Archivos de la categoría ‘Recetas negras, urbanas y canallas (NUC)’

Los canallas no estamos hechos para la nostalgia. Te acuerdas de tu abuela, del flan que te hacía cuando eras pequeño (el de verdad, no el de los polvos) y vas y quieres volver a hacerlo. Y como era el que hacía la abuela, pues te vas a la estantería a por un recetario viejuno y manos a la obra.

Cuando ya está la leche calentándose al fuego con la vainilla, vas y lees la parte superior de la receta en la que pone: “8 personas”. ¡Dios pero si vivo sólo con una gata que nunca quiere comer lo mismo que yo! Intentas corregir. Quitas la mitad de la leche (así, a ojo).

De pronto te llama Rafa por teléfono para quedar y, claro, tú sigues a la faena. Pones el azúcar a calentar mientras se lo vas transmitiendo con el móvil pinzado entre hombro y oreja a tu colega, quien, casualmente ha trabajado en alguna cocina. A los segundos, cuando intenta convencerte de que lo mejor es quedar en otro bar, te advierte: ”Y cuidado que no se te empanice”. “Empa…qué?”

Miro al recipiente y ya sé de lo que habla. Unas bolitas de azúcar han usurpado el lugar que debería ocupar un caramelo líquido. Cuelgas a tu colega medio cabreada diciendo aquello de: “Ya hablamos que estoy muy ocupada” y te propones hacerle la guerra al empanizado.

Intentas lavar la cacerola con el azúcar apelmazada en el fondo y se produce el terror en el fregadero. ¿Pero cómo se quita esto?

Respiras y recuerdas las últimas palabras que has leído de Freud. En otra cacerola lo vuelves a intentar y se medio vuelve a empanizar, pero al final, piensas que no se notará.

Revisas la receta y, claro, si has quitado la mitad de leche, pues habrá que quitar la mitad de huevos, pero, como está hecho a ojo, pues le pones un huevo más que, total, no se va a notar.

Y ya por fin, al horno. Media horita dice el libro. Y lo dejas. A los 25 minutos te acuerdas y reaccionas: “Si tiene la mitad de ingredientes, a lo mejor, necesita la mitad de tiempo”. Apagas con urgencia el horno y, ahora, a enfriar durante dos horas (¿o será una hora y media porque tiene la mitad de ingredientes?).

Cuando lo sacas de la nevera sólo tienes dos opciones: o soñar que vuelves a la infancia o leerte enCrudo.

Definitivamente, El Chef ha muerto.

(Por cierto, me ahorro la foto…)

El psicoanalista Sigmund Freud no sólo recetaba largas sesiones de diván. También recetas de erotismo oral, que es como él llamaba al placer de comer.

Increíble pastel edípico, Fettuccine libido, Tomates inconscientes y Ponche superyoico son algunas de las propuestas de este recetario delirante recopilado del archivo personal de Freud y que se acaba de publicar en español.

Freud dice que al leer entre sus recetas “Pastel de manzana de mamá” se dio cuenta del amor a la madre y de los celos al padre, así que lo termina rebautizando como “Increíble pastel edípico”.

En los “Fettuccine libido” (cuya salsa se hace con nata, parmesano, guisantes y jamón) aconseja que sea homosexual el cocinero. Y remata la faena diciendo “yo nunca me canso de comerlos”.

Para el psicoanalista, el inconsciente es tan complicado, que propone una receta de conserva de tomate para entenderlo. Y para potenciar el yo, su “Ponche superyoico” con huevos, ron, leche y azúcar.

Para Freud, comer mal o “Almuerzo interruptus” como él lo llama, era síntoma de neurótico.  Y como punto final hace una advertencia:

Los médicos (acostumbrados a las comidas de cafetería de hospital) no comen bien y han sublimado sus frutaciones orales en terribles advertencias contra las comidas sabrosas. Y si el psicoanálisis cae en manos de los médicos, el arte culinario no tardará en desaparecer.

Será por eso que…El Chef ha muerto?

Hay muchas recetas negras. El bonito con tomate, lo podría ser, pero, mucho más la versión ennegrecida del restaurante Gumbo de Madrid (uno de los muchos que aparecen en la novela El Chef ha muerto).

Este plato se hace muy rápido y es ideal para festejar Halloween, el Día de Acción de Gracias o el futuro que nos espera…

La receta, que me ha regalado Matthew Scott, sólo tiene un misterio:  el caparazón crujiente y negro que envuelve una rodaja jugosa de bonito. Y se hace mezclando en un contundente mortero 3 cucharadas de pimentón, 1 cucharadita de pimienta negra, media cayena, 1 ramita de tomillo y un toque de orégano, además de un ajo.

Con esta mezcla de especias se reboza la rodaja de bonito desespinada y sin piel, para después sumergirla en aceite bien caliente por espacio de unos segundos. Unos cristales de sal por encima y listo. Se aconseja servir acompañado de tomate y sobre lecho de lechuga para no verlo todo tan negro.

El Chef ha muerto ha inspirado recetas y canalladas gastronómicas, como el fanzine enCrudo. Ahora, también, cómic (o por lo menos un primer dibujo).

Aquí está la viñeta de Felipe Lorenzo del Colectivo de Ilustradores Canarios:

“Todo el mundo quieto o mato al pulpo” y eso para meterlo en una lata!

¡Gracias Felipe!

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Ha sido como cerrar un círculo. Fui a la Semana Negra por primera vez en 2008 porque el periodista de Reuters, Martin Roberts, me convenció. Allí conocí al escritor argentino Ernesto Mallo, que me convenció de que escribiera esa historia que tenía en la cabeza hacía tiempo. Y ellos han sido, junto con Marcos Morán, el representante de tradición y vanguardia y el heredero de la receta de la mejor fabada (plato fetiche en mi novela) con quienes presenté El Chef ha muerto en la Semana Negra de Gijón.

Me quedo con algunas de sus palabras: “Una novela obscena, irónica y divertida”, dijo Mallo. “Unos personajes que quieren continuidad”, dijo Roberts. “Tan fácil de leer para la gente del gremio como para los que no, un amigo informático me la robó y lo flipó”, dijo Morán.

Me sonrojaron los halagos de los tres. Marcos Morán dijo que los platos inventados que salen en la novela le están inspirando (Guau!). Martin Roberts insistió en que espera la continuidad de Ven Cabreira y Lucy Belda. Ernesto Mallo fue tajante: “Tienes que apostar y seguir escribiendo”.

Y de ahí a las preguntas de los compañeros de la prensa, entre las que destaco la más sorprendente, la de Sergio Vera: “¿Tienes pecas en el escote?”. Y me tuve que mirar. Y sí, pero muchas menos y peor colocadas que Lucy Belda (la inquietante periodista de El Chef ha muerto), con cuya melena sólo Tristante es capaz de competir (quien, por cierto, también tiene pecas en el pecho).

Otra pregunta fue la de Olaya Pena de la Nueva España: ¿Pero se puede hacer una novela gastronómica? Una no, mil. Y aquí está el texto. Pero, ¿sólo va de restaurantes de alta gastronomía? Aquí la respuesta. Y la periodista Laura Muñoz me preguntó que cómo hago para despertar el apetito con la novela. Lo bueno es que no engorda…

Con Paula Corroto de Público seguimos comentando que “Las chicas también disparan“. Charlé también con la periodista Alicia Álvarez de la Cadena Ser, aunque fui yo la que acabó con una pregunta: ¿Pero tú no serás de Pauline en la playa? Y sí.

Y de las preguntas, respuestas y charlas a los momentos que hacen que este encuentro sea único. Una cena de pixin con Alfonso Mateo-Sagasta, Marina, Ernesto y José Ramón. Un taxi compartido con Rosa Montero. Una persecución fratricida de cochitos de choque entre insignes escritores negros. Unos botellines con Kike Ferrari. Unas risas con Daniel Vázquez Sallés. Un gesto de Willy Uribe gracias al que me evité una caminata. Una carcajada compartida con Cristina Fallarás. Una acogida sonriente de la Generación Torrezno (Juan Ramón Biedma, Pedro de Paz, Carlos Salem y Jerónimo Tristante). Un trago de mate frío hecho por Raúl Argemí.

Un intercambio de firmas con Diego Ameixeiras. Gitanas regalando romero y pronosticando suertes. Un caña con Paco Gómez-Escribano. Una pizza con Olivier, Vanessa y su niña. Un gin-tonic con Jason Goodwin . Un nuevo proyecto criminal con Marc Fernandez (Crimen a la una de la tarde, justo cuando comienza el hambre). Paco Camarasa y su Negra y Criminal. Un abrazo entre paisanos con 23escalones y sus autores.Y unos whiskies hasta las mil con un grupo de “jóvenes” poetas (entre ellos Carmen Moreno) y novelistas, entre ellos, Juan Madrid, el que nos hizo crecer con Brigada Central. Y con el que seguimos creciendo. Fue él quien nos dijo que un poeta no era más que “un decorador de interiores que usa las palabras como armarios”.

Y fue Juan Madrid quien nos dio la bienvenida sarcástica que nos merecemos mientras brindábamos con más whisky:

“Bienvenidos a Chipre”

Esto es la Semana Negra, y que continúe por mucho tiempo!

Ahora ha sido el periodista gastronómico Curro Lucas quien, tras leer El Chef ha muerto, ha alimentado su imaginación para perpetrar unas Entrañas de chef en salsa de humor negro o, lo que es lo mismo, unos espaguetis rojos de ajo y guindilla con tapenade de aceituna negra.

Y el plato, colgada en su blog canalla de música y cocina Recetas en tres acordes, tiene, mucho, mucho humor.

Aquí está su inspiración culinaria Negra, Urbana y Canalla:

No, amable lector, no se marche. No hay nada de canibalismo en este plato. No se me ocurriría tal cosa. Es un sencillo plato de pasta con un tapenade de aceitunas negras, que se llama así en homenaje a una novela negra. Me explico:

Hace un mes, mi amiga Yanet Acosta publicaba su primera novela, ‘El Chef ha muerto’, y lanzaba, a su gente, el reto de elaborar recetas inspiradas en sus páginas. Devorados todos los capítulos de esa obra negra, urbana y canalla, se me ocurrió este plato digno de Ven Cabreira, el protagonista, si no se alimentara solo de fabada en lata.

En cuanto a lo musical, no me imagino a los personajes de la novela escuchando afilados riff de guitarra, ni complejos discos de jazz u otras rarezas. Por mi parte, las muertes misteriosas siempre me han evocado el sonido del violín. Ara Malikian es uno de mis violinistas favoritos, especialmente por esa actitud de puro rocanrol que tiene sobre el escenario y ante la vida,  pese a que a un virtuoso se le presupone más formalidad.

De su extensa discografía me quedo con ‘Lejos’ porque creo que armoniza con la novela, que lleva a sus personajes a varios países lejanos en busca de pistas sobre la misteriosa muerte del chef más importante del mundo.

Aquí dejo las pistas para resolver el plato:

Las entrañas del chef

  • Espaguetis (rojos) de ajo y guindilla. Yo he usado los spaghetti all’ aglio e peperoncino de la marca Dalla Costa.

La salsa de humor negro (tapenade de aceitunas negras)

  •  150 gramos de aceitunas negras sin hueso. Mis favoritas para esta salsa son de la variedad ‘Cacereña’.
  • Un diente de ajo
  • Dos cucharadas de alcaparras
  • Una cucharada de mostaza
  • 4 o 5 anchoas
  • El zumo de medio limón
  • Un poco de tomillo y romero
  • Sal y pimienta negra recién molida
  • Aceite de oliva virgen extra a placer, hasta conseguir la textura deseada

Introducir en un robot de cocina aceitunas, jugo de limón, ajo, alcaparras, mostaza, anchoas (troceadas), tomillo y romero. Procesar a velocidad baja o media. Incorporar poco a poco el aceite de oliva mientras se va haciendo el paté. Detener cuando consiga la textura deseada.

Para preparar la pasta, calentar abundante agua con sal y cuando empiece a hervir, cocer la pasta hasta que esté al dente. Con la que yo he utilizado, unos 10 minutos.

Servir la pasta en un plato mezclando con un poco de tapenade y a disfrutar pensando que son las tripas y vísceras de un chef mediático insoportable.

El tapenade que sobre puedes disfrutarlo con pan tostado, ensaladas de tomate, con cebolla y melva, aguacate, mozzarella, o con lo que dicte tu imaginación.

En cuanto a ‘Lejos’, el disco de Ara Malikian que he estado degustando mientras preparaba esta gastro-canallada, es una maravilla instrumental completa.

Si debo elegir una canción, me quedo con Carne Cruda, por tener un título con connotaciones gastronómicas y a cadáver animal. También disfruto mucho con los tangos Viejos Aires y Tango en silencio, donde Malikian logra sacar de su violín la melancolía de los bandoneones argentinos.

Y los tres primeros temas son fabulosos: Creo, Mil Tristezas y Brasil Sacrificado.

Salud y rocanrol

Gracias, Curro, el plato está para: ¡comerse los dedos!

 

Cuando voy a Estados Unidos me engancho con los programas gastronómicos. Uno de los que más me gusta es el de Andrew Zimmern, “Bizarre Foods”, de Travel Channel. De vez en cuando me da el punto y entro en su página en Internet a ver por dónde se ha paseado y el otro día me encuentro una receta: Gazpacho.

Toda mi admiración se quedó congelada cuando comencé a leer la lista de ingredientes: zumo de tomate, orégano seco, albahaca fresca, aceite de oliva virgen, ajo fresco, salsa picante Crystal, zumo de limón, vinagre, salsa Worchestershire, tomates fresco, pepinos, pimiento verde y cebolla roja.

Y aunque cada familia tenga su propia receta para la humilde y sencilla sopa fría española y aunque existan muchas variedades dependiendo de los ingredientes (ya iremos por los mil entre las aportaciones de Alberto Herraiz y la Duquesa de Alba escritas por Eva Celada), esto nada tiene que ver con un gazpacho.

Total, que lo puse en mi muro Facebook y Carmen Fuente de Caracol Picante me tomó el testigo: “Hay que decir que al pan, pan y al vino, vino” y puso un comentario. Después me animé yo a poner una receta. Y entonces intervino el historiador y profesor en la NYU,  además de aficionado a la gastronomía, James Fernandez: “Take Back the Soup“; ¡sois ciberactivistas defendiendo el patrimonio cultural español de los insidiosos ataques de la globalización!”.

Entonces me puse a mirar las recetas de gazpacho publicadas en otros medios estadounidenses. En The New York Times, la afición por hacer el gazpacho picante se mantiene, así como la de poner ingredientes chocantes: tomates, pepinos, cebolla roja, pimiento verde, pimiento rojo, jalapeños, comino, sal, pimienta de cayena, vinagre y 8 hojas de gelatina.

Seguí con la búsqueda y me encontré que el uso de la  salsa Worchestershire para el gazpacho también se prodiga en el Reino Unido. En el portal allrecipes.co.uk además de la salsa en cuestión, el gazpacho clásico lleva zanahoria, cilantro, zumo de tomate, zumo de limón, vinagre, ajo y aceite de oliva.

En Kansas City la idea es poner azúcar al gazpacho y eso que está hermanada con Sevilla.

Definitivamente, hay que tomar partido y pasar a la acción. Es el momento de explicarnos, porque está claro que cuando hablamos de gazpacho con un estadounidense o con un inglés no siempre estamos hablando de los mismo (algo parecido ocurre con las tapas).

Es el momento del ciberactivismo gastronómico.

Anonymous Gastronomicus.

¿Un nuevo caso de Ven Cabreira después de “El Chef ha muerto”?

Y por si acaso, aquí está la versión seria de la receta del gazpacho en Wikipedia en inglés y en español.

Te dejas llevar por el ritmo de la actividad y se te olvida lo fundamental: comprar en el mercado para afrontar un día de fiesta en Madrid. Y, encima, como es festivo va y te sorprende uno de tus amigos diciéndote que te lleva una botella de vino para el almuerzo, osea, que se invita a comer a tu casa.

Segundos de pánico  preceden a una solución certera: el chino de urgencia de la esquina de la calle, es decir, pequeño ultramarinos regentado por un chino, paquistaní, indio o srilankés que desconoce los horarios comerciales y las fiestas de guardar (hay que ganarse la vida, y, encima, hace un servicio a la humanidad).  Mirada rápida. Frutas y verduras ruegan desesperadas: “Llévame que me marchito”. Tú injustamente te haces con las más frescas y tiesas: unas acelgas y unos espárragos.

Llegas a casa. El amigo auto-invitado al límite de tocar el timbre. Una nuez de mantequilla se deshace en el fondo del caldero ajena a la prisa que tienes. Cortas media cebolla y la picas en cuadraditos. La dejas que se poche lentamente, total, aún queda… ¡un cuarto de hora!.  Añades una taza de arroz y remueves con la cuchara de madera. El agua hierve a la vez en el calentador para el té. Agregas al arroz las hojas de las acelgas lavadas y cortadas (no hay tiempo para cocerlas a parte, ni tampoco es necesario). Sigues removiendo, mientras se marchitan, ahora frente a tus ojos en el fondo del caldero. Una vez conseguido, añades un chorro de agua recién hervida, remueves y esperas a que se consuma. Vuelves a añadir otro chorro de agua y así. Suena el timbre. Llega el amigo.

Besos, palabras y ¡el arroz! Sigues removiendo y echando otro poco de agua. El amigo abre el vino. Sigue hablando. Pierdes la concentración y se te desatan los nervios: ¿hasta cuándo tienes que estar echando agua? Recuerdas. Hasta cuando el arroz esté en su punto. Sólo consiste en probarlo cuando lo veas un poco más regordete.

Rallas un poco de queso parmesano y justo antes de apagar el fuego y de que se lo coma el amigo,  lo añades al arroz. Tras unos segundos con los últimos movimientos de cuchara lo apartas del fuego. Ahora toca asar en la sartén con un chorrito de aceite de oliva las puntas de espárragos verdes.

Pones la mesa, bebes un trago de vino. Todo bajo control. Plato único, pero aparente: un risotto canalla con lo que se puede pillar en el chino de urgencia en un día de fiesta.


Para el investigador Ven Cabreira, comer es una lata y Rafa Prades [leoman] lo borda con una receta inspirada en el capítulo 8 de “El Chef ha muerto”: “Lata al baño maría”.
 
Aquí está como lo explica en “Con los cinco sentidos”:

 

Ingredientes, que según Rafa Prades, no deberían faltar:

  1. Fabes, por la afición del personaje Ven Cabreira de alimentarse únicamente a base de fabada en lata.
  2. Pulpo, el famoso octópodo canalla, más famoso que el pulpo Paul, que mató al chef ¿o el canalla era el chef?
  3. Tinta, negra como la misma novela.
  4. Por último, para una tapa urbana, la presentación debía ser en una lata, recordando las de fabada que calienta Ven Cabreiraal baño maría.

Ingredientes

  • 400 g de fabes
  • 1 pulpo cocido de 500 g
  • 4 bolsas de tinta de calamar
  • Fumé de pescado
  • Pulpa de pimiento choricero
  • 4 dientes de ajo
  • 1 hoja de laurel
  • Sal
  • Aceite de oliva virgen extra (AOVE)

Elaboración

  1. Poner la noche anterior las fabes a remojo en agua fría.
  2. Cocer las fabes, aproximadamente tres horas, en el fumet de pescado, los ajos con un golpe y el laurel. Añadir poco a poco fumet de pescado frío, según se vaya necesitando.
  3. Durante este tiempo menear la cazuela de vez en cuando. No menear con cuchara, así evitaremos que se rompan las fabes.
  4. Quince minutos antes de que se terminen de guisar, retiraremos los ajos y el laurel, añadiremos una cucharada de pulpa de pimiento choricero, la tinta de calamar diluida en un poco de fumé y un chorro de AOVE.
  5. Añadimos por último las patas del pulpo cocido troceadas y rectificamos de sal.
  6. La cantidad final de caldo depende de cada uno, a mi particularmente me gustan con poco caldo y que queden espesitas.

Nota: Este guiso, como muchos otros, está mejor de un día para otro.

 

 

Hoy me ha dado por pensar que a este paso los bloggers, no sólo nos comen a los periodistas sino también a los cocineros. Muerto el Chef, nueva receta de Pakus de Lazyblog. Son unas “Setas en calima”, un capítulo cañero de la novela.

Pakus lo cuenta así:

El Chef ha muerto atragantado con un pulpo vivo, y a partir de ese hecho, comienza una investigación para esclarecer en qué circunstancias ha ocurrido esa muerte. Durante las pesquisas, Yanet (a través del investigador Ven Cabreira), hace que recorramos, plato a plato, las mejores cocinas y recetas del mundo.
Este libro de mi amiga Yanet Acosta es muy divertido que aborda de un modo desenfadado y a la vez con gran conocimiento de causa, todo el mundillo que rodea la alta cocina, los chefs, los críticos, y otros personajes.
Una de las cosas que más me ha gustado de este libro, además de la creación de los personajes, e incluso sus nombres, ha sido el título de los capítulos, que podrían dar nombre a platos de los mejores restaurantes. “Beso de hojaldre”, “insinuación de chocolate” y “ostras en pecera”, son ejemplos de su creatividad.
Hoy os he preparado, unas setas en calima, título de su capítulo 18, que espero que os gusten, tanto como a mí me ha gustado este libro que os recomiendo sin dudarlo.

Para preparar esta receta, creada a partir del título del capítulo 18, Setas en calima, pensé hacer algún plato de setas, que tuviera en su emplatado algún desenfoque, como consecuencia del vaho del calor, o algo similar, por la cosa de la calima. Ese desenfoque o bokeh, lo he hecho simplemente poniendo el foco puntual en el centro de la imagen, obteniendo así ese leve efecto de calima.

Ingredientes para 4 raciones
* 600 gr. de setas variadas congeladas, 150 gr de jamón serrano no muy curado, aceite de oliva virgen extra gota verde. Una flor de perejil para decorar. (Opcionalmente un chorrito de vino de uva Palomino fino, Tío Pepe o similar)
 

 
Cómo hacer setas en calima
En una cacerola, ponemos un buen chorro de aceite de oliva virgen extra, de la variedad Picual, ya que vamos a tener un proceso muy largo y es el que mejor resiste la degradación. Vamos a confitar las setas, poniéndolas a freír a fuego muy lento. Al hacerlo de esta manera, lo primero que veremos será que las setas soltarán el agua, pero poco a poco ésta se irá evaporando, produciendo un vapor, de forma similar a los efectos de la calima.

Las setas, las ponemos congeladas, sin tener que descongelarlas primero. Ponemos el fuego fuerte durante los primeros 15 minutos para que las setas suelten toda su agua, y a continuación, bajamos el fuego para que cuezan a fuego muy lento. Una vez evaporada la mayor parte del agua, quedarán otra vez sobre el aceite de oliva que tenemos en el fondo y ya con el fuego al mínimo, dejamos que sigan haciéndose durante más o menos, una hora.

No hace falta estar muy pendiente, pero conviene remover de cuando en cuando, para evitar que se agarren al fondo. El secreto es hacerlas tan lentamente que quedarán melosas como véis en el fotomontaje. Cuando lleven 30 minutos, añadimos el jamón picado en taquitos, que hará innecesario el uso de sal. En los últimos 5 minutos, si lo deseáis, podéis añadir un chorrete de Tío Pepe para darle un toque alegre, dejando que evapore para que no quede más que el aroma.
Si queréis, podéis tomar las setas como entrante, o como guarnición de una carne o un pescado, o como en la última foto, sobre unos espaguetis.
En todo caso estas setas en calima tienen un sabor extraordinario y una textura, que hace que haya valido la pena dedicarles tanto tiempo. Espero que te gusten Yanet.
Y a todos vosotros, como de costumbre… sed felices.
 
¡Me encantan! Esta receta inspirada en El Chef ha muerto se suma a la de “Vergüenzas en salsa verde” de Rafa Prades y a los perritos de Ven por Juan Pozuelo.