Archivos de la categoría ‘Recetas literarias’

El tomate es el ingrediente más criminal. Y en 2011 el plato más negro fue: Tomates en salsa con hierbas aromáticas y fondo de alcaparras de Josean Martínez Alija del restaurante Nerua.

Nueve tomates distintos. Formas, colores, tamaños. Y nueve sabores distintos. Unos más florales, otros dulces, otros ácidos. Cada uno es irrepetible. Y estás obligado a tomarlo de un bocado si no quieres desencadenar el final de una peli sangrienta con una riada de manchas entre el mantel, la copa y hasta los clientes de otra mesa.

Su elaboración es tan compleja como la de una buena novela policial. Se estructura, más o menos, así: Primero se calcifican los tomates de nueve variedades (cherry redondo amarillo, bombilla amarillo, redondo rojo, rendondo rama, melón rojo, bombilla, atigrado y rojo corazón). Después se rellenan con su salsa aderezada para cada uno de ellos con una hierba aromática (menta, orégano, citronelle, cebollino, romero, perifollo, estragón, frambuesa y tomillo). Luego se lacan todos, menos uno, que se tuesta. Y para acabar se sirven sobre una sopa de tomate y alcaparras. Aquí está la receta por si alguien se atreve.

A la vista es un sencillo plato con nueve tomates. Distintos e inquietantes. Y cuando disfrutas de cada uno de ellos, es una experiencia única. El otro, ya sabe a otra cosa. No hay vuelta atrás, una vez ingerido, el otro es otra historia.

Toda una reflexión vital en un solo plato. Y la salsa está en el interior de cada uno de ellos. Ya nada puede quedarse en una mera salsa de tomate, ni siquiera una novela negra. No cabe duda, El Chef ha muerto.

Un muerto hay que quitárselo de encima cuanto antes. Así que, cuanto menos tiempo se necesite para preparar algo en la cocina, mejor. Y, aunque parezca mentira, un brownie de chocolate se hace en media hora. No hay duda, El Chef ha muerto.

Ingredientes

100 g de mantequilla

80 g de cobertura de chocolate negro

80 g de azúcar

60 g de harina (así, tal cual, o aromatizada con varias semillas de cardamomo si quieres darle un aire distinto)

40 g de anacardos (que son más baratos que las nueces)

2 huevos

Una pizca de sal para potenciar el sabor

 Prepación

  1. Precalienta el horno a 180 grados.
  2. Bate los dos huevos con el azúcar y la pizca de sal.
  3. Pon el chocolate en una taza en el microondas 20 segundos. Remuévelo y vuelve a calentarlo otros 20 segundos. Después, añade toda la mantequilla. Vuelve a calentar otros 20 segundos. Remueve y da los 20 segundos de gracia.
  4. Añade el chocolate y la mantequilla derretidos a los huevos y el azúcar batidos. Súmale la harina (aromatizada con cardamomo si quieres el punto canalla) y los anacardos en trozos.
  5. Remueve todo y mételo en un recipiente al horno 15 minutos.
  6. Se puede comer templado, si es una cuestión de urgencia.
  7. Es para cuatro personas contenidas y para dos generosas. Si vives solo es tan peligroso que se puede ingerir de una sentada, sin reparar en las 1.570 calorías que te deja en el cuerpo (en un día se deben ingerir entre 2.000 y 2.500 calorías).

Ahh, esto fue lo que quedó…

(Con este post me sumo al #diadelbrownie de El Monstruo de las Galletas. Tarde, pero con una receta de peligrosidad probada).

Los canallas no estamos hechos para la nostalgia. Te acuerdas de tu abuela, del flan que te hacía cuando eras pequeño (el de verdad, no el de los polvos) y vas y quieres volver a hacerlo. Y como era el que hacía la abuela, pues te vas a la estantería a por un recetario viejuno y manos a la obra.

Cuando ya está la leche calentándose al fuego con la vainilla, vas y lees la parte superior de la receta en la que pone: “8 personas”. ¡Dios pero si vivo sólo con una gata que nunca quiere comer lo mismo que yo! Intentas corregir. Quitas la mitad de la leche (así, a ojo).

De pronto te llama Rafa por teléfono para quedar y, claro, tú sigues a la faena. Pones el azúcar a calentar mientras se lo vas transmitiendo con el móvil pinzado entre hombro y oreja a tu colega, quien, casualmente ha trabajado en alguna cocina. A los segundos, cuando intenta convencerte de que lo mejor es quedar en otro bar, te advierte: ”Y cuidado que no se te empanice”. “Empa…qué?”

Miro al recipiente y ya sé de lo que habla. Unas bolitas de azúcar han usurpado el lugar que debería ocupar un caramelo líquido. Cuelgas a tu colega medio cabreada diciendo aquello de: “Ya hablamos que estoy muy ocupada” y te propones hacerle la guerra al empanizado.

Intentas lavar la cacerola con el azúcar apelmazada en el fondo y se produce el terror en el fregadero. ¿Pero cómo se quita esto?

Respiras y recuerdas las últimas palabras que has leído de Freud. En otra cacerola lo vuelves a intentar y se medio vuelve a empanizar, pero al final, piensas que no se notará.

Revisas la receta y, claro, si has quitado la mitad de leche, pues habrá que quitar la mitad de huevos, pero, como está hecho a ojo, pues le pones un huevo más que, total, no se va a notar.

Y ya por fin, al horno. Media horita dice el libro. Y lo dejas. A los 25 minutos te acuerdas y reaccionas: “Si tiene la mitad de ingredientes, a lo mejor, necesita la mitad de tiempo”. Apagas con urgencia el horno y, ahora, a enfriar durante dos horas (¿o será una hora y media porque tiene la mitad de ingredientes?).

Cuando lo sacas de la nevera sólo tienes dos opciones: o soñar que vuelves a la infancia o leerte enCrudo.

Definitivamente, El Chef ha muerto.

(Por cierto, me ahorro la foto…)

Hay muchas recetas negras. El bonito con tomate, lo podría ser, pero, mucho más la versión ennegrecida del restaurante Gumbo de Madrid (uno de los muchos que aparecen en la novela El Chef ha muerto).

Este plato se hace muy rápido y es ideal para festejar Halloween, el Día de Acción de Gracias o el futuro que nos espera…

La receta, que me ha regalado Matthew Scott, sólo tiene un misterio:  el caparazón crujiente y negro que envuelve una rodaja jugosa de bonito. Y se hace mezclando en un contundente mortero 3 cucharadas de pimentón, 1 cucharadita de pimienta negra, media cayena, 1 ramita de tomillo y un toque de orégano, además de un ajo.

Con esta mezcla de especias se reboza la rodaja de bonito desespinada y sin piel, para después sumergirla en aceite bien caliente por espacio de unos segundos. Unos cristales de sal por encima y listo. Se aconseja servir acompañado de tomate y sobre lecho de lechuga para no verlo todo tan negro.

El Chef ha muerto ha inspirado recetas y canalladas gastronómicas, como el fanzine enCrudo. Ahora, también, cómic (o por lo menos un primer dibujo).

Aquí está la viñeta de Felipe Lorenzo del Colectivo de Ilustradores Canarios:

«Todo el mundo quieto o mato al pulpo» y eso para meterlo en una lata!

¡Gracias Felipe!

Ahora ha sido el periodista gastronómico Curro Lucas quien, tras leer El Chef ha muerto, ha alimentado su imaginación para perpetrar unas Entrañas de chef en salsa de humor negro o, lo que es lo mismo, unos espaguetis rojos de ajo y guindilla con tapenade de aceituna negra.

Y el plato, colgada en su blog canalla de música y cocina Recetas en tres acordes, tiene, mucho, mucho humor.

Aquí está su inspiración culinaria Negra, Urbana y Canalla:

No, amable lector, no se marche. No hay nada de canibalismo en este plato. No se me ocurriría tal cosa. Es un sencillo plato de pasta con un tapenade de aceitunas negras, que se llama así en homenaje a una novela negra. Me explico:

Hace un mes, mi amiga Yanet Acosta publicaba su primera novela, ‘El Chef ha muerto’, y lanzaba, a su gente, el reto de elaborar recetas inspiradas en sus páginas. Devorados todos los capítulos de esa obra negra, urbana y canalla, se me ocurrió este plato digno de Ven Cabreira, el protagonista, si no se alimentara solo de fabada en lata.

En cuanto a lo musical, no me imagino a los personajes de la novela escuchando afilados riff de guitarra, ni complejos discos de jazz u otras rarezas. Por mi parte, las muertes misteriosas siempre me han evocado el sonido del violín. Ara Malikian es uno de mis violinistas favoritos, especialmente por esa actitud de puro rocanrol que tiene sobre el escenario y ante la vida,  pese a que a un virtuoso se le presupone más formalidad.

De su extensa discografía me quedo con ‘Lejos’ porque creo que armoniza con la novela, que lleva a sus personajes a varios países lejanos en busca de pistas sobre la misteriosa muerte del chef más importante del mundo.

Aquí dejo las pistas para resolver el plato:

Las entrañas del chef

  • Espaguetis (rojos) de ajo y guindilla. Yo he usado los spaghetti all’ aglio e peperoncino de la marca Dalla Costa.

La salsa de humor negro (tapenade de aceitunas negras)

  •  150 gramos de aceitunas negras sin hueso. Mis favoritas para esta salsa son de la variedad ‘Cacereña’.
  • Un diente de ajo
  • Dos cucharadas de alcaparras
  • Una cucharada de mostaza
  • 4 o 5 anchoas
  • El zumo de medio limón
  • Un poco de tomillo y romero
  • Sal y pimienta negra recién molida
  • Aceite de oliva virgen extra a placer, hasta conseguir la textura deseada

Introducir en un robot de cocina aceitunas, jugo de limón, ajo, alcaparras, mostaza, anchoas (troceadas), tomillo y romero. Procesar a velocidad baja o media. Incorporar poco a poco el aceite de oliva mientras se va haciendo el paté. Detener cuando consiga la textura deseada.

Para preparar la pasta, calentar abundante agua con sal y cuando empiece a hervir, cocer la pasta hasta que esté al dente. Con la que yo he utilizado, unos 10 minutos.

Servir la pasta en un plato mezclando con un poco de tapenade y a disfrutar pensando que son las tripas y vísceras de un chef mediático insoportable.

El tapenade que sobre puedes disfrutarlo con pan tostado, ensaladas de tomate, con cebolla y melva, aguacate, mozzarella, o con lo que dicte tu imaginación.

En cuanto a ‘Lejos’, el disco de Ara Malikian que he estado degustando mientras preparaba esta gastro-canallada, es una maravilla instrumental completa.

Si debo elegir una canción, me quedo con Carne Cruda, por tener un título con connotaciones gastronómicas y a cadáver animal. También disfruto mucho con los tangos Viejos Aires y Tango en silencio, donde Malikian logra sacar de su violín la melancolía de los bandoneones argentinos.

Y los tres primeros temas son fabulosos: Creo, Mil Tristezas y Brasil Sacrificado.

Salud y rocanrol

Gracias, Curro, el plato está para: ¡comerse los dedos!

 

Cuando voy a Estados Unidos me engancho con los programas gastronómicos. Uno de los que más me gusta es el de Andrew Zimmern, «Bizarre Foods», de Travel Channel. De vez en cuando me da el punto y entro en su página en Internet a ver por dónde se ha paseado y el otro día me encuentro una receta: Gazpacho.

Toda mi admiración se quedó congelada cuando comencé a leer la lista de ingredientes: zumo de tomate, orégano seco, albahaca fresca, aceite de oliva virgen, ajo fresco, salsa picante Crystal, zumo de limón, vinagre, salsa Worchestershire, tomates fresco, pepinos, pimiento verde y cebolla roja.

Y aunque cada familia tenga su propia receta para la humilde y sencilla sopa fría española y aunque existan muchas variedades dependiendo de los ingredientes (ya iremos por los mil entre las aportaciones de Alberto Herraiz y la Duquesa de Alba escritas por Eva Celada), esto nada tiene que ver con un gazpacho.

Total, que lo puse en mi muro Facebook y Carmen Fuente de Caracol Picante me tomó el testigo: «Hay que decir que al pan, pan y al vino, vino» y puso un comentario. Después me animé yo a poner una receta. Y entonces intervino el historiador y profesor en la NYU,  además de aficionado a la gastronomía, James Fernandez: «Take Back the Soup«; ¡sois ciberactivistas defendiendo el patrimonio cultural español de los insidiosos ataques de la globalización!».

Entonces me puse a mirar las recetas de gazpacho publicadas en otros medios estadounidenses. En The New York Times, la afición por hacer el gazpacho picante se mantiene, así como la de poner ingredientes chocantes: tomates, pepinos, cebolla roja, pimiento verde, pimiento rojo, jalapeños, comino, sal, pimienta de cayena, vinagre y 8 hojas de gelatina.

Seguí con la búsqueda y me encontré que el uso de la  salsa Worchestershire para el gazpacho también se prodiga en el Reino Unido. En el portal allrecipes.co.uk además de la salsa en cuestión, el gazpacho clásico lleva zanahoria, cilantro, zumo de tomate, zumo de limón, vinagre, ajo y aceite de oliva.

En Kansas City la idea es poner azúcar al gazpacho y eso que está hermanada con Sevilla.

Definitivamente, hay que tomar partido y pasar a la acción. Es el momento de explicarnos, porque está claro que cuando hablamos de gazpacho con un estadounidense o con un inglés no siempre estamos hablando de los mismo (algo parecido ocurre con las tapas).

Es el momento del ciberactivismo gastronómico.

Anonymous Gastronomicus.

¿Un nuevo caso de Ven Cabreira después de «El Chef ha muerto»?

Y por si acaso, aquí está la versión seria de la receta del gazpacho en Wikipedia en inglés y en español.

Te dejas llevar por el ritmo de la actividad y se te olvida lo fundamental: comprar en el mercado para afrontar un día de fiesta en Madrid. Y, encima, como es festivo va y te sorprende uno de tus amigos diciéndote que te lleva una botella de vino para el almuerzo, osea, que se invita a comer a tu casa.

Segundos de pánico  preceden a una solución certera: el chino de urgencia de la esquina de la calle, es decir, pequeño ultramarinos regentado por un chino, paquistaní, indio o srilankés que desconoce los horarios comerciales y las fiestas de guardar (hay que ganarse la vida, y, encima, hace un servicio a la humanidad).  Mirada rápida. Frutas y verduras ruegan desesperadas: «Llévame que me marchito». Tú injustamente te haces con las más frescas y tiesas: unas acelgas y unos espárragos.

Llegas a casa. El amigo auto-invitado al límite de tocar el timbre. Una nuez de mantequilla se deshace en el fondo del caldero ajena a la prisa que tienes. Cortas media cebolla y la picas en cuadraditos. La dejas que se poche lentamente, total, aún queda… ¡un cuarto de hora!.  Añades una taza de arroz y remueves con la cuchara de madera. El agua hierve a la vez en el calentador para el té. Agregas al arroz las hojas de las acelgas lavadas y cortadas (no hay tiempo para cocerlas a parte, ni tampoco es necesario). Sigues removiendo, mientras se marchitan, ahora frente a tus ojos en el fondo del caldero. Una vez conseguido, añades un chorro de agua recién hervida, remueves y esperas a que se consuma. Vuelves a añadir otro chorro de agua y así. Suena el timbre. Llega el amigo.

Besos, palabras y ¡el arroz! Sigues removiendo y echando otro poco de agua. El amigo abre el vino. Sigue hablando. Pierdes la concentración y se te desatan los nervios: ¿hasta cuándo tienes que estar echando agua? Recuerdas. Hasta cuando el arroz esté en su punto. Sólo consiste en probarlo cuando lo veas un poco más regordete.

Rallas un poco de queso parmesano y justo antes de apagar el fuego y de que se lo coma el amigo,  lo añades al arroz. Tras unos segundos con los últimos movimientos de cuchara lo apartas del fuego. Ahora toca asar en la sartén con un chorrito de aceite de oliva las puntas de espárragos verdes.

Pones la mesa, bebes un trago de vino. Todo bajo control. Plato único, pero aparente: un risotto canalla con lo que se puede pillar en el chino de urgencia en un día de fiesta.


Para el investigador Ven Cabreira, comer es una lata y Rafa Prades [leoman] lo borda con una receta inspirada en el capítulo 8 de «El Chef ha muerto»: «Lata al baño maría».
 
Aquí está como lo explica en «Con los cinco sentidos»:

 

Ingredientes, que según Rafa Prades, no deberían faltar:

  1. Fabes, por la afición del personaje Ven Cabreira de alimentarse únicamente a base de fabada en lata.
  2. Pulpo, el famoso octópodo canalla, más famoso que el pulpo Paul, que mató al chef ¿o el canalla era el chef?
  3. Tinta, negra como la misma novela.
  4. Por último, para una tapa urbana, la presentación debía ser en una lata, recordando las de fabada que calienta Ven Cabreiraal baño maría.

Ingredientes

  • 400 g de fabes
  • 1 pulpo cocido de 500 g
  • 4 bolsas de tinta de calamar
  • Fumé de pescado
  • Pulpa de pimiento choricero
  • 4 dientes de ajo
  • 1 hoja de laurel
  • Sal
  • Aceite de oliva virgen extra (AOVE)

Elaboración

  1. Poner la noche anterior las fabes a remojo en agua fría.
  2. Cocer las fabes, aproximadamente tres horas, en el fumet de pescado, los ajos con un golpe y el laurel. Añadir poco a poco fumet de pescado frío, según se vaya necesitando.
  3. Durante este tiempo menear la cazuela de vez en cuando. No menear con cuchara, así evitaremos que se rompan las fabes.
  4. Quince minutos antes de que se terminen de guisar, retiraremos los ajos y el laurel, añadiremos una cucharada de pulpa de pimiento choricero, la tinta de calamar diluida en un poco de fumé y un chorro de AOVE.
  5. Añadimos por último las patas del pulpo cocido troceadas y rectificamos de sal.
  6. La cantidad final de caldo depende de cada uno, a mi particularmente me gustan con poco caldo y que queden espesitas.

Nota: Este guiso, como muchos otros, está mejor de un día para otro.

 

 

Aquí está la versión de Juan Pozuelo de los perritos calientes que hacía Ven Cabreira cuando le tocó ser «nuestro hombre en la CIA». ¡Gracias Chef, has sido el primero por apostar por El Chef ha muerto con una receta negra, urbana y canalla!

Ven Cabreira trituraba carne de pollo y de pavo mezclada a la que añadía ingredientes de una receta antigua de verduras pochadas lentamente. Sazonada la mezcla, la embutía en tripa natural y la cortaba en tiras de apenas 15 centímetros de longitud.

 Mientras el pan se tostaba bajo los infrarrojos de la lámpara, Ven cocinaba en su pequeño horno las salchichas, doradas, casi crujientes por fuera, y llenas de jugosidad por dentro, las colocaba en el pan caliente y las cubría con cebolla cortada en finas tiras, trozos de bacon cortados muy pequeños y tostados y su kétchup casero con mostaza.

 Los envolvía en un papel de estraza, marrón claro, que mantenía el calor del perrito sobre todo en los fríos días del invierno.

 

Si El Chef ha muerto te inspira una receta envíala a yacosta33@gmail.com (o un link a tu blog)