Leopold Bloom es lo que come en Ulises de Joyce

Publicado: 15/12/2011 en Gastronomía y vino

Ulises, la novela escrita por el irlandés James Joyce Joyce y publicada en 1922, revolucionó el panorama literario del siglo XX y, en ella, todo lleva a la gastronomía.

Leopold Bloom es su protagonista. Un antihéroe, cuya historia es la de una Odisea contemporánea en Dublín en un solo día, porque:

“Toda vida consiste en muchos días. Día tras día”.

Para dar a conocer a su personaje principal, Joyce, habla de lo que come su protagonista:

El señor Leopold Bloom comía con deleite los órganos interiores de bestias y aves. Le gustaba la sopa espesa de menudillos, las mollejas, de sabor a nuez, el corazón relleno asado, las tajadas de hígado rebozadas con migas de corteza, las huevas de bacalao fritas. Sobre todo, le gustaban los riñones de cordero a la parrilla, que daban a su paladar un sutil sabor de orina levemente olorosa.

La mujer de Leopold Bloom, Molly, nacida en Gibraltar, pero de descendientes españoles, se identifica con lo que añora, unas pasas de Málaga.

Otra mujer, Gerty McDowell, anhela en vano y se pregunta:

¿Por qué uno no podría comer algo poético como violetas o rosas?

La novela discurre el 16 de junio de 1904 y el personaje de alguna manera se adelanta a la cocina española de vanguardia. Hoy podría pensar en el papel de flores de elBulli y otros tantos platos más de cocineros tecnoemocionales.

La realidad en Dublín les lleva a una y otra taberna, a tiendas y a platos, que podrían parecer exuberantes en la actualidad, como berberechos guisados y lechuga con mayonesa en conserva Lazenby. Y otros más conocidos  como “fish&chips”, que Bloom sentencia: “Nada bueno”.

Pintas de cerveza, té, vino canario y vino de borgoña. Y para acompañar, aceitunas italianas, bocadillo de queso, ensalada de pepino fresca con puro aceite de oliva y cebolla española. Sopa de guisantes, un doméstico huevo duro y un puré de patatas cubierto de salsa de hígado. Para soñar

“un pastel de pichones cebados, unas tajadas de venado, un lomo de ternera, una ceceta con tocino ahumado, una cabeza de jabalí con pistachos, un cuenco de cándidas natillas, un vaso de aguardiente de nísperos y una botella de vino añejo del Rhin”.

Según Bloom:

“Dios hizo la comida, y el diablo, los cocineros”.

Una novela  para zambullirse en sabores y dejarse llevar por su musicalidad hecha de una cascada de pensamientos, diálogos y reflexiones de un día, que aún se celebra comiendo (Bloomsday) y que bien podría ser de este siglo XXI.

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