Archivos de la categoría ‘Tinta de Calamar (Cadena Ser)’

Este verano en Tinta de Calamar de la Cadena Ser han apostado por la literatura gastronómica. Para mí ha sido un placer aportar ficción a la gastronomía, pues a veces es más esclarecedora que la propia realidad. Aquí está en forma de microrrelato esta utopía gastronómica: Celanova 2020

Celanova 2020 Microrrelato gastronómico

Los primeros rayos de sol aparecen por el Este entre los castaños y atraviesan la ventana del dormitorio. Su energía comienza a calentar las placas que alimentarán el fuego y despertarán el andarín titilar de la luz.
Desde la ventana se ven los brotes de la higuera, los verdes frutos que en un mes madurarán como higos. Las uvas empiezan a aparecer menudas en racimos sobre las hojas de la vid. En el huerto, las vainas de las judías despuntan de su planta trepadora. Todo se prepara para el fin del verano. También María. Esta noche da su última clase a los niños de la aldea. Les preparará un rico plato de pasta y un refresco para festejar. Hierba Luisa y zarzamora infusionada en agua de la fuente con el  toque dulce de la panela.
Tiene un paquete en su despensa. Viene de lejos y sin etiquetar, como los verdaderos tesoros. Se lo envió uno de sus puntos  de conexión con otra aldea en el sur de Nueva Guinea, de donde nunca debió salir la caña de azúcar. Fuera de su lugar, esta planta divina fue profanada en nombre de la humanidad y a su costa se creó esclavitud, deforestación y obesidad.
Hace tiempo que su despensa se libró de esos paquetes de azúcar, de harina, de leche y de carne etiquetados y marcados con grandes letras como: Producto No  Natural, Sucedáneo Modificado genéticamente o Alimento Transgénico. Afortunadamente consiguió huir de la ciudad antes de que cayeran los últimos principios éticos y humanos y antes de que cerraran sus puertas dejando a miles de cautivos que ahora la Resistencia intenta guíar.
Por las aldeas del mundo, unidas en red, se pasea alguna vez el demonio de manos de hormigón y perilla que incendia montes y campos. Pero ya saben cómo atajarlo: sólo hay que ignorarlo. Dejarlo que pase de lado. Todos ya lo saben, también los niños. Si alguien lo mira a los ojos sin la suficiente consciencia, cae fulminado por el engaño.
María recoge los huevos de las gallinas en casa de una de sus tres vecinas, Celsa. A cambio ella teje los cuentos que acompañan las tortillas de la cena e invitan al mejor de los sueños.
Cada semana, a dos caminos de su casa, recoge el pan de centeno en la panadería  que regala caricias de aroma a harina cocida por la leña.
Desde el camino se ve a lo lejos la barrera de quienes no vieron la única alternativa. Y a María se le escapa alguna lágrima de compasión.
Ahora prepara el refresco y la salsa de tomate con salvia para los macarrones hechos en otra aldea  del sur. Esta noche hay fiesta porque  es la última clase antes del fin del verano, en la que los niños recordarán su lugar en el espacio.
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Microrrelato para Tinta de Calamar

Hoy en Tinta de Calamar de la Cadena Ser me publican un microrrelato muy veraniego de ciencia ficción con el título: Benidorm 2020.

Comienza así:

Las 12. Hora de marchar. Hace tiempo que los aeropuertos han dejado de funcionar. No hay coches circulando porque no hay con qué llenar el depósito. Solo un microbús escapa de Madrid cada noche para llegar al Sur.

Durante una hora y media el microbús se llena de pasajeros, más del doble de su capacidad. En cada asiento, dos personas. Todas en búsqueda, de alguien o de algo.

Es cierto que nada pasa de un día para otro. Que muchas veces se ve venir. Se  va advirtiendo poco a poco. Incluso un dolor de muelas tiene sus avisos. Y primero fueron los deshielos, luego la falta de petróleo y, más tarde, la imposibilidad de aprovechar otras energías porque, cuando se pudo hacer, las grandes compañías lo impidieron, y cuando ya no existían, apenas quedaban recursos para hacerlo.

Y como cuando los órganos de un cuerpo entran en colapso, así se vislumbró la muerte de lo que había sido todo hasta ese momento. Quedaban lejos los momentos de triunfo y revolución, cuando la comida llegó a ser arte. Ahora era la pepita de oro a encontrar entre toneladas de basura. La valiosa mercancía del siempre próspero mercado negro.

El microbús da trompicones. Las carreteras empiezan a entrar en desuso y los boquetes del camino son difíciles de sortear. Los pasajeros soportan mudos los golpes de sus cabezas contra el techo. Nadie habla. El silencio ganó la partida. Hablar de más era quedarse sin abrigo.

Parón en seco. Tras cientos de saltos, baches y golpes, y tras otros tantos cientos de minutos de silencio, el microbús para y abre las puertas. El día empieza a clarear y se ve la silueta del hormigón vertical que fue una ciudad.

Benidorm.

Sus calles están desiertas y apenas las atraviesa alguien rápido y silencioso con un abrigo negro. Los edificios tienen el desarreglo que deja el abandono y nadie puede acertar si queda vida en ellos o no. El tipo del abrigo negro sigue su camino sin mirar a los lados, sin alzar la cabeza. Sabe adónde va.

Son las inacabadas torres In tempo. La ruina va desdibujando su forma de eme y el brillante que las une. El alguien del abrigo negro se pierde en una subida oscura, residual, de peldaños sueltos en escalera.

En el piso 45 se encuentra con otros con abrigo en el que ocultan el dinero con el que pretenden comprar lo que ya nadie encuentra.

Las existencias de la industria alimentaria hacía tiempo que se habían agotado y solo quedaban las que mantenían las manos privadas. Pero la perla la tenía un manco en ese piso 45, tras una puerta en la que se agolpaban más y más abrigos negros que ocultaban la desesperación del dinero que no hay en qué gastar. Daban con la fuerza que podían sobre la puerta hasta que el manco decidía:

—Hoy, agua para dos.

Los elige según le conviene. Y ahora le conviene los que tienen semillas. Señala a uno y a otro. La transacción acaba y el resto calla. Sediento, silencioso y abrasado en la añoranza de tantos litros que ignoraron y que se escaparon en alimentar edificios, industrias, campos de golf, piscinas, plantas de refrescos, de cervezas, de alimentos.

Los abrigos acarician sus bolsillos y descienden cabizbajos por la escalera imposible sin ver que de la casa del manco sale la hoja verde de una planta trepadora de la que quizás vuelva a nacer un tomate.

El cuento en Tinta de Calamar.

SergiArola

Arola se ha arruinado. Sus dos estrellas Michelin finalmente se han estrellado. No ha sido el primero, ni parece ser que vaya a ser el último.

En la alta cocina, primero murió el chef, porque además de cocinar tenía que hacer mil otras cosas, para tener su imagen para vender y para ganar dinero. Y eso, quizás, sólo escondía que el restaurante ya había muerto.

Hoy para Tinta de Calamar analizo la situación y dejo aquí el juramento de que la nueva novela no se llamará como este post 😉

logo-tinta-de-calamar

Hoy estamos de enhorabuena. El blog colectivo en el que participo, Tinta de Calamar, en la Cadena Ser ha sido nominado al Premio Nacional de Gastronomía como mejor sitio en Internet

Me alegro mucho por todo el equipo  y sobre todo por su coordinador, Carlos G. Cano, un joven periodista gastronómico con nuevas ideas y mucha pasión por lo que hace.

Los otros dos nominados a esta categoría son también dos amigos: Phillipe Regol por su blog Observación Gastronómica y David de Jorge, el RobinFood de las pantallas televisivas.

El lunes, 24 de junio de 2013, se designó ganador al blog de Phillipe Regol.

En las otras categorías estos son los nominados y ganadores en negrita:

JEFE DE COCINA 2012:

ANGEL LEÓN (Aponiente – El Puerto de Santa María, Cádiz)

RICARDO CAMARENA (Ricard Camarena – Valencia)

MARIO SANDOVAL   (Coque – Humanes, Madrid)

DIRECTOR DE SALA 2012:

FRANCISCO BRAVO (El Bodegón – Madrid)

SARA FORT (Sergi Arola – Madrid)

PEDRO MONJE (Vía Véneto – Barcelona)

SUMILLER 2012:

JOSÉ ANTONIO NAVARRETE  (Quique Dacosta – Denia, Alicante)

GEMMA VELA  (Hotel Ritz- Madrid)

CARLOS ECHAPRESTO (Venta Moncalvillo – Daroca de Rioja

PERIODISTA 2012:

JAVIER ANTOJA

LORENZO DÍAZ

ALBERTO LUCHINI

LIBROS: 

MUGARITZ B.S.O. de IXO Producciones

COMER DE CINE , de Pepe Barrena, Editorial En Boga

BIOGRAFÍA DE LA PAELLA, de José María Pisa, Editorial De Re Coquinaria

Los premios especiales fueron para: Evaristo García y toda su familia (Pescaderías Coruñesas y restaurantes El Pescador, O’Pazo y Filandón), y al enólogo y bodeguero Mariano García.

Paella con o sin cebolla

Hoy para Tinta de Calamar, el blog de la Cadena Ser, he escrito un artículo sobre el eterno debate de si la paella se hace con o sin cebolla. Un debate de siempre reavivado por un anuncio de una cerveza y que ha llegado hasta la prensa internacional. Un debate, tan apasionado como estéril, en el que se enfrentan puristas contra fusionistas.

El artículo completo aquí.

Hoy un artículo gastronómico y político para Tinta de Calamar.

El hambre es política. La comida, también.

Only to eat

Un fin de semana de tapas con una amiga americana me inspiró este post para Tinta de Calamar en la Cadena Ser. Y es que el typical spanish y la traducción de la carta o del menú con el Google, a veces solo vale para que los guiris tomen fotos.

Aquí el post completo: Typical Spanish (anatomía de una carta de tapas en inglés)

Foto restaurante El Poblet

Parece obvio, pero a veces no lo es tanto. Lo que hace que uno vaya a un restaurante u a otro puede ser un simple detalle. Aquí va una lista de 10 que he hecho para la Cadena Ser.

Normalidad democrática. El desayuno. Yanet Acosta

Lo más normal en España es que la industria láctea pasterice la leche para hacer queso. Y nos parece lo más normal y lo más higiénico eso de llevar a 75 grados la leche. Con ello se matan todas las bacterias malas y, también, las buenas, vivas, beneficiosas y sabrosas. También parece lo normal tomar leche uperizada que no sabe a nada, atún con casi todo como si fuera lo más común y no un pez salvaje al que hay que cuidar, un pan “recién hecho” en la gasolinera y un croissant a la plancha que sabe a plancha.

Así, con normalidad democrática.

El post completo en Tinta de Calamar.

 

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Una reflexión sobre tirar comida para la cadena Ser.