Archivos de la categoría ‘Gastronomía y vino’

La primera crítica del libro de relatos Noches sin sexo, en el blog La estantería de Núria

La estantería de Núria - Reseñas de libros

Noches sin sexo Asistí el pasado viernes 11 a la presentación de Noches sin sexo de Yanet Acosta . De Yanet había leído un relato erótico publicado en el recopilatorio 44 mundos a deshoras , publicado por la Editorial Adeshoras . Ahora, gracias a la editora de Adeshoras, Susana Noeda, he podido leer todo un libro de relatos de esta escritora.

Los relatos son tremendamente sensoriales. Con pocas (poquísimas) palabras, Yanet Acosta consigue hacerte sentir aquello que quiere transmitir. No sobra ni falta nada en ninguno de estos relatos. Cada palabra está puesta en su sitio con precisión, consiguiendo reflejar emociones vitales, olores y sensaciones con maestría. Los personajes están solos, frustrados y sienten miedo y canalizan todo ello en una destrucción propia y/o ajena, que los acerca a la locura.

Los relatos son a menudo viscerales, y están aderezados con un humor negro que me hace pensar en los dibujos de Néstor F. y…

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Qué gusto da que te recomienden para el Día del Libro 😉

Post Scríptum, el blog de la agencia literaria letras propias

¿No sabes qué libros comprar este Sant Jordi? Nosotros te damos algunas buenas ideas.

untitled1.Cuaderno negro: complot contra Franco¿Qué hubiera pasado si el auto de Garzón hubiera prosperado? ¿Se habría sentado en el banquillo a los responsables? ¿Qué serían capaces algunos de llegar a hacer para evitarlo? Avalado por el éxito de su primera novela «El manuscrito de Avicena» de la que se vendieron más de 11.000 ejemplares, Ezequiel Teodoro llega con este nuevo thriller de acción y ritmo trepidante. Durante el juicio contra los ministros con vida del franquismo, el periodista de El País Toni Escobar recibe una extraña información que de ser cierta podría cambiar la historia de España. Fuerzas poderosas parecen determinadas a que deje su investigación. ¿Pondrías en juego tu vida y tu carrera por conocer la verdad?

Editorial Última Línea – Pág:430 – Precio: 19,95€

9788415900402. La plaza del silencio

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Una entrevista a Yanet Acosta por Roser Herrera con motivo de la publicación de la novela «No hay trabajo bueno»

Post Scríptum, el blog de la agencia literaria letras propias

DSC2587Hemos entrevistado a Yanet Acosta, una de las autoras que representamos, cuya novela «No hay trabajo bueno» está incluida en la colección de novelas eróticas, que podéis encontrar junto a varios periódicos desde principios de año, llamada Sensual Colection. 

Para presentarte: dinos una frase o idea que te defina o con la que estés totalmente de acuerdo.

“No hay nada, ni tan siquiera el crimen, más opuesto a la poesía, a la filosofía, a la vida misma, que este incesante trabajar” del filósofo americano del siglo XIX Henry David Thoreau.

 ¿Por qué escribes literatura erótica?

Es un reto conseguir hacer la boca agua a un lector con la descripción gastronómica, como hice en El chef ha muerto. Conseguir excitar a alguien con una narración es aún un reto de más complicado y, de alguna manera,  seductor para cualquier escritor.

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La reivindicación del patrimonio de la humanidad más global: La comida en la calle

Gracias a Jabi Basterra por ofrecernos un momento cóctel inspirado en El chef ha muerto

Negra con puntillo

(…)

Lucy se ha terminado su Manhattan y continúa mirando envidiosa cómo la chica rubia delgada de la esquina disfruta de un Cosmopolitan. Mira el billete que ha dejado Ven sobre la barra y pide al barman uno igual. Mira de reojo a la chica mientras el camarero une en la coctelera cuatro partes de vodka, tres limonada y otras tres de zumo de arándanos y un chorrito de lima.

“Ese es mi postre”, piensa Lucy.

(…)

ACOSTA, Yanet: El Chef ha muerto. Madrid : Ediciones Amargord, 2011

Me han gustado mucho estos vídeos donde nos cuentan cómo hacer los combinados que aparecen en «El Chef ha muerto» . El Cosmopolitan lo explica André de forma muy didáctica e incluso te da una alternativa en caso de que no tengas una coctelera profesional. En el segundo nos enseñan cómo hacer el Manhattan de forma muy profesional. A ver qué…

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O gran suixi

En los años 90 estrenaron en las televisiones autonómicas de España una serie de dibujos animados manga: «El rey del sushi»‘Mister Ajikko’ en versión original) , y que fue traducido al gallego como «O gran Suixi» y al catalán como «Petit Xef». Un niño cocina en el restaurante familiar con el objetivo de ser el mejor. En cada capítulo tiene el reto de hacer el mejor plato ante un jurado. Y los expresivos dibujos mangas son geniales porque los ingredientes se mueven por los aires, los ojos del jurado se encienden, los platos emiten destellos y los buenos siempre se vengan de los malos.

La cocina tiene magia, en la tele, en la literatura, en el anime, en el cómic y en la vida real.

Les dejo un capítulo en el que una vez más, aparece la figura del gran crítico, que como en otras pelis, también de dibujos animados como Ratatouille, es un hombre de cierta edad agotado de comer y que no encuentra lo que busca, un amargado. Y os lo dejo en gallego, porque es una versión genial de doblaje,  que me ha hecho ver un gallego y que se entiende perfectamente.

Y os lo dejo con la esperanza de que en el siglo XXI el crítico pueda ser hombre o mujer y que en lugar de amargarse y amargar a los demás, endulce la vida a los lectores con nuevas experiencias gastronómicas a descubrir. Y por eso es por lo que luchamos desde The Foodie Studies.

Ohsawa macrobiótica

El crimen de Louis Pasteur podría parecer el título de una novela negra, pero no. Se trata de uno de los libros de Georges  Ohsawa, el padre de la macrobiótica. Llegó a mis manos dentro de una obra llamada El orden del universo, gracias a mi fantástico grupo de Agama Yoga y me lo he pasado en grande leyéndolo. En él, el japonés hace un derribo del afamado y laureado científico gracias al que la industria alimentaria ha conseguido prolongar la vida de los alimentos, a la vez que matar su sabor.

Cuando tomé la primera cerveza artesana o de pequeña industria me sorprendió su aroma fresco y su sabor a levaduras. Me pregunté por qué sería y el motivo lo encontré, además de la utilización de lúpulos más aromáticos, en que no se pasteuriza. Por eso, las cañas de barril de las cervezas más comunes  saben mejor que los botellines o las latas, porque la pasteurización a la que se somete es bastante inferior.

Bueno, el caso es que Ohsawa no hubiese disfrutado matando a Pasteur por motivos de sabor, sino, de salud.  Para el japonés matar a los microbios es posponer la manifestación de una enfermedad. Dice Ohsawa que los occidentales no vivimos en la naturaleza sino que nos proponemos conquistarla (a veces pienso lo mismo cuando en un hotel rural se afanan en tener un jardín con senderitos marcados para el disfrute de los hospedados). Y para Ohsawa:

«Toda enfermedad es el resultado de una falsa actitud hacia la vida».

Y aunque no me hubiese gustado asesinar a Pasteur (creo que sus métodos salvaron vidas), otras cosa es a quienes abusan de la pasteurización por conseguir ganar más dinero alargando la vida de los alimentos más allá de lo razonable. Para Ohsawa la alimentación es salud y su dieta me parece que puede ser tan válida como cualquier otra. Precisamente, el pasado sábado en un encuentro de The Foodie Studies escuchamos a Nacho que lleva una dieta conocida como «paleo» y a Susana y Elena, quienes tienen intolerancia al gluten y que no por ello dejan de ser unos foodies.

Cuando alguien dice ser vegano, crudívoro, vegetariano o macrobiótico, quien escucha, la mayor parte de las veces -incluso periodistas y críticos gastronómicos-, solo desatan sus prejuicios o ignorancia, diciendo aquello de «no sabes lo que te pierdes». Sin embargo, creo que la actitud debe ser bien diferente, precisamente si tu trabajo está vinculado a la comida, puede ser muy interesante conocer y probar otras dietas, porque la pirámide nutricional europea puede ser tan válida como la oriental o la de cualquier otra cultura.

Y encontré realmente interesantes algunos de los pensamientos de Ohsawa. Según él,  la enfermedad está vinculada a estos factores:

  1. Comer demasiados productos importados.
  2. Comer sin trabajar para ganar el alimento.
  3. Comer demasiado productos animales, sobre todo carne.
  4. Comer azúcar refinado.
  5. La avidez y glotonería de los hombres de negocio que no tienen ningún escrúpulo en fabricar o destruir los alimentos naturales.

Es curioso lo actual que resulta escuchar estos puntos, puesto que la cocina de kilómetro cero, es decir, de los alimentos que hay a tu alrededor está siendo una de las más interesantes en la actualidad. Además, tener huertos urbanos o trabajar para conseguir tus propios tomates es una moda que espero haya venido para quedarse. Además el exceso de carne y de azúcar está cuestionado por muchos, y la avidez de «los hombres de negocio» por algunos.

Sin embargo, estos textos son de principio de siglo XX, lo que nos dice que que este hombre tenía gran capacidad de análisis o de lo que algunos llamarían adivinación, un término que para él era simplemente «descubrir los escondidos lazos entre las cosas».

La dieta macrobiótica impulsada por Ohsawa se basa en el principio fundamental del yin y el yang. Es decir, dependiendo del país en el que se viva (más cálido o menos) o del tipo de persona que seas, debes optar por una dieta en la que encuentre el equilibrio entre estos dos polos. Este concepto puede sonar a chino, porque efectivamente la milenaria cocina china está inspirada en ese principio, que aún hoy en día se intenta respetar por parte de los cocineros mejor formados.

Sin embargo, la dieta macrobiótica, además de eliminar la carne también propone eliminar el tomate, la berenjena, la patata, los dulces, el vinagre y el pepino y beber lo menos posible. Se trata de una dieta en la que se potencian los alimentos yang  como los cereales integrales junto con verduras como la zanahoria, con los que según su enseñanza se consiguen una mayor lucidez mental y fuerza de acción.

Para Ohsawa la acción en la vida era fundamental y por ello idolatra a Benjamin Franklin, quien desde luego tuvo una vida bastante movidita. Una de las características que el japonés más adora de Franklin es que era muy querido por todo el mundo. Según Ohsawa, esto se debe a que era un hombre siempre dispuesto a regalar, lo que no significa dar dinero ni objetos:

Sonreír, ofrecer una voz dulce o mostrar buen humor es un regalo para el otro.

Regalar te hace libre y feliz y esta libertad y felicidad hay que aprovecharla al cien por cien.

Aquí van otras de las frases lapidarias que he encontrado en mi lectura de Ohsawa:

«Sería ridículo pedir prestado dinero al prójimo para poseer libertad e independencia. Es un gran error. Si lo cometéis nunca seréis libres ni independientes».

«Los jóvenes sueñan con estudiar en la universidad y aspirar a obtener un diploma. Pero si uno es capaz de juzgar las cosas, el diploma no es necesario. Ante todo, el asunto es ser una persona libre y feliz. En este mundo hay pocos hombres libres entre los diplomados».

«La felicidad sin libertad no existe».

Frases para alimentar el espíritu y quitar prejuicios entre los que nos dedicamos a experimentar la vida a través de la comida y la literatura.

 

La receta Disney de Ratatouille

Estos días se celebra el Festival de Cine de San Sebastián, que desde hace poco -2011- cuenta con su sección Culinary Zinema y en noviembre comienza Film&Cook, que se celebra también desde 2011. Y yo he recordado la última muerte  gourmand, la de James Gandolfini, conocido por su papel de Tony Soprano.

Su última cena fue a los 51 años comiendo langostinos fritos con mayonesa y salsa chile acompañados de ron, cerveza y piña colada. Fue en el restaurante del hotel Boscolo Exedra de Roma, según informó el diario ‘The New York Post’ y pese a que la familia aseguró que se debió a un paro cardíaco y no a la cena en sí, es difícil no relacionarlo.

No puedo evitar pensar en que fue una muerte al más puro estilo de la peli La grande bouffe en la que cuatro amigos -en este caso gourmet y gourmand, es decir, exquisitos con lo que se come y excesivos con la cantidad- se reúnen para despedirse de la vida en un suicidio gastronómico colectivo, algo que en estos tiempos de Merkel, Rajoy, monárquicos, corruptos, crisis y desechados de la sanidad pública en España es algo que tiende a apetecer.

Así que, con la esperanza de que esto cambie, hoy me he preparado una ratatouille, más optimista y ligera siguiendo la receta Disney pasada por mi propia invención y que ha consistido en poner las verduras -cebolla, pimiento, berenjena, tomate y calabacín- en rodajas al horno con un chorrito de aceite y otro de agua y espolvorearlas con tomillo y romero durante 40 minutos. Sin embargo, aconsejo diez minutos menos de tiempo en el horno, porque, como se ve en la foto de arriba, es inevitable que se queme tras prolongar demasiado la espera.

Reblogueo esta entrevista con novedades publicada por Letras Propias.

Post Scríptum, el blog de la agencia literaria letras propias

05d8322Tal y como ya os anunciamos la semana pasada, continuamos con nuestra serie de entrevistas a los autores de Letras Propias. Hoy es el turno de Yanet Acosta, la única mujer en nuestras filas, por lo menos hasta el momento. Escritora y periodista, es autora de la novela El Chef ha muerto y coordinadora y fundadora del fanzine gastronómico enCrudo. Además es columnista de la Cadena Ser, en el sección Tinta de Calamar, y ha colaborado con los periódicos El MundoEl País y Público, así como con las revistas nacionales SobremesaSpain GourmetourDistribución y Consumo y El Gastronómico y las internacionales Status (Brasil) y Mundo Gastronómico (México).

Próximamente la polaca BIURO LITERACKIE publicará una recopilación de relatos de grandes autoras españolas, entre los que han escogido El batido de chocolate de Yanet Acosta, que será publicado junto a los de autoras como Laura Freixas,  Almudena…

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El espejo del mar. Autora de la fotografía: Yanet Acosta

Delfín en el Atlántico. Autora de la fotografía: Yanet Acosta

Aún con el sabor a mar en la boca quiero compartir mi última lectura: El espejo del mar de Joseph Conrad. Es un libro que en tierra no me había llamado la atención pero en estos días de travesía veraniega me ha llegado hasta el tuétano.

Conrad es el escritor de los amantes del mar y de la navegación, pero también de quienes comenzamos travesías en las que en cada singladura nos acercamos más al centro de uno mismo.

En El espejo del mar Conrad comienza hablando de la Recalada y la Partida. Las escribe en mayúsculas, porque la vida es Recalada y Partida. Y a partir de ahí sus frases hablan por sí mismas:

«En ningún sitio se sumergen en el pasado los días, las semanas y los meses más rápidamente que en el mar. Parecen quedar atrás con tanta facilidad como las ligeras burbujas de aire en los remolinos de la estela del barco».

«Un ancla no puede jamás levarse si antes no se la ha largado».

«Un barco no es un esclavo. No hay que forzarlo en una mar gruesa, no hay que olvidar nunca que uno le debe la mayor parte de sus ideas, de su habilidad, de su amor propio».

«Los barcos quieren ser mimados. Hay que mimarlos al gobernarlos y si se pretende gobernarlos bien antes hay que haberlos complacidoen la distribución del peso que les pide uno que lleven a través de las venturas y desventuras de una travesía».

«Los puertos no son buena cosa…se pudren los barcos y los hombres se van al diablo».

«Las naciones de la tierra se rigen eminentemente por el miedo: miedo de un tipo que un poco de oratoria barata convierte fácilmente en furia, odio y violencia».

«No somos sino nosotros mismos, regidos por la audacia de nuestras mentes y los estremecimientos de nuestros corazones, lo artesanos únicos de cuanto portentoso y novelesco hay en el mundo».

«Lo único que conviene a ciertas situaciones es el silencio».

«Habíamos estado demasiado absortos en la contemplación de nuestro sino para prestarnos atención los unos a los otros».

«Encerrados en la morada de las ilusiones personales, treinta siglos de la historia de la humanidad parecen menos, al mirar hacia atrás, que treinta años de nuestra propia vida».

«Incluso ahora, cuando, habiéndole yo también vuelto la espalda al mar, alumbro estas pocas páginas en el crepúsculo, con la esperanza de encontrar en un valle interior la callada bienvenida de alguien paciente dispuesto a escuchar».