Una visita a México me ha permitido (re)descubrir a Paco Ignacio Taibo I como escritor gastronómico. Nació en Gijón en 1924 y en los años 50 se refugió en México donde continuó con su carrera como periodista y escritor.

Fue el encargado de poner en marcha la página de Cultura del diario mexicano El Universal, en la que firmaba un artículo gastronómico semanal denominado “La caldera del diablo”. Fue miembro de la Sociedad Mexicana de Gastronomía y Enología y escribió seis ensayos gastronómicos, entre ellos, Breviario de la fabada (el único que ha sido publicado en España) y Encuentro de dos fogones, un excelente relato histórico sobre el encuentro de la cocina prehispánica y la española hasta confluir en lo que es la cocina mexicana actual.

Los libros gastronómicos de Paco Ignacio Taibo I están descatalogados, pero en la biblioteca de la Fundación Herdez de la Ciudad de México tuve la oportunidad de leer algunos de ellos.

El libro de todos los moles fue el que elegí antes de irme a Puebla, la ciudad a la que se le atribuye la invención del mole , una salsa densa en la que se combinan múltiples ingredientes, entre ellos el chocolate y varios tipos de chile, así como frutos secos, y a la que iba a hablar de periodismo gastronómico durante la VIII Bienal de Comunicación Iberoamericana.

Y antes que un libro de recetas, me encontré con un análisis histórico y antropológico escrito con mucha ironía.

Paco Ignacio Taibo comienza diciendo que “el mole, como casi todas las cosas esenciales, ya estaba inventado cuando lo inventaron”.

Y lo demuestra analizando desde el punto de visto histórico la leyenda que sitúa su origen en el convento de Santa Rosa en 1680, pese a que el susodicho convento se fundó ya en el siglo XVIII.

Denuncia la ligereza con la que se hace historia sobre la gastronomía y tajantemente asegura:

“digo con toda certeza que no fue un virrey ni un arzobispo, ni un santo, ni señor alguno el que probó por vez primera el mole, sino una mujer cualquiera y a eso me atengo de ahora en adelante”.

Una vez más, señores: El Chef ha muerto.

El restaurante elBulli cerró el pasado 30 de julio. En la prensa se repitieron los mismos titulares durante semanas: «Adiós a elBulli», «elBulli sube a los cielos», «elBulli ya se transformó en mito» (desafortunada coincidencia con la muerte de Amy Winehouse). Pero, entre ellos, el titular más popular fue el que hacía alusión al biblíco momento de «La última cena», celebrada el mismo día del cierre.

Y como en la última cena, en la de elBulli, también asistió un Judas: las redes sociales. En Twitter los cocineros y los propios invitados se encargaron de desvelar el misterio y de añadir picante cuestionando las ausencias entre los agraciados con la celebración del mítico cierre del que fue el mejor restaurante del mundo.

Unos días antes, en una entrevista que Ferran Adrià me concedió para la revista brasileña Status, me aseguraba que a esta cena estaban invitados familiares y amigos. Y no quiso entrar en más detalles. Pero gracias a Twitter, el secretismo sucumbió.

Aquí la comanda de un invitado (ignoro si familiar o amigo) con sus 48 platos (incluida la espuma de humo que lo hizo famoso y el melocotón melba de cierre y homenaje a Escoffier):

Y es que las redes sociales volvieron a ganar esta partida. En ellas se pudo encontrar más documentación que en cualquier artículo de prensa sobre este momento que algunos padecieron como tragedia bíblica y otros como una fiesta que acabó a las tantas en las aguas de la cala Montjoi.

En Twitter se prodigaron fotos de los platos, de las mesas, de los manteles firmados, de los invitados, del pastel y de las comandas. Con aumentar un poco esta foto que acompaña el post y que difundió René Redzepi podemos saber que N. Rothschild  no es amante del cilantro y que prefiere prescindir del alcohol.

Con esto a uno le da por pensar que es tiempo de replantearse la esencia de profesiones como periodistas, investigadores privados…

Y tras la última cena, cuando ya sólo cabe la resurrección, es momento de proclamar que «El Chef ha muerto»: Para volver a construir, primero habrá que deconstruir.

¡Gracias Ferran!

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Ha sido como cerrar un círculo. Fui a la Semana Negra por primera vez en 2008 porque el periodista de Reuters, Martin Roberts, me convenció. Allí conocí al escritor argentino Ernesto Mallo, que me convenció de que escribiera esa historia que tenía en la cabeza hacía tiempo. Y ellos han sido, junto con Marcos Morán, el representante de tradición y vanguardia y el heredero de la receta de la mejor fabada (plato fetiche en mi novela) con quienes presenté El Chef ha muerto en la Semana Negra de Gijón.

Me quedo con algunas de sus palabras: «Una novela obscena, irónica y divertida», dijo Mallo. «Unos personajes que quieren continuidad», dijo Roberts. «Tan fácil de leer para la gente del gremio como para los que no, un amigo informático me la robó y lo flipó», dijo Morán.

Me sonrojaron los halagos de los tres. Marcos Morán dijo que los platos inventados que salen en la novela le están inspirando (Guau!). Martin Roberts insistió en que espera la continuidad de Ven Cabreira y Lucy Belda. Ernesto Mallo fue tajante: «Tienes que apostar y seguir escribiendo».

Y de ahí a las preguntas de los compañeros de la prensa, entre las que destaco la más sorprendente, la de Sergio Vera: «¿Tienes pecas en el escote?». Y me tuve que mirar. Y sí, pero muchas menos y peor colocadas que Lucy Belda (la inquietante periodista de El Chef ha muerto), con cuya melena sólo Tristante es capaz de competir (quien, por cierto, también tiene pecas en el pecho).

Otra pregunta fue la de Olaya Pena de la Nueva España: ¿Pero se puede hacer una novela gastronómica? Una no, mil. Y aquí está el texto. Pero, ¿sólo va de restaurantes de alta gastronomía? Aquí la respuesta. Y la periodista Laura Muñoz me preguntó que cómo hago para despertar el apetito con la novela. Lo bueno es que no engorda…

Con Paula Corroto de Público seguimos comentando que «Las chicas también disparan«. Charlé también con la periodista Alicia Álvarez de la Cadena Ser, aunque fui yo la que acabó con una pregunta: ¿Pero tú no serás de Pauline en la playa? Y sí.

Y de las preguntas, respuestas y charlas a los momentos que hacen que este encuentro sea único. Una cena de pixin con Alfonso Mateo-Sagasta, Marina, Ernesto y José Ramón. Un taxi compartido con Rosa Montero. Una persecución fratricida de cochitos de choque entre insignes escritores negros. Unos botellines con Kike Ferrari. Unas risas con Daniel Vázquez Sallés. Un gesto de Willy Uribe gracias al que me evité una caminata. Una carcajada compartida con Cristina Fallarás. Una acogida sonriente de la Generación Torrezno (Juan Ramón Biedma, Pedro de Paz, Carlos Salem y Jerónimo Tristante). Un trago de mate frío hecho por Raúl Argemí.

Un intercambio de firmas con Diego Ameixeiras. Gitanas regalando romero y pronosticando suertes. Un caña con Paco Gómez-Escribano. Una pizza con Olivier, Vanessa y su niña. Un gin-tonic con Jason Goodwin . Un nuevo proyecto criminal con Marc Fernandez (Crimen a la una de la tarde, justo cuando comienza el hambre). Paco Camarasa y su Negra y Criminal. Un abrazo entre paisanos con 23escalones y sus autores.Y unos whiskies hasta las mil con un grupo de «jóvenes» poetas (entre ellos Carmen Moreno) y novelistas, entre ellos, Juan Madrid, el que nos hizo crecer con Brigada Central. Y con el que seguimos creciendo. Fue él quien nos dijo que un poeta no era más que «un decorador de interiores que usa las palabras como armarios».

Y fue Juan Madrid quien nos dio la bienvenida sarcástica que nos merecemos mientras brindábamos con más whisky:

«Bienvenidos a Chipre»

Esto es la Semana Negra, y que continúe por mucho tiempo!

Uno siempre vuelve a los clásicos. Hoy me ha dado por «El largo adiós» de Raymond Chandler. Esta vez lo he leído a través de sus diálogos, en los que se deslizan frases lapidarias y pensamientos inteligentes, sarcásticos y frescos. Del ahora.

Aquí van algunos:

“Mi tipo de orgullo es diferente. Es el orgullo de un hombre que no tiene nada más”.

“Me dedico a matar el tiempo, pero le cuesta morirse”.

“La mayoría de la gente utiliza la mitad de su energía en proteger una dignidad que nunca ha tenido”.

“Tuve la suerte que sólo se consigue cuando te despreocupas”.

“No hay trampa más mortal que la que se prepara uno mismo”.

Y de los pensamientos vitales a la gastronomía, porque esta novela también es negra y gastronómica, como El Chef ha muerto:

“Fuimos a un drive in donde preparaban unas hamburguesas que ni siquiera sabían como algo que un perro estuviera dispuesto a comerse. Hice que Terry Lennox ingiriese un par y las rociara con una cerveza”.

Y como esto no funcionó, el propio Marlowe cocinó un par de huevos revueltos con beicon, café y tostadas a Lennox. Eso que sólo hace un amigo para hacerte despertar de un mal sueño.

Y el gimlet como fetiche:

“Un verdadero gimlet es mitad ginebra y mitad Rose’s Lime Juice, y nada más. Los martinis no tienen nada que hacer a su lado”.

El humor, no falta:

«-¿Cómo le gusta el té, señor Marlowe?

-Tal como sale de la tetera».

Y tampoco la relación íntima de Marlowe con el café:

 “Fui a la cocina a hacer café. Fuerte, amargo, ardiente, cruel, depravado. El fluido vital de las personas cansadas”.

Ni la crítica demoledora:

“Los americanos se comen cualquier porquería con tal de que esté tostada, sujeta con un par de mondadientes y se le salga la lechuga por uno de los lados, mejor aún si está un poquito lacia”.

Un adiós que nunca acaba: Raymond Chandler.

 

Si hay visita obligada en Barcelona para una canaria que vive en Madrid es la Barceloneta, donde, por lo menos, se puede ver el mar. Pero si encima es fan de la novela negra, la visita es imprescindible. En la calle de la Salt está una de las mejores librerías de literatura negra de España: Negra y Criminal.

Y allí que me planté el viernes, sin avisar. En la mesa de las novedades, bajo el santuario privado de la librería, El Chef ha muerto.

Y cuando me iba, Paco Camarasa y Montse Clavé me convencieron: tenía que regresar el sábado a su sesión de mejillones.

Entonces recordé el mailing que siempre me llega de la librería invitándome a esos sábados y que siempre me dije: alguna vez iré. Total, cambié el billete del AVE y el sábado repetí. No me arrepentí.

Lo primero fue una sorpresa y un honor. Montse Clavé me «invistió» con la camiseta «Negra y Criminal» como una más del club de escritores de la librería.  Sus palabras fueron: «menos mal que entra una chica más a la novela negra, que todos son tíos».

Después me dejé llevar por el aroma de los mejillones, el vino tinto y la conversación casual con lectores, escritores, dibujantes, aficionados. Divagaciones  sobre la vida con psiquiatras gourmet y vividores canallas y curiosidad por descubrir qué dice en ruso la portada de este libro:

Los libreros, siempre atentos: «¡Aquí está la edición de «El Pato de Pequín» que estabas buscando!» «Para el verano lo mejor es..» «Creo que te va a gustar…». Y el librero también atendió mi petición: «El topo a la luz del día» del periodista gastronómico Pau Arenós, editado en 2003.

Está claro. No hay nada como el librer@. Te conocen, conocen el género, te aconsejan, te animan, te presentan, te conectan, te miman. Es tiempo de volver a la esencia, a la librería de los libreros, a Negra y Criminal, esa que se une a ti como el potente sabor a mar de los mejillones de roca del Mediterráneo.

Ayer fue la presentación de El Chef ha muerto en La Central de Barcelona y el lujazo, además de la gente que vino, entre ellos mis colegas Xavier Agulló y Carlos Rondón que venían dandole vueltas al COOKCIRCUS, fue Joan Roca.

Siempre pensé que Joan era el cocinero poeta y ayer lo confirmé. Me dejó embelesada con su relato sobre nuestra amistad y sobre sus emociones con la novela.

Dijo que la novela le atrapó desde el principio y que entre líneas descubre las entrañas de la alta gastronomía. Que saboreó las descripciones de los platos y de los vinos. Que disfrutó reconociendo entre líneas los paralelismos con la realidad del mundillo de la alta gastronomía. Que le fascinó el investigador Ven Cabreira: “un tipo entre Torrente, Carvalho y Colombo”. Y que sólo esperaba que la próxima novela no fuera sobre el asesinato del segundo mejor cocinero del mundo 🙂

Y para acabar un maridaje canalla y vengativo en mesa de alta cocina: Pulpo en salpicón y empanada de pulpo con gin-tonic y mucho cava.

Gracias a todos y especialmente a Maria Calabuig por su Fever Tree, a A Ruta Gallega por su empanada, a Virginie por la cariñosa acogida en La Central y a Diana Fyss de Zazie’s bag por sus fotos (la que aparece en la solapa del libro y las de la presentación) y por su trabajo en la organización de este sueño hecho realidad.

Nota de prensa de la presentación.

Esta tarde a las siete en La Central de Barcelona (C/Mallorca, 237), el cocinero Joan Roca de El Celler de Can Roca presenta «El Chef ha muerto».

Es como el chupinazo sanferminero: presentar una novela negra gastronómica en una ciudad de chefs y gourmets. Y en una ciudad de amantes de la literatura negra y de escritores que introdujeron este género en España, como Manuel Vázquez Montalbán, Andreu Martín, Francisco González Ledesma.

Y por respeto, esta mañana me he paseado pidiendo permiso al espíritu de Vallvidrera, donde vivía Carvalho.

Ahora ha sido el periodista gastronómico Curro Lucas quien, tras leer El Chef ha muerto, ha alimentado su imaginación para perpetrar unas Entrañas de chef en salsa de humor negro o, lo que es lo mismo, unos espaguetis rojos de ajo y guindilla con tapenade de aceituna negra.

Y el plato, colgada en su blog canalla de música y cocina Recetas en tres acordes, tiene, mucho, mucho humor.

Aquí está su inspiración culinaria Negra, Urbana y Canalla:

No, amable lector, no se marche. No hay nada de canibalismo en este plato. No se me ocurriría tal cosa. Es un sencillo plato de pasta con un tapenade de aceitunas negras, que se llama así en homenaje a una novela negra. Me explico:

Hace un mes, mi amiga Yanet Acosta publicaba su primera novela, ‘El Chef ha muerto’, y lanzaba, a su gente, el reto de elaborar recetas inspiradas en sus páginas. Devorados todos los capítulos de esa obra negra, urbana y canalla, se me ocurrió este plato digno de Ven Cabreira, el protagonista, si no se alimentara solo de fabada en lata.

En cuanto a lo musical, no me imagino a los personajes de la novela escuchando afilados riff de guitarra, ni complejos discos de jazz u otras rarezas. Por mi parte, las muertes misteriosas siempre me han evocado el sonido del violín. Ara Malikian es uno de mis violinistas favoritos, especialmente por esa actitud de puro rocanrol que tiene sobre el escenario y ante la vida,  pese a que a un virtuoso se le presupone más formalidad.

De su extensa discografía me quedo con ‘Lejos’ porque creo que armoniza con la novela, que lleva a sus personajes a varios países lejanos en busca de pistas sobre la misteriosa muerte del chef más importante del mundo.

Aquí dejo las pistas para resolver el plato:

Las entrañas del chef

  • Espaguetis (rojos) de ajo y guindilla. Yo he usado los spaghetti all’ aglio e peperoncino de la marca Dalla Costa.

La salsa de humor negro (tapenade de aceitunas negras)

  •  150 gramos de aceitunas negras sin hueso. Mis favoritas para esta salsa son de la variedad ‘Cacereña’.
  • Un diente de ajo
  • Dos cucharadas de alcaparras
  • Una cucharada de mostaza
  • 4 o 5 anchoas
  • El zumo de medio limón
  • Un poco de tomillo y romero
  • Sal y pimienta negra recién molida
  • Aceite de oliva virgen extra a placer, hasta conseguir la textura deseada

Introducir en un robot de cocina aceitunas, jugo de limón, ajo, alcaparras, mostaza, anchoas (troceadas), tomillo y romero. Procesar a velocidad baja o media. Incorporar poco a poco el aceite de oliva mientras se va haciendo el paté. Detener cuando consiga la textura deseada.

Para preparar la pasta, calentar abundante agua con sal y cuando empiece a hervir, cocer la pasta hasta que esté al dente. Con la que yo he utilizado, unos 10 minutos.

Servir la pasta en un plato mezclando con un poco de tapenade y a disfrutar pensando que son las tripas y vísceras de un chef mediático insoportable.

El tapenade que sobre puedes disfrutarlo con pan tostado, ensaladas de tomate, con cebolla y melva, aguacate, mozzarella, o con lo que dicte tu imaginación.

En cuanto a ‘Lejos’, el disco de Ara Malikian que he estado degustando mientras preparaba esta gastro-canallada, es una maravilla instrumental completa.

Si debo elegir una canción, me quedo con Carne Cruda, por tener un título con connotaciones gastronómicas y a cadáver animal. También disfruto mucho con los tangos Viejos Aires y Tango en silencio, donde Malikian logra sacar de su violín la melancolía de los bandoneones argentinos.

Y los tres primeros temas son fabulosos: Creo, Mil Tristezas y Brasil Sacrificado.

Salud y rocanrol

Gracias, Curro, el plato está para: ¡comerse los dedos!

 

La novela negra me parece el mejor género para entender la sociedad. En un viaje a China me llevé «Muerte de una heroína roja» de Qiu Xiaolong y fue toda una revelación. Entendí lo que eran los cuadros del partido. Y, por supuesto, fue una de las mejores fuentes de información gastronómica.

El inspector jefe Chen Cao es un gourmet de tomo y lomo. Nada que ver con Ven Cabreira de «El Chef ha muerto«. Y lo demuestra nada más comenzar la novela con uno de los platos más exquisitos y enrevesados de la cocina china: el pollo al mendigo, una receta que se supone que nació «cuando un mendigo cocinó un pollo envuelto en hojas de loto y arcilla enterrándolo en un lecho de brasas».

Y de ahí, a la realidad del día a día. El desayuno en familia: «sopa de fideos con carne y unas cuantas cebolletas». Dim sum callejeros y fideos, más fideos.

Con esta novela aprendes que la denominación genérica «té» es vacía: para cada momento hay un té. Y no sólo hay variedades (Oolong o Wulong, la favorita del inspector), sino también de servirlas, como el té gongfu, propia de «sibaritas».

También se aprende algún truco para mantener los cangrejos de río bien alimentados hasta su muerte. Conservarlos en cubos llenos de sésamo. «Así no pierden peso. Es un alimento muy nutritivo para ellos» (punto perverso que tiene la cocina).

La novela transcurre en Shanghai, pero también corren por ella aires de otras regiones de china, como de Guangzhou, conocida por «su imaginación desbordante: sopa de serpiente, estofado de perro, salsa de sesos de mono, … o platos preparados a base de gato salvaje o rata de bambú. Con los animales vivos expuestos en las jaulas, los clientes no tienen dudas acerca de la calidad de sus platos».

Los nombres de los platos chinos, esconden siempre leyendas. Como los fideos Cruzando el puente de piedra o Batalla de tigre y dragón. Atemporales, pero efectivas y literarias. Legado de una rica cultura de tradición oral.

Cuando voy a Estados Unidos me engancho con los programas gastronómicos. Uno de los que más me gusta es el de Andrew Zimmern, «Bizarre Foods», de Travel Channel. De vez en cuando me da el punto y entro en su página en Internet a ver por dónde se ha paseado y el otro día me encuentro una receta: Gazpacho.

Toda mi admiración se quedó congelada cuando comencé a leer la lista de ingredientes: zumo de tomate, orégano seco, albahaca fresca, aceite de oliva virgen, ajo fresco, salsa picante Crystal, zumo de limón, vinagre, salsa Worchestershire, tomates fresco, pepinos, pimiento verde y cebolla roja.

Y aunque cada familia tenga su propia receta para la humilde y sencilla sopa fría española y aunque existan muchas variedades dependiendo de los ingredientes (ya iremos por los mil entre las aportaciones de Alberto Herraiz y la Duquesa de Alba escritas por Eva Celada), esto nada tiene que ver con un gazpacho.

Total, que lo puse en mi muro Facebook y Carmen Fuente de Caracol Picante me tomó el testigo: «Hay que decir que al pan, pan y al vino, vino» y puso un comentario. Después me animé yo a poner una receta. Y entonces intervino el historiador y profesor en la NYU,  además de aficionado a la gastronomía, James Fernandez: «Take Back the Soup«; ¡sois ciberactivistas defendiendo el patrimonio cultural español de los insidiosos ataques de la globalización!».

Entonces me puse a mirar las recetas de gazpacho publicadas en otros medios estadounidenses. En The New York Times, la afición por hacer el gazpacho picante se mantiene, así como la de poner ingredientes chocantes: tomates, pepinos, cebolla roja, pimiento verde, pimiento rojo, jalapeños, comino, sal, pimienta de cayena, vinagre y 8 hojas de gelatina.

Seguí con la búsqueda y me encontré que el uso de la  salsa Worchestershire para el gazpacho también se prodiga en el Reino Unido. En el portal allrecipes.co.uk además de la salsa en cuestión, el gazpacho clásico lleva zanahoria, cilantro, zumo de tomate, zumo de limón, vinagre, ajo y aceite de oliva.

En Kansas City la idea es poner azúcar al gazpacho y eso que está hermanada con Sevilla.

Definitivamente, hay que tomar partido y pasar a la acción. Es el momento de explicarnos, porque está claro que cuando hablamos de gazpacho con un estadounidense o con un inglés no siempre estamos hablando de los mismo (algo parecido ocurre con las tapas).

Es el momento del ciberactivismo gastronómico.

Anonymous Gastronomicus.

¿Un nuevo caso de Ven Cabreira después de «El Chef ha muerto»?

Y por si acaso, aquí está la versión seria de la receta del gazpacho en Wikipedia en inglés y en español.