Pistola (microrrelato Yanet Acosta)

En la cola del pan, pidió una pistola.

La lió.

 

 

*En Madrid la barra de pan se conoce como pistola. Según el escritor Miguel Ángel Almodóvar, es el nombre que se le daba a media barra del pan de Viena que introdujo en Madrid el tío de Pío Baroja. Se debe a una traducción del nombre que se usaba en Alemania para este pan, «pistole».

Últimos días en el Puesto del Este

Me gusta leer una novela del tirón. Un novela que cuente lo esencial y que te envuelva durante cuatro horas en la mirada y en la cabeza de su autor. Y con Últimos días en el Puesto del Este lo conseguí. Una cascada de pensamientos y emociones en una situación límite, de sitio, que es falta de libertad y acecho de los otros. Una cascada, como la melena de su protagonista,  la Polaca. Una mujer que acompañaba sus mañanas triviales con champán y sus tardes de ilusión de amor con ginebra. Y que, a la vuelta de la esquina, se encuentra masticando el cuero, «hasta que se agarrotan las mandíbulas y las sienes».

Cristina Fallarás ha escrito esta novela que es hambre. Es decir, ausencia. Ya no está el capitán, ni el orden, ni lo que permitía que todo funcionara con cierto respeto. Es la retaguardia de una guerra, la más difícil, en la que se combate con la naturaleza propia, y la de los otros. Especialmente la envidia, esa que corroe porque al ver a la Polaca ven una naturaleza intacta, que sigue amando, aún en tiempo de guerra.

La salida al hambre es una rata o la mezcla de arcilla y harina, o la combinación de agua, cal y manteca simulando leche. También un cuento, en el que un bufón consigue ser príncipe gracias a una bola de opio que toma como un caramelo de limón.

Últimos días en el Puesto del Este es una cascada que acaba como la melena de su protagonista, la Polaca, rapada. Una novela para tomar de una dosis, como el cianuro, y para reconocer que su autora es una de las grandes de la novela negra española.

Cómo perder el sentido en nueve pasos y medio

Un post gastrosexual para la Cadena Ser 🙂

Enlace  —  Publicado: 20/02/2013 en Gastronomía y vino

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Es curioso que en esta edición de Madrid Fusión haya sido consciente de una de las grandes realidades en lo que a la emoción se refiere: hay veces que los motivos para querer a alguien son los mismos que para odiarlo.

Y así es como detallo 10 de estos motivos en el blog de la Cadena Ser, Tinta de Calamar

Uno de estos motivos es lo poco que se come. Es ideal porque durante todas las ediciones tengo mi dieta obligada post navideña, pero por otro ya no sé ni qué cara poner cuando todos te miran con envidia pensando en cómo te has tenido que poner las botas. Y, claro, comida hay mucha, pero toda para las fotos, porque esto es una pasarela, un encuentro de egos, de ellos, los cocineros, y nuestros, los periodistas, pero también un encuentro entre amigos y un foro donde ver las tendencias que marcarán los próximos meses de la gastronomía.

 

Portada epub El Chef ha muerto

Esto es algo de lo que le pasa a Lucy Belda, la periodista gastronómica de El chef ha muerto:

 

Lucy lleva horas en la cama. Siente un deseo irrefrenable de fumar, de autodestruirse, de desaparecer. Necesita hablar de esto, contárselo a alguien. Coge su móvil entre las manos. Repasa su libreta de contactos. Uno tras otro. Periodistas, cocineros, blogueros, compañeros de trabajo, ex-compañeros de trabajo, ex-compañeros de estudios, ex-compañeros de clase de inglés, jefes de prensa, ligues de uno o dos días, su antiguo profesor de francés, su madre y su ex-novio. Vuelve a repasar la agenda repleta de ex-contactos. No tiene a quién llamar.

 

Sigue leyendo.

El gourmet solitario

Después de quedarme enamorada de la lectura de la novela gráfica Los ignorantes, José Ramón, mi amigo fanzinero de Logroño me hizo un regalo grande: El gourmet solitario.

La vida, comida tras comida, en el día a día. Momentos sin más que reflejan la sociedad japonesa a través de sus restaurantes, en los que también hay camareros que contestan aquello tan español de «aquí no hay de eso».
Me gustan especialmente las viñetas que recogen la esencia de cada barrio de Tokio, esas que hacen soñar o añorar esa ciudad que el propio cómic define como «curiosa» en un dibujo en el que un enorme edificio tiene como finca contigua una pequeña casa al lado de un idílico puente.
Es un manga gastronómico, pero el protagonista, un comerciante de vajillas llamado Sr Inokashira, es abstemio. Un abstemio que en ocasiones desearía tomar sólo para no desentonar en los garitos que entra o porque añora su combinación con los sabores (cerveza con gyoza por la grasa, por ejemplo). Pero se confiesa: soy el prototipo de japonés que no puede tomar alcohol (por compulsivo).
Las viñetas despiertan el apetito, seducen en blanco y negro, entre las volutas del vapor que desprenden los platos y las onomatopeyas: Mmmñam, argslurp y tchak (¡el sonido de los palillos!).
El protagonista disfruta de la comida hasta en su último episodio en un hospital al que llega con las costillas rotas por un accidente en el trabajo. Su vecino de habitación apenas puede sorber, pero se apura en tragar lo que puede. Entonces, piensa:
«Comemos, luego existimos. Así es la vida».

Un fragmento de la novela El chef ha muerto en el que el detective Ven Cabreira lee las etiquetas de los envases de un refresco y un paquete de cacahuetes:

Aditivos adictivos

Hoy es él quien prefiere ser creativo y se compone su propio menú: unos cacahuetes y un refresco light. “Si se come poco se engorda poco”, concluye. Se ha propuesto adelgazar y volver a hacer footing, como cuando estaba en Nueva York. Esto le recuerda que tiene que comprarse ya otros zapatos. A lo mejor encuentra en cualquier zapatería de Burdeos una oferta de zapatillas y zapatos para ejecutivos, dos por uno. Ahora, con la crisis, no les queda otra que ir andando a la oficina.

La azafata le entrega el paquete de cacahuetes y el refresco.

—Que lo disfrute, señor.

Ven pinta una mueca bajo el bigote. No se le ocurre cómo podría disfrutar de nada que se ingiera si no sabe como sabe. Baja la mirada y se entretiene leyendo el listado de ingredientes del paquete de cacahuetes: sorbitol (uno de los supuestos laxantes según Sofriti), almidón modificado de patata (un transgénico, advierte la guía del italiano) y con el resto ya se pierde: goma arábica, harina de arroz, extracto de levadura, levadura en polvo, azúcar caramelizado, dextrosa, aroma (sin especificar), especias (tampoco se especifica cuales), cebolla en polvo (¿para qué necesitan unos cacahuetes esto?), sal y cacahuetes. Por suerte, también cacahuetes.

El bigote de Ven se alza buscando la nariz. Sigue leyendo. El paquete está lleno de mensajes: “Hemos seleccionado frutos secos de excelente calidad y los hemos tostado al horno sin una gota de aceite para que queden así de sabrosos y especiales”. En el paquete también lee: “El consumo recomendado de frutos secos dentro de un estilo de vida saludable es de entre tres y siete porciones de 30 gramos por semana”. Y como eslogan: “¿Y hoy has sonreído?”.

El bigote de Ven regresa a su sitio natural. Sus ojos se fijan en la lata de refresco. Da un sorbo largo y se echa a la boca un puñado de los cacahuetes al horno. Intenta evitarlo, pero no puede. Se pone a leer también los ingredientes de lo que bebe: “agua carbonatada, colorante E-150d, edulcorantes E-952, E-950 y E-951, acidulante E-338, aromas (incluyendo cafeína) y corrector de acidez  E-331. Contiene una fuente de fenilalanina”. Y el previsible consejo: “Es recomendable seguir una dieta variada, moderada y equilibrada, así como un estilo de vida saludable”.

Definitivamente, siguiendo los mensajes de los envases, su dieta de fabada y whisky la podría cambiar por refresco y cacahuetes. Lo piensa un momento y llega a la conclusión de que del whisky no puede prescindir. Es su medicina. Ven llama a la azafata y le pide un White Horse de postre antes de aterrizar.

Lee la novela en Amazon.

Nuevo artículo para Tinta Calamar: Las arenas movedizas del pato y el foie gras

Un artículo sobre sabor y ética.

Enlace  —  Publicado: 09/01/2013 en Gastronomía y vino
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Grabado de Fernando FerroAsí, sin más. Un lector, vengativo, te envía un grabado y es tan bueno que me gustaría de portada de cualquiera de los libros que siguen.

Gracias Fernando Ferro.

 

Carne cruda

Ayer se estrenó Carne Cruda en Hora 25 y de broche final, una receta de salmón del filósofo Santiago Alba Rico, que merece la pena ser rescatada (minuto 16.41) y que aquí reproduzco:

Ingredientes

Un ejército imperial.

Cinco siglos de colonialismo.

Canales, fiordos y bahías entre la Patagonia y Chiloé.

Una multinacional del pescado.

Miles de jaulas circulares de 30×60 metros de profundidad.

8 kilos de pescado muerto por un kilo de salmón vivo.

Miles de dosis de antibiótico.

La Ley de Pesca y Agricultura de un Gobierno neoliberal.

2.400 millones de beneficios privados.

50.000 trabajadores mal pagados.

Millones de consumidores indiferentes.

Preparación

Olvide los ingredientes. Trate el olvido como si fuera un salmón. Sale el olvido. Extienda el olvido sobre una plancha encendida. Condimente el olvido con unas briznas de eneldo. Aplique al olvido una pincelada de nata fresca. Sirva el olvido aún caliente. Y no se olvide de dar gracias a dios por este abundante olvido.