-Un café con un chorrito de anís del Mono -pide el policía Santos Trinidad.

-Lo siento pero no tenemos de eso -contesta la camarera, que luce el emblema del grupo Vips en su delantal.

Esta escena, simbólica y gastronómica, pertenece a la película «No habrá paz para los malvados» dirigida por Enrique Urbizu.

A finales del siglo XIX apareció en España el anís del Mono. Esta bebida fue un hito del márketing gastronómico del momento, gracias a su botella, inspirada en la de un perfume francés, al cartel luminoso que la anunciaba en la Puerta del Sol y a una etiqueta que, en la actualidad, podría ser incluso más provocativa que entonces: un primate que nos recuerda de dónde venimos y adónde vamos.

En «No habrá paz para los malvados», la venganza se sirve en una copa de anís, dulce como la propia muerte, pero translúcida y viscosa como la vida.

No hay nada que más rompa una familia que la comida. Aguantar el sancta-santorum del cordero navideño, el tradicional dulce empalagoso de la tía y el indispensable turrón, no es sólo tradición. También es ideología.

Está claro que cada religión tiene la suya. Los budistas rechazan la carne porque consideran que violenta el karma y su primer mandamiento o yama es la Ahimsa, es decir, la no violencia.

Los musulmanes demonizan al cerdo, mientras que los cristianos lo alaban. Los judíos quizás sean los más complejos en lo que a normas de alimentación se refiere: no ingieren carne que proceda de animales ungulados ni especies marinas que no cuenten con branquias y escamas. Además, dependiendo de cada festividad se prohíben una serie de alimentos. La más conocida es la Pessah, que para recordar la huida por el desierto del pueblo judío, se rechaza la ingesta de productos que contengan levadura o necesiten de la fermentación (desde la cerveza hasta el pan y una lista que cada año dicta la autoridad competente).

Se puede pensar que es simbología, pero no exclusivamente. También es propaganda.

Durante el franquismo, en España ciertos platos se dejaron de nombrar por su apelativo como la “ensaladilla rusa” que pasó a llamarse “ensaladilla nacional”.

También las dictaduras influyen en cómo se come. Retomando el franquismo, se puede observar cómo en los años de posguerra, cuando los alimentos se distribuían entre la población a través de la cartilla de racionamiento, se obligó a las tabernas a tener un “plato único”.

El objetivo era evitar a la vista la abundancia gastronómica en una España hambrienta, pese a que los cuadros del partido se paseaban por el Horcher y el Jockey, los restaurantes de referencia en la capital.

“Horcher” se inauguró en 1943 y “Jockey” en 1945. Clodoaldo Cortés fue el encargado de inaugurar este último, tras haber pasado 22 años en el Hotel Ritz de Madrid y de aprender en restaurantes como Maxim’s de París y el Mayfair de Londres.

No había turista que no visitara uno de estos dos restaurantes, frente a la España que soñaba con el pollo de Carpanta.

También fue estratégico el “Menú turístico”. El visitante tenía que llevarse una idea de España y esa era la comida, la que va directamente a la emoción y quizás por eso se recuerde más, para bien o para mal.

Ha pasado el tiempo, pero no para la ideología en la comida. Con la cocina de vanguardia, se produce un rechazo ideológico, por parte de quienes siguen con la idea de que hay que comer como Dios manda.

(Publicado en el número cero de enCrudo)

El número cero del primer fanzine gastronómico salió el 14 de junio de 2011, como un proyecto de Jacobo Gavira y Yanet Acosta, tras un desayuno canalla.

Acaba de salir el número 2 del fanzine y el espíritu es el mismo: un fanzine gratuito, hecho con aportaciones creativas de cocineros, escritores, periodistas, blogueros, tuiteros, pintores, fotógrafos con las que mostramos el lado más canalla de la gastronomía. En blanco y negro, en papel y de mano en mano.

Para aquellos que aún no han podido ver ningún ejemplar, hemos decidido digitalizar el cero, que seguro seguirá andando por el mundo.

Aquí está el enlace a la publicación completa de enCrudo número cero.

En este número cero del fanzine participan:

– El poeta Peru Saizprez con un poema emblemática para enCrudo y el cocinero Arturo Pardos con la filosofía de la irreverencia gastronómica.

-Los periodistas Iñaki Berazaluce & A. Domínguez hacen el ránking de las mejores palmeras de chocolate de Madrid y el chef Rogelio Barahona lanza un cuento sobre «Ejércitos de hoy en día».

– Yanet Acosta hace crítica «Conjugando el verbo hmm» y deja claro que «Aquí se come como dios manda» (la gastronomía también puede ser propaganda).

– El escritor argentino Kike Ferrari desentraña el misterio de hacer un mate y el periodista David Farrán de Mora explica sus arte de los comistrajos.

– El periodista Curro Lucas regala subversivas recetas caníbales y el bloguero Pintxo explica cómo conseguir que una galleta sea contagiosa.

– El coacher y cocinero Alex Pereira se luce con el comic «Sopa da pedra» y el crítico gastronómico  Xavier Agulló con el cuento «Geometrías».

Gonzalo del Valle-Inclán pone su diccionario gastronómico y  Raquel Pardo Zamora (Raqueliquida) explica cómo hablar de vino.

Jacobo Gavira deja su obra pequeña mesa de cocina y Luis Varona revela el restaurante más canalla de España: El Loro (abierto sólo al amanecer).

-La periodista Sara Cucala cuenta «Hígado» y Luis Montero& Sr. García imponen el «Poder vegetal».

-Y el novelista, poeta y escritor de viajes Javier Reverte cae acuchillado por las preguntas enCrudo en este número.

El humanista, filósofo, filólogo y teólogo holandés, Erasmo de Rotterdam, escribió El Elogio de la Locura en 1509 y aunque fue un prolífico autor esta es la obra a la que siempre va unida su nombre.

Erasmo de Rotterdam cuenta a su amigo Tomás Moro que este ensayo, también conocido como Elogio a la estupidez, se le ocurrió durante su viaje a Italia y con él consigue analizar la sociedad de su época, a veces, nada alejada de la actual.

Aunque podría parecer un disparate escuchar razonar a la locura, sus frases son certeros dardos a la conciencia.

¿Hay en el mundo nada más triste, enojoso y aburrido que el deleite si no se le mezcla en mayor o menos cantidad con la locura?

Para Erasmo la falta de juicio es la mejor compensación que se puede ofrecer a la vejez y el matrimonio es solo un acto de Demencia, mientras que el mayor encanto de la mujer está en su locura.

En este elogio, Erasmo asegura que llega mucho antes al espíritu humano lo falso que lo verdadero y recalca que:

Cuando la crítica es imparcial y fustiga solamente lo que merece reprobación, no va contra nadie sino contra todos en general y por eso si alguien en particular se siente ofendido es que su conciencia le acusa.

Grecia a través de la mirada de Kostas Jaritos, el investigador creado por el escritor Petros Márkaris,  premio Pepe Carvalho 2012, es desalentadora.

Deshauciados que se suicidan, manifestaciones que provocan un embotellamiento continuo, que es imagen del atasco que asistimos por la situación económica en Europa, al que los banqueros miran desde el piso 20 de un rascacielos de un barrio tranquilo.

La mujer de Jaritos hace la compra doble siguiendo las ofertas de los supermercados cada mañana. Compra para su casa y para la de su hija recién casada, doctora en Derecho y en prácticas en un bufete de abogados. El desánimo es general en un escenario en el que sólo queda honestidad entre asesinos y  gusto por la comida.

Adrianí está completamente recuperada. Mi diagnóstico no es fruto de un estudio psiquiátrico o simplemente médico, sino de mi olfato. Encima de la mesa de la cocina hay una gran fuente de tomates rellenos.

El comisario se compra un Seat Ibiza «por solidaridad entre los pobres» y apoya a la selección española en el Mundial frente a unos suvlakis, un plato muy popular consistente en pinchos de carne y verduras que habitualmente se comen en pan de pita.

En Grecia todos los grandes acontecimientos se acompañan de suvlakis. Acuérdate de la noche en que cayó la Junta Militar. Lo celebraron con velas y suvlakis. También los Juegos Olímpicos de 2004. ¡Toneladas de suvlakis consumidos delante de las pantallas de televisión! Aunque en Navidad comamos pavo y en Pascua cordero, el suvlaki es el plato de las grandes celebraciones nacionales.

Y un guiño al «optimismo», políticos, banqueros, policías y asesinos, probablemente comparten el mismo placer:

Ignoro qué ambiente se respira cuando se toman su café matinal los ministros y los dirigentes políticos. Por mi parte, mi café «griego ma non troppo«, porque es griego pero de máquina, lo tomo a solas en mi despacho y me saca de mis casillas que algo o alguien me eche a preder este primer -y a veces único- placer del día.

-Te adoro -dijo mientras le estrujó el corazón.

La escritora Marisol Torres, compañera en la antología La vida es un bar, acaba de publicar en su blog una receta literaria en homenaje al primer capítulo de El Chef ha muerto: Mejilla a la sal.

Comienza así:

Fue un fogonazo de lucidez lo que le insufló el valor para enfrentarse a ella de nuevo. La inauguración de una retrospectiva suya en la Galería Juana de Aizpuru, la pista que necesitaba para volver a encontrarla.

El resto en su blog Bosques de Marte.

Anímate a aportar tu receta inspirada en El Chef ha muerto o una imagen. La que sale en este post es de Jacobo Gavira.

“La mejor definición del hombre es la siguiente: un bípedo desagradecido”

Así lo piensa un personaje literario que bien podría pasearse actualmente por cualquier ciudad del mundo. Sin embargo, pertenece a un funcionario frustrado, cínico y arrogante que vive en la Rusia de mitad del siglo XIX. Este personaje habla directamente a los lectores desde un sótano de la mano de Fiódor Mijáilovich Dostoyevski.

Cuando se nombra a Dostoyevski siempre se piensa en: Crimen y Castigo o en Los Hermanos Karamazov, dos grandes y voluminosas novelas. Pero, una de sus obras más ágiles y rápidas, y no menos profunda, es Memorias del subsuelo.

Dostoyevski escribe Memorias del Subsuelo en 1864. Es el monólogo de un personaje que se dirige irreverente a los lectores. Sus palabras desnudan a un ser cínico y arrogante que se queda en los paños menores de la cobardía.

El protagonista se pregunta

“¿de qué puede hablar un hombre honrado con la mayor satisfacción?»

Y la respuesta es, inevitablemente:

«de sí mismo”.

El escritor ruso habla en Memorias del Subsuelo de la superficialidad impuesta socialmente, diciendo:

“para la vida humana común y corriente, vasta y sobra con una conciencia ordinaria”.

Pensamientos modernos y reveladores en este relato corrosivo y sarcástico.

Otra de las cuestiones que revela Dostoyevski es la estupidez de la venganza, ya que, cualquiera que la alimente:

“durante 40 años seguirá recordando su ofensa y, además, al recordarla irá añadiendo detalles más bochornosos, agitándose y reconcomiéndose con ayuda de su imaginación y así, simplemente, sufrirá cien veces más, que su propia víctima”.

Aunque, a veces, parece que es la propia sociedad del siglo XXI la que se inspira en esta novela del XIX. Su frustrado protagonista siente cómo se muere miserablemente y dice:

“No he conseguido nada, ni siquiera ser un malvado; no he conseguido ser guapo, ni perverso; ni un canalla, ni un héroe…, ni siquiera un mísero insecto. Y ahora termino mi existencia en mi rincón, donde trato lamentablemente de consolarme (aunque sin éxito) diciéndome que un hombre inteligente no consigue nunca llegar a ser nada y que sólo el imbécil triunfa”.

Aquí el archivo sonoro:

-Tiene Menière –le gritó el otorrino al oído y se sintió lenguado.

En 1963 el director Mark Robson adaptó al cine El premio Nobel de Irving Wallace con Paul Newman de protagonista, un escritor estadounidense que recibe el más prestigioso galardón mundial.

En el encuentro con los periodistas, el escritor, que no olvida el dry martini en casi ninguna escena y que hace seis años que habla de una nueva novela que nunca acaba, se descubre. No la está escribiendo ni va a hacerlo. Un periodista pregunta:

-¿Cómo se ha ganado la vida estos años?

-Con las novelas policiacas.

-Pero, ¿cómo es posible que el autor de grandes novelas escriba…?

-Bajo pseudónimo, claro, y no lo voy a desvelar. Tengo habilidad para adentrarme en en misterio de los seres humanos.

En lo gastronómico, lo suyo es el cóctel y el derecho a la inconsciencia:

– Mi tercer dry martini y aún no he desayunado.

Como se ve, cuestión de reputación.