Descubriendo una nueva forma de viajar: ruta canalla

Publicado: 13/10/2011 en El Chef ha muerto, Ven Cabreira

Hay muchos tipos de viaje y casi todos dependen más de quién los haga que del lugar que se visita. Si el que viaja es un turista, en cuanto llega a un destino sólo está pensando en regresar, porque echa de menos su comida, su cama, su casa, sus amigos. Si el que lo hace es un viajero, huye de su realidad y no le importa cuándo regresar, porque realmente no tiene muchas ganas de volver al lugar del que huyó. Y si el que viaja es un canalla, sólo va a golpe de impulso experimentando su misma realidad en todos los lugares que visita. En Ciudad de México, es fácil que el canalla se encuentre con una prima que no conoce, pero con la que conecta como si se conociera de hace años, gracias al tequila y a la mucha cumbia. Por Puebla, lo más normal es que, a falta de amigos y de dinero, termine con algún taxista de marcha, quien ni siquiera le cobra la carrera de vuelta a su hotel. Lo más habitual es que, en plan canalla, sienta que todo le lleva a Lima y, allí, se encuentre con una antigua compañera de trabajo de fuertes convicciones evangelistas. Y lo lógico es que tenga que buscar hotel, porque la canallesca es darwinista. En Miraflores, en la barra de un bar, un canalla puede encontrar a otro y dejarse guiar por sus recomendaciones. Y es así como acaba haciendo un trekking de alta montaña sin tener siquiera ropa de abrigo. En un mercado de copias chinas, un canalla puede encontrarse con más canallas que le venden por lo que quiere lo que necesita y encima termina de marcha con el que le ha engañado en cualquier discoteca para cusqueños en la que no cabe un alfiler. Para el camino, unas botas sin gore tex y una chaqueta totalmente permeable. Debajo de la chaqueta, camiseta de tirantes. Bajo las botas, medias y uñas de rojo. En el camino, pocos grados de temperatura y mucha fuerza de voluntad. Y es que los canallas es lo que más tienen. Fuerza de voluntad para llegar adonde quieren. Por curiosidad. Por saber algo más. Después de alcanzar Machu Picchu, un canalla se toma una botella de pisco en un bar para locales en las afueras de una ciudad turística. Y es que esa era, de verdad, su meta. Llegar donde otros no llegan tan fácil. Al corazón de otros lejanos canallas. El canalla a veces se deja llevar por la infancia y le da por ir al “Titicaca”, el sitio que le hacía reír cuando estudiaba en Primaria. Y de allí, de un brinco a Bolivia, porque está leyendo un libro sobre el Ché, que resulta ser su guía. Y en Bolivia, más que canallas, hay cabreados hostiles, difíciles de convencer en la barra de un bar. De desiertos, altiplanos, montañas, frío y polvo, el canalla se cansa y se le ocurre hacerse un regalo: Brasil. Y un canalla termina por parar en un hostal donde se encuentra con otros canallas. Y se ve a sí mismo. Y en la playa siente frío. Han pasado casi tres meses. Es tiempo de volver y escribir otra novela: Billete de vuelta. Con Ven Cabreira.

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comentarios
  1. Una buena canallada, sí señora! Sin duda, envidiable y entusiasta aventura! Un brindis por la curiosidad que hace cosas como éstas. Un abrazo!

  2. Curro dice:

    Te veo en cada una de las líneas de este post. Serás bienvenida a casa! ¿brindamos?

  3. Ro dice:

    Y en la playa la encontraste sin buscarla, y seguro que antes de lo que pensabas, bss

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