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Bangkok Dusit Thani y Los pájaros

El 18 de octubre de 2003, Manuel Vázquez Montalbán murió en el aeropuerto de Bangkok. Hace poco fui a cumplir uno de mis sueños, visitar esa ciudad que le inspiró una novela por la que guardo un gran cariño, Los pájaros sobre Bangkok y en la que murió. Recorrí los pasos que Carvalho recorrió en la novela, tras los que siempre me parecía ver la mirada de Vázquez Montalbán. En el hotel The Dusit Thani, aún se podía oler el humo de uno de sus puros. Entonces, brindé por la caída del régimen con un whisky Mekong.

tatuaje vazquez montalbán

Soy una melancólica nata. Me gusta recordar los aniversarios y el de Vázquez Montalbán no se me olvida. Hoy hace diez años que vio por última vez Los pájaros sobre Bangkok. Pero también cumple  aniversario el fascinante inspector que creó. Carvalho apareció en una primera novela: Yo maté a Kennedy, pero el personaje aparece por primera vez como investigador privado en Tatuaje. El misterio está escrito en la piel del ahogado cuya muerte debe esclarecer:

 «He nacido para revolucionar el infierno»

Y cuando abres el libro te encuentras con el pasaje en el que Bromuro, contrapunto al investigador en esta novela, se encuentra con:

“la confirmación en la prensa diaria de todas sus prevenciones hacia los alimentos. La preocupación ecológica y consumidora había tenido en él a un esforzado profeta jamás reconocido por los teóricos de nuevo y más alto cuño. Ya no se limitaba el limpiabotas a denunciar a los pies de sus clientes la conspiración antierótica del bromuro disuelto en las aguas, en las bebidas refrescantes y en el pan industrial”.

Y confirmas que lo escrito cuando supera los años es porque refleja una actualidad criticable y denunciable.

Así que hoy toca brindar con sorbitos de Singapur Sling por una muerte (y a lo mejor, no tanta, porque quizás esté revolucionando el infierno) y por un renacimiento, el de Pepe Carvalho.

Por cierto, esta novela, fue llevada al cine por otro inolvidable que se fue este año, Bigas Luna. Aquí puedes verla.

El Caleidoscopio RTVE sobre Manuel Vázquez Montalbán
Acaban de emitir en La 2 de Televisión Española un documental sobre Manuel Vázquez Montalbán (MVM). En él, un personaje de ficción creado por Andrea Camilleri en su honor, Salvo Montalbano, intenta conocer al escritor a través de los recuerdos de sus amigos y compañeros.
Juan Marsé le recuerda sin parar de hacer los prólogos que él rechazaba, por ejemplo, mientras que la propietaria del restaurante Leopoldo le recuerda por el verbo suelto entre amigos hablando de política en la sobremesa del restaurante. Sin embargo, su agente literaria, Carmen Balcells, le recuerda por su silencio.
“Era conciso y potente. Preciso en la administración de la palabra. El mejor atributo de un escritor”.
Habla Paco Camarasa de Negra y Criminal sobre cómo elevó el género negro con sus novelas de Carvalho y Ferran Adrià de cómo consiguió demostrar que se podía ser de izquierdas e ir a un buen restaurante. Además, Adrià recuerda también una fecha: el 6 de agosto de 2003, la última vez que MVM fue a elBulli. Ese día, Ferran tenía en sus manos la portada de la revista de The New York Times. Esa portada, con el título de “The nueva nouvelle cuisine” con la que el fenómeno de elBulli y la cocina de vanguardia española se da a conocer internacionalmente.
Recuerda entonces Ferran que MVM le dijo:
“Lo hemos conseguido”.
Sin embargo, el último día quedó para siempre porque sus cenizas fueron esparcidas en Cala Montjoi, la salida al mar de elBulli, uno de los lugares donde más feliz había sido. Este momento también se quedó grabado en la memoria de Ferran. Y son los momentos los que marcan la emoción. El hijo de MVM, Daniel Vázquez Sallés, asegura que el de su padre, ese momento de felicidad total, se produjo cuando siendo un niño su madre apareció en casa un día con una barra de pan blanco y un cucurucho de aceitunas negras. El Rosebud de un escritor que también dijo que si no escribiera, cocinaría.

Hoy es el aniversario de la muerte de Manuel Vázquez Montalbán (MVM) y tengo ganas de recordarlo en sus libros, que, al fin, es lo que queda. Por eso hoy escribo en el blog de la Cadena Ser su recuerdo, que sigue siendo inspiración.

MVM, cenizas gourmet

“El gourmet jamás olvida el nombre del muerto”, fue la gran frase con la que comenzó el ensayo Contra los gourmets, el escritor Manuel Vázquez Montalbán. Y ni el gourmet ni el lector han olvidado a quién dio vida a Pepe Carvalho.

Su inspector gourmet. El que nació con la muerte de Kenedy y con el que creció MVM hasta que, el 18 de octubre de 2003, murió en el aeropuerto de Bangkok. Tuvo una muerte de novela y un entierro gourmet: sus cenizas fueron esparcidas en Cala Montjoi, donde se encontraba el que fue considerado como mejor restaurante del mundo, elBulli.

(Sigue leyendo en Tinta de calamar)

Siempre hay una buena excusa para recordar a Pepe Carvalho. El 22 de noviembre se cumplieron 48 años del asesinato del presidente estadounidense John F. Kennedy. En 1972, Manuel Vázquez Montalbán publicó Yo maté a Kennedy, con el subtítulo “Impresiones, observaciones y memorias de un guardaespaldas”. Y ese guardaespaldas es Pepe Carvalho.

Es emocionante y descacharrante el comienzo de esta novela, con Pepe Carvalho hablando de tú a tú con Jacqueline Kennedy y pidiéndole un dólar. Con  la misma soltura se despacha el gallego con el presidente y con sus familiares. De hecho, hasta Edward Kennedy le estampa un beso en la sien (con gran entusiasmo).

Entre las frases negras de esta novela me quedo con:

Aprender a matar fue lo más difícil. Las vacilaciones, decía el profesor, generalmente no proceden de una repugnancia natural, sino cultural. El profesor no era alemán, como ustedes podían haber supuesto. Era un ex relojero suizo que había obtenido su sabiduría en la directa contemplación de la naturaleza.

Aunque aún no es el gourmet que sería, Carvalho ya apunta maneras (sobre todo, políticas):

Ante un café espeso, rodeado de jóvenes estudiantes que salían del Hospital General cercano, en el aire agror de vinagre y solaje de pescado enharinado y frito, reflexioné sobre mi condición social. Repasé, atónito, la lista de cosas que debía pagar en los próximos quince días. Busqué un culpable y no lo había. Era una mecánica vital. Doscientas voces de diccionario ilustrado equivalían a tres plazos del televisor, un alquiler, seis bragas de plástico para la niña, tres bistecs de unos ciento veinte gramos, dos kilos de patatas, dos de naranjas, una cajita de nuez moscada en polvo, una revista ilustrada, diez duros a la portera por vaciar cotidianamente nuestro cubo de la basura, dos sesiones cinematográficas para dos personas, una botella de whisky tamaño petaca. Y no, no llegaba para pagar el plazo en la librería.

Yo maté a Kennedy pasó sin pena ni gloria, según el propio Montalbán, quien aseguraba que, en definitiva, el asesino es siempre el escritor.

El 18 de octubre de 2003 murió Manuel Vázquez Montalbán en Bangkok (Tailandia). Con su muerte, también nos quedamos sin Pepe Carvalho. Muchos recordamos esta fecha con total precisión, como si fuera un día señalado por un golpe de Estado o algo así.

Ese día estaba en casa bajo mínimos, atacada por un cólico nefrítico, aferrada a un libro de Carvalho para olvidarme del dolor: Los pájaros de Bangkok.

Hoy, cinco años después, algunos queman libros en su memoria. Yo prefiero brindar. Y hoy con Singapur Sling, una mezcla de ginebra, licor de cereza, zumo de limón y soda. La leyenda dice que este cóctel se creó en el hotel Raffles de Singapur a manos de un barman chino durante la Primera Guerra Mundial. También cuenta que Joseph Conrad y el también novelista William Somerset fueron hasta Singapur, sólo por tomar este cóctel. Pero todo esto da igual, lo importante es que Pepe Carvalho lo disfrutó, sobre todo, en Bangkok.

Quizás por eso, los primeros sorbos transmiten pura melancolía.

Singapur Sling

Ingredientes

6 partes de ginebra

2 partes de brandy de frambuesa

2 partes de zumo natural de limón

1 cucharada de granadina

Soda

Preparación

Mezclar en una coctelera con hielo todos los ingredientes, excepto la soda. Después de agitar bien, servir en una copa que se completa rellenando con soda.

 

 

 

Esta tarde a las siete en La Central de Barcelona (C/Mallorca, 237), el cocinero Joan Roca de El Celler de Can Roca presenta “El Chef ha muerto”.

Es como el chupinazo sanferminero: presentar una novela negra gastronómica en una ciudad de chefs y gourmets. Y en una ciudad de amantes de la literatura negra y de escritores que introdujeron este género en España, como Manuel Vázquez Montalbán, Andreu Martín, Francisco González Ledesma.

Y por respeto, esta mañana me he paseado pidiendo permiso al espíritu de Vallvidrera, donde vivía Carvalho.

Si hay un autor de novela negra gastronómica ese es Manuel Vázquez Montalbán (MVM). Lo leí tarde, al borde del cambio de siglo, cuando me empecé a aficionar vorazmente por la gastronomía. Comencé con “Los pájaros sobre Bangkok” y después devoré todo hasta “Milenio Carvalho”. Y su obra, más que inspirarme a comenzar a escribir (con eso ya contaba desde mi adolescencia gótica y Edgar Allan Poe), siempre me llevó a viajar. De hecho, sigo teniendo pendiente el Singapore Sling en el Hotel Raffles de Singapur.

Del primer libro (Rumbo a Kabul) recuerdo los sabores italianos con los que comienza: bucatini a la grigliagnocchi alla romana. Entre cucharada y cucharada aparece Carlo Petrini -cuando en España aún no lo conocíamos- hablando de la defensa de la vaca chianina. Todo un visionario, MVM. 

De Turquía se me quedó el sabor de los corazones de alcachofa o lakerda y el anisado del raki. De Rusia, la mafia del caviar me llevó a pensar en la comida ilegal. De la India me quedé con la fascinación por sus panes: chapati, nan y paratha.

En la segunda entrega “Milenio Carvalho. En las Antípodas” se queda en mi memoria la experiencia de Biscuter como cocinero en un crucero. Sus platos catalanes y su pericia para dar la vuelta a unas sobras.

El chimichurri y el asado, la feijoada y hasta el cus cus. Pero, sobre todo, el aroma del cilantro en los mercados de Tailandia.

Habrá que desayunar como un rey y tomar el primer avión hacia Bangkok.