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El fanzine gastronómico enCrudo pasa de mano en mano y acaba de llegar a la del cocinero Ferran Adrià.

El ejemplar 77 del número uno de enCrudo está ahora a la izquierda de su naranja de la creatividad, esa que usa para expresar su idea sobre  creación y cocina.

Lo primero que dijo al ver el fanzine fue: «Me encantan las locuras«.

Lo demás fue un ir y venir de palabras. Pensamientos que se dicen en alto. Entre las frases más comprensibles: «Para que digan que en estas épocas no se puede hacer nada, ¿verdad o no? ¡eh!». Y al pasar las páginas: «¡mira, mira, eh!».

Cuando levantó al vista, preguntó: «¿Esto es tendencia?».

Responde tú:

El número uno del único fanzine gastronómico en blanco y negro y en papel, enCrudo, ya está en las calles. De mano en mano. Después del plantel del número cero, el uno sigue rompiendo en contenidos y en diseño.

 

En este nuevo ejemplar, que sale numerado en serie limitada, estos son los temas y sus autores:

  •  La periodista Nuria Blanco con la «La cocina y el amor» (comer y amar son necesidades que pueden convertirse en Arte, ¡láncese a la comida!)
  •  La cantante Yanira propone  doble ración de alquimia: escuchar música y cocinar.
  •  El chef Rubén Cordero Paz nos «dibuja» la alta cocina.
  • La periodista Alessia Cisternino se plantea si la cesta de la compra puede definirnos… y ¿atraernos?
  •  El escritor Pedro Escudero Zumel nos presenta los gustos culinarios de su niño zombi…
  •  Los fotógrafos Baldomero Fernández y Álvaro Fernández Prieto nos introducen por debajo de la piel con poemas sub-cutáneos.
  • El periodista gallego Serxio Gonzalez saborea y muerde el pasado preguntándose: ” ¿que carallo a pasado aqui?”
  •  El Pingue, Roberto González Paredes, saca las Cachas y el carnicero dispara, claro.
  •  El cocinero Sacha Hormaechea sabe que siempre hay un móvil, en la novela negra y …en todas las mesas.
  • El periodista Mikel Lopez Iturriaga, también conocido como El Comidista, se da vuelta y vuelta entre pregunta y respuesta en una entrevista de Yanet Acosta.
  • La escritora Almudena Montero alucina con la que se le ha montado en la cocina: ¡huevolucion!
  •  El profesor Alfonso Puyal nos ofrece un exquisito menú del día.
  •  La viajera Bárbara Sebastian por Japón se sorprende a sí misma.
  • El artista Javi Delgado deja su corazón.
  • La periodista Alexandra Sumasi y la ilustradora Mar Sumasi regresan a la abuela.
  • El abogado y navegante Antonio Tena cuenta su experiencia de cocina a bordo.

Jacobo Gavira echa el resto ilustrando este número y nos regala una imagen «Experience» y Yanet Acosta pesca a El Comidista y a Pepe Solla y los vuelve tarumba.

Mugaritz se quemó y renació. Yo lo había dejado pasar, porque me parecía que uno tenía que estar curtido para poder llegar a la esencia de Andoni Luis Aduriz. Me parecía que era como entender la abstracción en pintura. Sólo lo consigues hasta que has visto mucho realismo, impresionismo, expresionismo, cubismo y otros “ismos” y tu mirada recupera la frescura del niño.

Andoni lo deja claro nada más entrar a su cocina: “Esto no es el Mediterráneo” –dice serio el vasco. “El País Vasco es plomizo y austero”, amenaza. Yo hago lo propio y me defiendo entregando mi arma de destrucción: El Chef ha muerto.


En la mesa empieza el discurso del Chef a través de su equipo. Tranquilo, cariñoso, afable, informal y muy atento y respetuoso. Casi imperceptible.

Nada de cubiertos para los primeros platos: Cerveza de legumbres tostadas, tapa de olivas y alubias con tomillo. Piedras comestibles. Levedad crocante de orégano y yemas. Cristal de almidón y azúcar manchado con praliné y corales de crustáceo. Focaccia de almidón de purearía a la parrilla. Huevas de besugo sobre una hoja de capuchina.

Mi compañero de mesa y yo nos miramos y a disfrutar como críos. Y caímos rendidos, sin pensar en nada más, que en el “hmm”.

Después, una sopa hecha a mortero por uno mismo y después una supuesta mozzarella y después unos noodles de cerdo y luego un pan de corazón cremoso y fundente con unas verduras.

Y en este punto, sólo aquí, empezamos a entender el mensaje: el cocinero nos está llevando al viaje de la evolución humana.

El menú comienza divertido con platos que se comen con las manos, pero que también recuerdan a la época en la que los homínidos éramos recolectores: legumbres, olivas, alubias y piedras que son tubérculos.

Después, nos recuerda nuestra etapa carroñera con una focaccia que cruje en la boca dando ese placer que dicen los antropólogos que nos retrotrae a la época en la que roíamos huesos (de hecho la focaccia tiene pinta de hueso craneal de cualquier animal prehistórico).

Con las huevas de besugo servidas sobre una hoja de capuchino, insiste en el sentimiento de alimaña del ser humano. Y los camareros muestran su paciencia. La hoja no se tiene que comer, pero la curiosidad mató al gato y no pude evitar mordisquearla y con ello, un punto de sabor amargo me nubló el sutil sabor estallante de las huevas. A cambio, una sonrisa de Joserra Calvo (nada de reprimendas por haber roto el plato).

Y por fin llegan los instrumentos a la mesa: un mortero con unas semillas de sésamo para que el propio cliente las machaque antes de servir el caldo caliente de una sopa. La revolución Neolítica.

Pero, a veces, aunque el Neolítico quedara atrás hace mucho, y quizás por ello, una, aunque sea crítica gastronómica, no puede evitar la torpeza. Las mesas me miraban. El de enfrente me hizo aquellos de “psshh”. Miré y me hizo un gesto con la mano. Y hasta que no me lo dijo, no caí. Estaba dándole con la masa del mortero al revés. Risas generalizadas compartidas. Es la primera vez que en un restaurante de alta cocina interacciono con otros clientes. Buena señal, muy buena. Esto es otra cosa.

Al final desistí y le pedí al homínido de mi lado que machacara él por mí, que ya estaba llegando el caldo claro de pescados de roca.

Y esta sopa no sólo nos llevó al Neolítico, sino a dos puntos del planeta distantes, pero no tanto: Japón y México. El caldo parecía de perfecta factura japonesa, pero el sabor, para mí, era mexicano.

Sigue la revolución neolítica con el pan (que engarza con el mortero, el primer instrumento con el que se practicó la molienda). Las primeras pruebas arqueológicas que constatan la aparición del pan nos llevan a Egipto en el 4.000 a.C. Pero también a Asia. Y la miga cremosa de kuzu del pan de Mugaritz, tocado por un ragout de alcachofas y tuétano, recuerdan a China en el paladar, aunque sólo sea de soslayo y en sus dim sum.

Y a partir de este momento, la cosa se complica. Entramos con el Medievo y el potaje meloso de pan cubierto de carne de buey de mar aromatizado con las hojas de geranio rosa. Sigue el pescado de lonja, mantequilla de cabra sahumada y tallos de acelga: ganadería, agricultura, pesca y mercado. Después textura de cabracho. Un plato serio que te devuelve al principio del menú, a la roca. Un producto del mar que lleva a la tierra. Un plato que sella los labios.

Un cuchillo potente anuncia la llegada de la carne y con ella un cambio de vino. De un champán a otro. De un refrescante y vívido Larmandier-Bernier Terre de Vertus Premier Cru a un La Closerie Les Beguines Extra Brut sereno y contundente, que tomado en copa de ancha de vino, siguiendo el consejo de Nicolas Boise, ofrece lo mejor de sí mismo, sin reservas. Y esto nos lleva de un salto al siglo XVIII, a la Ilustración y a la Corte del Rey Sol.

Pero cuidado, el fino plato de láminas de entrécula, emulsión de carne asada y cristales de sal tiene truco. Lo presientes, pero el chef vuelve a despistar con humor. El plato recuerda a una peluca justamente de esa época y algo enmascara. Es lengua. Deliciosa, pero lengua.

Le sigue un osobuco en apariencia. Insípido, gelatinoso, que me deja fuera de lugar. No me gusta y no lo entiendo hasta que recuerdo las palabras del Chef: plomizo y austero. Excelente juego. La contundencia de la carne es sólo una idea del desarrollismo del siglo XIX. Estamos en el XXI y Andoni ridiculiza nuestro concepto de “txuletón grande”: Sólo utiliza piezas innobles que convierte en femeninas y delicadas. El osobuco eran callos. Sacrifica el sabor por el mensaje. Otro plato para sellar los labios.

El último bocado antes del postre reconfirma sospechas: rabito de cerdo ibérico, hojas crocantes y aceite de semillas tostadas. Lámina crujiente, sofisticada, femenina.

El sabor dulce es un paisaje vasco: nueces rotas, tostadas y saladas, crema helada de leche de cabra y gelatina de Armagnac. Para acabar un beso de despedida canalla: Cucurucho de flores y clavos.

Hay que digerir el mensaje y el gin tonic en la terraza no se hace esperar. Y en lugar de hablar, sólo atiné a conjugar el verbo “hmm”. No sólo por sabor, sino por reflexión, ante el único cocinero con una actitud artística en la cocina. Guste o no guste, lo importante es el mensaje.

Y allí lo dejamos, leyendo en plan canalla en la cocina. Y es que El Chef ha muerto.

(Artículo publicado en el número cero del fanzine enCrudo)

Mikel López Iturriaga, también conocido como El Comidista, llegó -después de su experiencia como crítico musical y como aprendiz de cocina en la escuela Hoffman de Barcelona- a un blog gastronómico en el diario El País. Comenzó en julio de 201o. Su primer post fue sobre higos y brevas y tuvo 4 comentarios. Además cosechó 29 «Me gusta» en Facebook y un sólo envío a través de Twitter. Ayer, 19 de octubre de 2011, el día en el que lo entrevisté para el próximo número de enCrudo, su post «Cosas que nunca debes hacer en un restaurante» registró 328 comentarios, 4.791 «me gusta» de Facebook, 720 tweets. Esto da una idea del fenómeno que ha creado en torno a su blog y el revuelo que ha montado con el libro que acaba de presentar «Las recetas de El Comidista».


Quedo con Mikel en el Hotel de Las Letras en Madrid. Media hora después de lo previsto llego a la conclusión de que me ha dado plantón. De vuelta a mi guarida (situada estratégicamente a unos metros del lugar concertado), me llama. «Oye, que me olvidé, que voy como loco». Regreso, reímos y hablamos. «Oye, oye, que no voy de estrella».

Y en eso creo que está su éxito. Humildad, simpatía y un enfoque distinto del periodismo gastronómico. Un tipo que se lo toma con humor, que olvida las esquizofrenias y participa poco de la pompa de eventos. Un tipo llano que habla con normalidad de la cocina, de la música, de los antojos y de otras cosas más que son vida diaria. En definitiva, gastronomía canalla, que él mismo define a la perfección:

 Es un tipo de gastronomía que se sale de lo convencional, que tiene en cuenta la alta cocina como la más popular. Y cuando digo popular no es tradicional, sino la comida del día a día. Aprecia lo que denosta la cocina clásica y los gourmets. En ella caben los bollos y las hamburguesas, sin perder de vista la alta gastronomía.

Y vuelve el espíritu de la novela El Chef ha muerto. La entrevista fluye entre canalladas, que es como tiene que ser para un fanzine como enCrudo. Pero para leerla habrá que esperar a que salga el próximo número y que vaya de mano en mano. Ya está en marcha la cuenta atrás. (Con el número 2 en la calle, ya puedes leer la entrevista aquí)

Todo empezó con un desayuno canalla. Se nos ocurrió hacer un fanzine gastronómico, en estos tiempos de revistas digitales. Recuperar el espíritu de resistencia de los Ochenta en clave gastronómica. En un mundo de colores y primeros planos, nosotros apostamos por blanco y negro y mirada general para no perder el sentido del detalle.

Hemos sido honestos y respetamos los resultados de la encuesta a la que han respondido miles de internautas.

Aquí está:

Sí, se llamará EnCrudo (que también es un grupo de música, al que hemos pedido permiso para usar su nombre para este proyecto, que financiaremos a tocateja el pintor y la escritora).

Los fanzineros que se han subido al escenario de esta primera fiesta son:

Arturo Pardos, El Pingue (Roberto González Paredes), Fernando Huidobro, Gonzalo Valle-Inclan, Iñaki Berazaluce & Adrián Dominguez,  Javier Reverte, Luis Varona, Pintxo (El monstruo de las galletas), Peruanovolador ,  Quique Ferrari, David Farran de Mora, Curro Lucas, Alex Pereira (Coachinero), Julio Montero, Sara Cucala y quien se quiera seguir apuntando (el único requisito para participar es que no haya sido publicado en Internet el texto que quieras enviar a yacosta33@gmail.com).

Los participantes son poetas, escritores, bloggers, periodistas, pintores, cocineros, músicos y aficionados a la gastronomía con algo en común: el punto canalla.

Jacobo Gavira lo resume así en palabras:

 «Encrudo es un Fanzine en papel, pero puede ser una fiesta o un encuentro. La gente se está apuntando, pero no sabemos cuando saldrá, cuando será.  ENCRUDO no se cuece, está hecho por que no se hace, por que anda por la calle libremente solo hay que esperar o encontrarse con el fortuitamente, pero que es entonces? es  continuo movimiento, a veces se para y podemos charlar un rato, ver, leer, pero pronto se escapa y ya está en otro lugar, se imprime o se comprime, se expande o explota».

De forma gráfica es más explícito:

Traduzco: Visión caleidoscópica de la arquitectura Negra, Urbana y Canalla de la gastronomía.

EnCrudo ya empieza a oler a tinta y papel fotocopiado.