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La asociación de ideas es la que hace emocional a la cocina. La infancia huele a merluza rebozada y a purrusalda, la adolescencia a hamburguesa y la madurez al steak tartar de tu suegra. Pero también los sabores se asocian a épocas del año y no sólo porque sean el plato habitual del calendario.

Esto ocurre con el bienmesabe, que aunque en Canarias alude a un dulce de almendras, en Cádiz se trata de cazón adobado con un rebozado crujiente. Este plato gaditano, aunque se coma en cualquier época del año, sabe a verano y ahora que comienza a acabarse, les dejo la receta que me dio María, propietaria de la taberna gaditana La Caleta en Madrid. Lo mejor es acompañarlo de una manzanilla, que recuerda al salitre del mar, escuchando Playas de Barbate de Chambao.


Receta del cazón de María (La Caleta) 

Por cada parte de cazón cortado en dados, añadir 3/4 de vinagre y 1/4 de agua y especiar con comino, pimentón dulce, ajo machacado con su piel, orégano y sal. Dejar macerar en el frigorífico entre tres y cuatro horas y rebozarlo con una mezcla de harina de trigo duro y harina de garbanzo. Freír en aceite caliente y al cucurucho.

(Por cierto, dice María que el secreto está en hacer una gran cantidad, más de tres kilos de pescado de la vez, así que aprovecha e invita a los amigos y comparte el sabor del verano).

Y para que se vea que también se toma en Canarias el bienmesabe de cazón, aquí una foto del último que tomé en Gran Canaria, en Allende Triana (nombre de un barrio de Las Palmas).

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Restaurantes que cierran, varios meses de sueldos sin pagar, negocios paralelos para compensar las pérdidas y renegados de la alta cocina y de la vanguardia. Estas son algunas de las consecuencias de la crisis en España.

Hace tan sólo cuatro años, los españoles eran capaces de ahorrar para disfrutar de un restaurante que, hasta entonces, sólo habían podido pagar los más pudientes. Y es posible que esta popularidad hiriera a algunos, porque de eso ya ni rastro.

Ahora toca buscar la tapa gratis con una bebida barata -aunque sea un trozo de tortilla duro y rancio- y el menú asequible, aunque sea de V gama. Afortunadamente, pese a este panorama, aún quedan refugios con muy buena cocina y menús que se pueden pagar, incluso aunque sea un destino veraniego.

En el Cabo de Gata, en la localidad de Los Albaricoques, se encuentra el restaurante Alba. Además de bienmesabe, jibia en salsa, salmorejo y ajoblanco espectaculares, el local te traslada a la historia del spaguetti western.

Numerosas mesas y sillas, que uno imagina que alguna vez estuvieron todas ocupadas en un almuerzo ajetreado tras un rodaje. En la cocina, la madre, en la barra, el padre, y en la sala el hijo, quien dice que no recomienda ningún vino porque no le gusta, ni el vino ni la hostelería.

A la salida del restaurante hay una vitrina donde se venden películas que han rodado en el pueblo, productos artesanos, y algunos libros, entre ellos, Bodas de sangre de Federico García Lorca y Puñal de claveles de Carmen de Burgos, ambos basados en la tragedia vivida en el Cortijo del Fraile, cerca de Los Albaricoques.

Calle arriba, una era, casas bajas blancas y una pitera. Inconfundible escenario del duelo final de La muerte tenía un precio. Pena que no salga de la pantalla ese Clint Eastwood que arranca la insignia al sheriff diciendo:

¿No se supone que el sheriff debe ser valiente, leal y, sobre todo, honesto?

Señores, El chef ha muerto.

(Gracias a Curro Lucas por sus recomendaciones en el Cabo de Gata).