Archivos de la categoría ‘Gastronomía y vino’

Albaricoques deshidratados de Tayikistán

Lo bueno de una crisis es que te hace volver al origen del regalo, que es únicamente, simbólico y no por su valor económico.

Y es así como estas Navidades me han llegado los mejores regalos, los que no se olvidan, por ser símbolos.

Mi favorito, unos orejones traídos de Tayikistán (un país en el que se habla ruso y tayico o persa, que hace frontera con Afganistán, China, Kirguistán y Uzbekistán) por una de mis amigas viajeras. Me contó que ese país es uno de los principales productores de albaricoques secos, que desde el punto de vista agrícola necesita un empujón, pero que en este producto, que exportan en gran medida, tienen mucha calidad. Y que esta puede ser una de sus bazas ante el papel que le tocará jugar con un Afganistán dejado a su suerte probablemente durante 2013 y una Rusia acechante que apoya a un megalómano en el poder.

Y me los ofreció diciéndome:

Son para que te den la energía para seguir andando el camino.

¡Gracias Isabelle!

El capricho del Teide

Alberto Chicote arrasa en la ranking de audiencia con su Pesadilla en la cocina y La Sexta lo elige para dar las uvas el último día del año. Pero le ha salido una fuerte competidora: Cecilia.

No hay quien recuerde su apellido, pero a nadie se le olvida su versión restaurada del Ecce Homo. La revelación del año, la noticia que ha llevado a España como nunca a titulares en la prensa internacional (si exceptuamos la crisis económica).

Ya ha salido el vino Ecce Homo, el concurso de pintura con el nombre de la autora, las camisetas, las crepes decoradas con la imagen y, lo mejor, el disfraz del Ecce Homo. El regalo perfecto para cualquiera que quiera triunfar en la parrilla televisiva estas Navidades, incluido el rey, quien no ha conseguido audiencia ni abriéndose canal de Youtube.

Pero por más que miro esa imagen, que ha sido el pitorreo total del arte, la restauración y el buen gusto (por muchas visitas que le esté dando a Borja), es como si me comiera una de esas Cocretas de balística que te ponen en demasiados bares. Esas que te dejan el estómago como nos lo ha dejado 2012, agotado, al límite del resuello.

Llega 2013, con el comienzo de una nueva Era, que apuesto por comer enCrudo, con otros muchos proyectos, literarios y docentes, con buenos profesionales y amigos, con una mirada global y desde el corazón.

enCrudo

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Ya nada es lo que era. Ver a tres señoras que visitan El Corte Inglés de Callao de pie, alrededor de una barra, pidiendo una copa de vino blanco y acto seguido metiendo las manos en una salsa en la que pescan un caparazón de nécora (chilli crab lo llaman, pero se escribe chili) que chupan en busca de la hebra blanca de carne y verte a ti misma con los goterones hasta la mitad del brazo y por toda la copa, no tiene precio. O sí: entre 12 y 14 euros por plato, lo que supone unos 40 euros por persona (140 euros menos de lo que cuesta comer en su casa madre, DiverXo).

La sartén al fuego ardía y la cuadrilla made in David Muñoz, tatuaje por bandera y pelo güay, a su rollo. Dim sum de gambas, sobre salsa, dim sum de cocido (muy bueno éste) sobre salsa y un espeto de pollo que no me dijo mucho en una servilleta sobre la barra. Y nada de cubiertos, ni de cucharas, porque dicen que así se come en  la calle en Asia.

Pero a mí todo esto me recuerda más a la comida rápida del barrio chino de Nueva York, donde te cascas 10 dim sum por un dólar. En la forma, porque el sabor del dim sum de cocido, del sándwich club (lo único que de verdad puede comer con las manos sin pringarme) y de la salsa de chili del cangrejo están espectaculares, a la altura de las vistas desde esta novena planta en el centro de Madrid.

Aquí van mis recomendaciones para quienes quieran vivir esta gourmet experience:

  • Llevar camisa que se pueda remangar.
  • No tener empacho de usar 20 servilletas de papel fino pequeñas (para las señoras, tener preparadas las toallitas húmedas por fuera del bolso).
  • Pedir botellín de cerveza sin copa para evitar la marranada de los dedos grasientos en la copa de cristal y porque a esta comida le va mejor la cerveza.
  • Tranquilos, en 20 minutos se puede comer, así que estar de pie en la barra no cansa.

Imagen de la guía Michelin

Acabo de encontrar una sección maravillosa en la web de la Guía Michelin: Preguntas frecuentes. Bajo este simple epígrafe se encuentra una batería de auto-preguntas y auto-respuestas, que se podrían calificar de auto-ayuda.

Entre ellas aquí está mi favorita:

¿Es La guía MICHELIN una guía francesa?

La guía MICHELIN es francesa en Francia, es española en España y japonesa en Japón.

¿Será este su éxito?

Para saber más: Tinta de calamar en la cadena Ser.

Pesadilla en la cocina 2

Cada vez más gente piensa lo mismo. Pesadilla en la cocina sigue un guión, pero Alberto Chicote es tajante:

«Nada de nada. Lo que ves es exactamente así».

Y a uno se le sigue quedando la idea del guión, porque un espectador es, sobre todo, incrédulo.

Así que aproveché y hablé con la productora del programa para conocer los intríngulis:

¿Salen actores en los programas?

Nos sería imposible encontrar tan buenos actores.

¿Hay guión?

No. Hay trabajo de casting de restaurantes y trabajo de edición cuando se termina de grabar un programa.

¿Cobran los restaurantes que se presentan?

No, aunque la reforma del local y otros regalos van por cuenta del programa.

¿Cómo se eligen?

Algunos se eligen entre los que escriben al programa, mientras que otros son elegidos por el propio equipo del programa que busca activamente locales con problemas.

¿Cuál es el criterio para seleccionar el restaurante que entra al programa?

Se selecciona el caso más potente, el que llegue al espectador.

¿Conoce Alberto los lugares antes de ir?

No, pero sí parte de su propio equipo de cocina que estudia la carta y el lugar. Así, Chicote adelanta parte de su trabajo cuando llega al restaurante y propone el cambio de carta.

¿Cómo es posible que parezcan sacados de una peli los dueños y empleados de los restaurantes?

Estamos rodeados de excéntricos. La realidad supera la ficción.

Para saber más ver la entrevista a Chicote y la opinión de la autora sobre el programa en Tinta de Calamar.

Después de varios programas de Pesadilla en la cocina con Alberto Chicote, llegué a una conclusión: la pesadilla son los dueños, pero en la cocina, en las redacciones y en muchas empresas.

El artículo completo está en el blog de la Cadena Ser, Tinta de Calamar.

Hoy me levanté festejando el 13 de noviembre leyendo a mi tocayo de día Robert Louis Stevenson. Y para celebrarlo, un cuento escalofriante «Janet la contrahecha» publicado en La isla de las voces, en una edición de 1985 de la editorial Siruela prologado por Jorge Luis Borges.

Decía Borges:

«Me es tan difícil escribir sobre Stevenson como escribir sobre un amigo íntimo»

Y Stevenson siempre vuelve, como el recuerdo de un amigo de la infancia, con el terror de la dualidad maligna, con el sueño del viaje lejano y  la rica soledad de la vida.

También regresa con frases que saboreas como la que habla del protagonista de «Janet la contrahecha»:

«No cabía la menor duda de que el reverendo Soulis había pasado demasiado tiempo en la universidad. Se interesaba y se preocupaba de muchas cosas además de la única verdaderamente necesaria».

Cuando hago memoria gastronómica de su lectura, recuerdo el vino que paladeaba con sus amigos el Doctor Jeckyl y de la despensa llena de vinos de Mr. Hyde. Pero, Mr. Utterson, el abogado:

«Cuando estaba solo bebía ginebra para castigar su gusto por los buenos vinos, y, aunque le gustaba el teatro, no había traspuesto en veinte años el umbral de un solo local de aquella especie».

Así que hoy brindaremos, con vino y, después, con ginebra.

Publicado: 06/11/2012 en Gastronomía y vino

Jamás pensé que una Y (la de mi nombre) fuese la que provocara un post como este. Sólo espero que pronto pueda leerse completamente en inglés. Thanks a lot!

Avatar de Jose Ignacio Escribano García-BosqueA Crime is Afoot

The Crime Fiction Alphabet arrives this week to letter “y”, and my Y is for Yanet. Yanet Acosta was born in Grachico (Tenerife) and has spent twenty year in Madrid. She is a writer and an specialised journalist in gastronomy. She teaches journalism at the University. Her first book The Chef’s Dead was published in July 2011. The argument revolves around a world-renowned Spanish chef that has died in Korea while he was eating a live octopus. Was it an accident, a homicide or a suicide? An insurance company must find out. A former member of CESID, the former Spanish intelligence agency, is hired to discover the truth.

I must admit I have not read her book but she is the only author I’ve found in Spanish to cover the letter “y”. As an added bonus you can read HEREthe first chapters of her book translated into English by…

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Baboso, lejos de su significado en el diccionario, es una uva autóctona de Tenerife. Es originaria de El Hierro, prefiloxérica como todas las canarias, pues aquí no llegó el mortal virus que a finales del siglo XIX arruinó la viticultura española, recuperada por Juan Jesús Méndez de Bodegas Viñátigo. Es una variedad difícil, casi indomable, de un rendimiento muy bajo de tan solo un kilo por planta y de un coste de siete euros por litro.

Por eso muy pocos se atreven con ella. Y, entre ellos, un joven viticultor de 27 años, Borja Pérez. Actualmente lleva las riendas de la bodega familiar, Viñamonte, perteneciente a la Denominación de Origen Ycoden-Daute-Isora, pero con la baboso quiere lanzarse a hacer su propio proyecto.

El otoño llega muy sutil a una Isla casi subtropical, pero se dibuja claro en las hojas del viñedo, que se encuentra en un enclave espectacular entre el monte y el mar, en las medianías del norte de Tenerife.

Unas horas visitando las vides y la bodega dejan el regusto del habla de las gentes del vino, para quienes su actividad es parte de una novela, en la que la uva y el vino protagonizan la trama.

Borja eligió la variedad baboso para su proyecto personal porque «es una uva que me intriga«. Nunca sabe cómo responderá, pero tiene la confianza que le dará un vino del que sentirse orgulloso.

Reconoce que no será un vino de 100 euros, pero su ilusión es hacer el mejor con destino a la exportación.

Este es un proyecto lento, del que es consciente que a lo mejor llega a su punto más álgido en dos generaciones más, pero, aunque «la agricultura es lenta, el ciclo es tan rápido que parece que el vino va por delante de ti».

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La pasada semana se estrenó en La Laguna (Tenerife) La Garnacha. Una obra inspirada en el teatro del siglo de Oro, cuando nació este tipo de agrupación, junto con otras como el bululú, el ñaque, la gangarilla o el cambaleo, pero con la actualización de los tiempos que corren -no muy lejanos, tampoco- a aquel momento.

El autor, director y actor, Óscar Bacallado, trabaja el lenguaje rimado con elegancia y recupera el palimpsesto tan habitual en épocas de crisis, es decir, obras que tienen más de una lectura.

Bajo la risa, a veces, y la sonrisa, otras, desgarra a través de historias sencillas que se desencadenan en una taberna, el lado más aprovechado y estúpido del ser humano.

Y si el texto es importante para capturar al espectador, mucho más lo es que los actores consigan hacerlo creíble. Y ahí, Mar Marrero, Antonio Conejo, Idaira Santana y el propio Óscar Bacallado, lo bordan. Destaco, no obstante, no sé si por sentimiento afín o por su papel protagonista a través del que se estructura toda la obra, el papel de Antonio Conejo como monje socarrón, distinguido con tonsura, que disfruta del placer del cordero, del vino y del entretenimiento a costa de lo que le cuentan los demás, que luego aprovechará para escribir sus propias historias.

La puesta en escena consigue que el espectador sea partícipe de la farsa, especialmente con las rupturas del monje de la cuarta pared, dirigiéndose cómplice al público, un recurso, que, utilizado con mesura, funciona. Menos interesante es la salida del escenario de los actores, aunque sea por exigencias del espacio de la representación.

No obstante, el espectador forma parte del ambiente nada más llegar gracias al lugar escogido para la representación -una antigua ermita- y la fundamental copa de vino, junto a una tapa. Y es que La Garnacha, antes que uva, fue nombre de vestidura y después, de farsa.