenar el tiempo entre una y otra comida”.

Y el libro se me pasó entre una y otra comida, y ahora, espero el siguiente, como el delincuente, que “está siempre apurado, huyendo de acá para allá”.

 

El escritor argentino Ernesto Mallo, que acaba de publicar en España El Policía descalzo en la Plaza de San Martín, puso sobre una mesa de la biblioteca de La Casa Encendida su receta de cómo cocinar una novela negra.

Aquí van las tres claves por si alguien se anima:

1- Hacer un plan a seguir, que incluya el inicio y el final.

2- Plantar la novela agregando palabras.

3-Depurarla eliminando todo lo que le sobra.

Y aquí, en algunas de sus palabras, el modo de hacerlo:

“En una novela todo lo que no es imprescindible molesta”

“¿Es mi novela mejor y más bella que los 300 árboles necesarios para publicarla?”

“La vanidad del autor debe estar detrás de la obra. Tienen que hablar sus personajes”

“No hay que subestimar al lector”

“Escribir es muy difícil y da mucho trabajo. Hay que ser obsesivo para ser escritor”

“Un best seller no lo es hasta que lo es”

“Uno no escribe lo que quiere sino lo que puede”