Acabo de recibir el número 3 de enCrudo, nocturno y con alevosía. Los temas más plurales que nunca.

– El poeta David Morello declama al Syrah.

-El versátil Miguel Ángel Almodóvar recuerda la última cena del reo François Miterrand.

-La periodista Rosa Rivas flipa en japonés con el relato «La torrija de los Shisha» y su colega, Raquelíquida con «El cuento del crítico de vinos».

Augusto Metzli deja su ilustración de acrílico sobre tela y El Pingue su dibujo y letras juntas de «Bacalao y moscas».

-El cocinero Rubén Cordero de Paz se arranca con las viñetas y El chef del mar versus Ángel León se desnuda en «El vagabundo del mar».

Clara Talens le da vida a Yesterday de John Lemon con Paul McCarne.

-La cuentista Marisol Torres hace «Sopa de boda» y la periodista Alexandra Sumasi desvela «El secreto».

Yanet Acosta saca la mala hostia de Alberto Chicote versus Pesadilla en la cocina y el perfil más gipsy de Pablo Albuerne en más de 1.000 minutos.

Antonio Tena se impone: «Apártame esos cuartos traseros» y Jorge Cano con su Collage da las «Soluciones conjuntas a los problemas acuciantes…».

-El fotógrafo Antonio Novillo capta al «Bonito de guante blanco» y María José Ollero da tapas o raciones.

Jacobo Gavira saca «Cuerpo» e Iñaki Berazaluce se sumerge en la antropología con «¿Muslo o antebrazo?»

-El crítico Ignacio Medina explica por qué «No hay comida rara, sino gente extraña» y el periodista Daniel García Padilla invita a «Taco de chapulín».

Y en la contra, Evaritsto Belloti da en exclusiva la imagen de Pantagruel, ladrón de vacas crudas.

El domingo, 13 de mayo a las 13 horas, este número 3 con el que cumplimos 1 año estará en mano de todos.

El próximo domingo, 13 de mayo, celebramos el 1 año del fanzine gastronómico enCrudo. Durante este año han participado con cuentos, poesías, artículos, viñetas, fotos, obras artísticas y dibujos 74 autores, entre periodistas, artistas, músicos, fotógrafos, cocineros, escritores y aficionados a la cultura fanzinera y a la gastronomía vista a pie de calle.

El enCruento enCrudo será en un Txoco del centro de Madrid que abre sus puertas para esta fiesta, a la que, si reservas tu lugar a través del mail paraencrudo@gmail.com cualquiera que comparta esta visión creativa-colaborativa de la alimentación y la cultura, está invitado.

Este fanzine, proyecto de Jacobo Gavira y Yanet Acosta, se ha paseado por el mundo de mano en mano. En blanco y negro y en papel, demostrando que lo único viral es la creatividad.

Es inevitable: los Óscars, los Goya, las estrellas Michelin y los 50 mejores restaurantes del mundo se están convirtiendo en un aburrimiento por lo previsibles que son. Además, aburren por lo poco que nos aportan a la gente a pie de calle. Pues, hace tiempo que vas a ver una peli, no por los Óscars o Goyas que tiene, sino porque está en tu onda o porque alguien la comentó en una conversación de bar o en la Red. Con los restaurantes, pues peor, porque al cine podemos ir casi todos, pero a los grandes restaurantes, con dificultad. De manera, que se convierten en premios onanísticos y, por consecuencia, morbosos.

Y da morbo imaginar que tras el buen rollo de todos los cocineros hay cuchillos afilados y pulpos vivos dispuestos a atragantar al más listo. Y da morbo ver tras el boato, la miseria. Y el cabreo de los franceses, que parecen olvidar que las modas van y vienen (algo que los españoles tampoco podemos olvidar).

No obstante, esta lista de los 50 mejores restaurantes es previsible, onanística y morbosa para la gente que seguimos día a día la gastronomía. Y no hay que olvidar que todavía funciona el efecto Óscar, mediante el que una peli como The Artist llega a ser un fenómeno global. Y así ocurre que restaurantes como los españoles El Celler de Can Roca (2 del mundo), Mugaritz (3), Arzak (8), Asador Etxebarri (31) y Quique Dacosta (40) están en oídos de mucha gente de todo el mundo y se convierten en el deseo de otros muchos. Estos deseos se materializan, según dicen los propios cocineros, en que las reservas no paran. Y, además, se nota en sus caras de felicidad y en sus agradecimientos y en la fiesta. Así que me sumo a la alegría del gran momento español en la cocina mundial. Enhorabuena a todos y a por el primer puesto.

El sábado 28 de abril fue un día grande. Un deseo canalla cumplido, casi a un año de que El chef ha muerto haya salido a la venta, la periodista y amiga Nuria Mayoral lo presentó en la FNAC de Castellana en Madrid con la frescura del primer día.

Nuria me contó que al leer la novela por segunda vez cayó en las múltiples lecturas de la historia y el buen rollo que desprende.

Y para mí, el buen rollo no se tiene por qué oponer al género. Se puede pintar lo más negro de la sociedad con suspense y humor. Y, además, hacer brotar el entusiasmo cuando se toca fondo.

Durante nuestra charla posterior con los escritores Pedro de Paz, Marcelo Luján y Kike Ferrari  fue Pedro quien lo dijo bien claro: el género negro se ha extendido a todo (no hay novela histórica sin suspense) y la evolución es hacia la esencia.

Yo lo tengo también claro, en estos tiempos líquidos, la novela negra se aleja de la norma, del cliché. Refleja a la sociedad con una visión actual, donde las rubias asesinan y los machos se prostituyen. Un género que ahora escriben hombres y, también, mujeres.

Gracias a Tiramisú entre libros por organizar este lío y a mi colega Laura Muñoz por la foto.

A las 20.30 del 23 de abril, Arrebato Libros en la calle La Palma de Madrid estaba de bote en bote. Pablo Albuerne versus Gipsy Chef, con su sombrerito al canto, comenzó a charlar sobre su vida -viajera durante años y campestre en los últimos tiempos-, su espacio en Antena 3, sus nuevas ilusiones televisivas, el tomillo de monte de su pueblo barcelonés,…así, entre amigos. Mientras, arrojaba sobre una bandeja sal gruesa y, sobre ella, dados de naranjas sanguinas y limones, hojas de romero y tomillo. En un bote mezclaba cebollino, albahaca, perejil, vino blanco, aceite y palabras sobre el espíritu fanzinero y creativo de enCrudo con Jacobo Gavira y de las historias negras de la alta cocina y El Chef ha muerto. Así, entre amigos.

Y la gente participaba. Licuaba la mezcla de hierbas, comentaba y hacía cucuruchos con los folletos ya casi a punto de perder su función de la Noche de los Libros y se fijaba en alguna de sus palabras: descuento, creatividad, libro, fiesta. Y Gipsy Chef desapareció y reapareció en la calle con una barbacoa repleta de sardinas del Cantábrico con sal aromatizada, cuyo olor invitaba a más gente.

Y sobre una rebanada de pan, servía una sardina braseada con un poco de su mojo mágico hecho de hierbas y cítricos. Algunos se acercaban y preguntaban. Otros temían que la policía diera al traste con la barbacoa, pese a que no hay nada tan festivo y literario (Pepe Carvalho y su vicio de alimentar la chimenea con obras escogidas o Faranheit 451,  temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde y título de la novela de Bradbury).

La comida en la calle, mientras se cuentan historias y se comparte, es la fiesta.

Gracias a todos por participar de esta fiesta en esta inolvidable Noche de los Libros, en la que dimos la brasa a pie de calle. Y, a los que se lo perdieron, seguiremos dando la brasa, esta vez el 13 de mayo a las 13 horas.

Mañana, 23 de abril, es un día grande: La Noche de los Libros. Y lo celebramos con una dosis del fanzine gastronómico enCrudo y con bocados de la novela El chef ha muerto en la librería Arrebato Libros (Calle La Palma, 21, Madrid) junto con el agitador Gipsy Chef (Pablo Albuerne) dando la brasa a pie de calle a las 20.30 horas.

Novela de suspense, cocina y humor negro.

Después de mil quinientos intentos, el que ya han nombrado como el Gordon Ramsay español por ser quien conduzca la versión española de «Pesadilla en la Cocina»  para La Sexta a partir de la próxima temporada encontró un momento, justo entre una reunión con la productora y una cita con su médico, para una entrevista enCrudo.

Elegimos el lugar más fanzinero, una hamburguesería al ladito de un  hospital. Y después de los primeros bocados de unos aros de cebolla con un color sospechosamente afectados por la criptonita, unas risas y una hamburguesa jugosísima a mordida limpia, salió el Alberto Chicote más auténtico, con el humor de siempre y, también, con la mala hostia de siempre.

Aquí unas perlas en bruto:

«No me hace falta que me vea el gremio, el resto es mucho más. Tengo fama de ogro, pero hago el programa por ayudar a la gente, eso es lo atractivo. Y no voy a copiar al Ramsay. Voy a ser yo, yo mismo».

Más detalles de cómo prepara el programa, lo que piensa, los problemas que afronta y otras mil verdades en la entrevista publicada en el número tres de enCrudo.

Luis Morote no es una calle y el té chai no es del Starbucks. En la India al té se le llama chai y, el más conocido, es uno especiado que llaman chai masala (es decir, té con mezcla de especias). En el Starbucks usa una mezcla de esencias y siropes en tetrabrik a la que se añade leche y se denomina «chai latte». Aquí el envase de la mezcla, para los que no me crean:

El chai masala original no tiene una receta fija. Depende de cada zona de la India y de cada familia. Lo que sí es esencial es que la mezcla de especias sean de las conocidas como calientes, es decir, de las que incrementan el vata (uno de las tres doshas o humores del ser humano, según la filosofía ayurvédica). Así que para los más auténticos aquí va mi receta casera.

Mezcla un vaso de  agua y un vaso de leche ecológica de vaca o licuado de soja en una cacerola. Machaca en un mortero 3 clavos de olor, 3 semillas de cardamomo y un trozito de rama de canela. Añade el machacado al líquido junto con una cucharada de té negro Assam y una rodajita de gengibre fresco. Lleva a ebullición en tres ocasiones, retirando del fuego la cacerola cuando la leche quiera salirse por el borde. Servir colado y azucarado o amargo.

Aconsejado para días fríos y apáticos, para conseguir volver a sentir latir el corazón.


 

 

El periodista Andreu Buenafuente decidió comenzar su nuevo programa invitando a los tres chefs más conocidos en España Karlos Arguiñano, Ferran Adrià y Juan Mari Arzak, como estrellas del fútbol, que ya hace tiempo que son.

Gracias al programa me enteré del terror de Arzak a los pulpos, por la peli del libro 20.000 leguas de viaje submarino. Y también de que Karlos Arguiñano comenzó en la TV gracias a una noche inacabable de chistes con los que entretuvo hasta las cinco de la mañana a Joan Manuel Serrat y a sus acompañantes en el restaurante de Zarautz.

También, viendo el programa me di cuenta de lo banal que es la televisión por naturaleza y de lo forzado del papel cómico del dúo Adrià-Arzak, un cliché que repiten durante años, quizás, empujados por la propia TV.

El mejor momento, la cata a ciegas hecha a dos de los cocineros, pero, sobre todo, por el inventazo del gorro-antifaz de chef, que, si lo comercializan, seguro puede llegar a ser el emblema de la resistencia gastronómica. Y es que, El chef ha muerto, y, además, atragantado con un pulpo vivo.

No sé por qué Moby Dick se conoce cómo una novela juvenil. Es sesuda, radical y provocadora. Desde el inicio, su protagonista, lo deja claro:

«Siempre que siento que empiezo a hacer mohínes y a enfurruñarme, y noto las húmedas brumas de noviembre en mi espíritu; siempre que me sorprendo parándome ante las funerarias o incorporándome al cortejo de cuantos fuenerales encuentro (…) entonces es cuando comprendo que ha llegado el tiempo de volver al mar con urgencia. Este es el sustituto que uso para el suicidio«.

Tampoco entendía por qué era la novela favorita de Ferran Adrià hasta que la he vuelto a releer. Es la historia de un superviviente que disecciona la aventura de la búsqueda de una ballena, que representa el desafío humano ante la naturaleza y, metafóricamente, el desafío de algunos ante la sociedad.

«Sí, el mundo es un barco que pasa temporalmente, sin realizar un viaje completo».

Además, es una novela repleta de guiños culinarios. Antes de zarpar, los marineros se van al «Mesón del Surtidor» y devoran un budín relleno. También visitan «A probar la Olla» en donde encuentran la mejor sopa de mejillones que hubieran probado nunca hecha con:

«pequeños y jugosos mejillones, no mayores que avellanas, mezclados con menudos trozos de galletas marinas, y briznas de cerdo salado, adobado todo ello con mantequilla y bien sazonado con sal y pimienta».

Sin embargo, la receta más rupturista y provocadora que ofrece Herrman Melville a través de su narrador es la de ballena:

«las marsopas están consideradas como plato exquisito desde el punto de vista gastronómico. La carne se prepara en bolas del tamaño de las de billar, y si se sazonan bien con especias pueden ser tomadas por albóndigas de tórtola o cordero, (…) En el caso de la pequeña ballena espermática, sus sesos son considerados un plato delicado. La parte superior del cráneo se rompe con un hacha, y se retiran y se meclan con harina, con lo cual quedan convertidos en un manjar cuyo sabor es parecido a la cabeza de ternera».

Y así es como el lector pica el anzuelo, pese al aviso del autor:

¿Y qué eres tú lector sino un pez-libre y también un pez-trincado?