«Atención, atención El Chef ha muerto y aquí está la culpable»
«¿Como murió ?»
«Enyugado»
«Atención, atención El Chef ha muerto y aquí está la culpable»
«¿Como murió ?»
«Enyugado»
Quizás el banquete más conocido sea el de Platón, en el que la comida y el vino eran una excusa para que los filósofos hablaran y ofrecieran discursos. Estos encuentros también se conocían como Simposio.
Los discursos dados en este tipo de banquetes, también llamados Simposio, eran recordados y difundidos oralmente.Y en especial este en el que participó Sócrates y giró en torno al amor y que Platón se decidió a recogerlos en el libro “El Banquete” escrito hacia el 380 antes de cristo.
En este libro se encuentra uno de los más famosos mitos sobre el amor, el de la “media naranja” y que nada tiene que ver con lo que se piensa en la actualidad. La explicación la da Aristófanes para quien en la antiguedad, la naturaleza humana era completamente diferente. De hecho, existían tres sexos: masculino, femenino y andrógino.
“La forma de cada persona era redonda, con la espalda y los costados en forma de círculo. Tenía cuatro manos, cuatro pies y dos rostros perfectamente iguales sobre un cuello circular. Y sobre estos dos rostros, situados en direcciones opuestas, una sola cabeza.
Eran también extraordinarios en fuerza y vigor y tenían un inmenso orgullo, hasta el punto de que conspiraron contra los dioses e intentaron subir hasta el cielo para atacarlos. Entonces, Zeus decidió cortarlos en dos mitades a cada uno para que fueran más débiles.
Una vez que fue seccionada en dos la forma original, cada ser, añoraba y buscaba su otra mitad. Por eso, desde hace tanto tiempo, el amor intenta hacer uno solo de dos».
De esta manera:
“Lo que se llama amor es el deseo y la persecución de ese todo, cuando éramos una sola persona hecha por lo masculino y lo femenino».
Las presentaciones de El Chef ha muerto en Madrid, en Barcelona y en Gijón han sido momentos inolvidables con grandes amigos de la literatura y de la gastronomía como Joan Roca, Carlos Salem y Ernesto Mallo. Sin embargo, la del martes 20 de diciembre ha sido la más especial porque se celebró en mi pueblo, Garachico.
Garachico está al norte de Tenerife, entre el mar y los acantilados, y en su corazón, se sitúa la plaza de La Libertad. En las mesas de su quiosco también se forjó El Chef ha muerto, puesto que la novela la terminé de escribir durante mis vacaciones veraniegas de 2010.
El periodista, escritor y catedrático de Periodismo, José Manuel de Pablos, quien además fue uno de sus primeros lectores, fue el encargado de presentarla.
La definió como:
«Una obra viva y fresca, moderna y llena de acción y emociones, de humanidad y humor, con pinceladas de erotismo y cuajada de cultura gastronómica y de lugares del mundo visitados por la autora».
Y de su protagonista, Ven Cabreira, dijo lo siguiente:
Ven Cabreira es un anti-héroe, taimado, astuto, sagaz, espabilado, madrileño, socarrón, hábil, travieso…que rompe con la sinfonía gastronómica de la novela, pero un personaje del que emana magia.
Y mágica fue esta noche de la presentación más emotiva de El Chef ha muerto.
Ulises, la novela escrita por el irlandés James Joyce Joyce y publicada en 1922, revolucionó el panorama literario del siglo XX y, en ella, todo lleva a la gastronomía.
Leopold Bloom es su protagonista. Un antihéroe, cuya historia es la de una Odisea contemporánea en Dublín en un solo día, porque:
“Toda vida consiste en muchos días. Día tras día”.
Para dar a conocer a su personaje principal, Joyce, habla de lo que come su protagonista:
El señor Leopold Bloom comía con deleite los órganos interiores de bestias y aves. Le gustaba la sopa espesa de menudillos, las mollejas, de sabor a nuez, el corazón relleno asado, las tajadas de hígado rebozadas con migas de corteza, las huevas de bacalao fritas. Sobre todo, le gustaban los riñones de cordero a la parrilla, que daban a su paladar un sutil sabor de orina levemente olorosa.
La mujer de Leopold Bloom, Molly, nacida en Gibraltar, pero de descendientes españoles, se identifica con lo que añora, unas pasas de Málaga.
Otra mujer, Gerty McDowell, anhela en vano y se pregunta:
¿Por qué uno no podría comer algo poético como violetas o rosas?
La novela discurre el 16 de junio de 1904 y el personaje de alguna manera se adelanta a la cocina española de vanguardia. Hoy podría pensar en el papel de flores de elBulli y otros tantos platos más de cocineros tecnoemocionales.
La realidad en Dublín les lleva a una y otra taberna, a tiendas y a platos, que podrían parecer exuberantes en la actualidad, como berberechos guisados y lechuga con mayonesa en conserva Lazenby. Y otros más conocidos como «fish&chips», que Bloom sentencia: «Nada bueno».
Pintas de cerveza, té, vino canario y vino de borgoña. Y para acompañar, aceitunas italianas, bocadillo de queso, ensalada de pepino fresca con puro aceite de oliva y cebolla española. Sopa de guisantes, un doméstico huevo duro y un puré de patatas cubierto de salsa de hígado. Para soñar
«un pastel de pichones cebados, unas tajadas de venado, un lomo de ternera, una ceceta con tocino ahumado, una cabeza de jabalí con pistachos, un cuenco de cándidas natillas, un vaso de aguardiente de nísperos y una botella de vino añejo del Rhin».
Según Bloom:
«Dios hizo la comida, y el diablo, los cocineros».
Una novela para zambullirse en sabores y dejarse llevar por su musicalidad hecha de una cascada de pensamientos, diálogos y reflexiones de un día, que aún se celebra comiendo (Bloomsday) y que bien podría ser de este siglo XXI.
Ginebra, en invierno, huele a queso fundido y vino caliente. Bajo la imagen de ciudad de miles de organizaciones gubernamentales y de entidades bancarias se encuentra también un sabor popular de pequeña ciudad.
Muy cerca de la plaza de Plainpalais, el centro neurálgico de la ciudad, se encuentra la librería Albatros. Rodrigo Díaz Pino, un peruano instalado en Ginebra hace 20 años, la regenta desde 1996.
Cientos de libros en español en una ciudad en la que vence el francés, el alemán y el inglés, pero donde siempre se encuentra a alguien con ganas de hablar en español.
Albatros es librería y editorial, pero, sobre todo, centro de encuentro de hispanoparlantes que disfrutan del ambiente cálido de este oasis de la literatura en español en Ginebra, en el que también ha encontrado su lugar El Chef ha muerto.
La pregunta que más me hacen últimamente es: ¿Dónde puedo comprar El Chef ha muerto?
La respuesta: En cualquier librería de España.
Por ejemplo:
De todas formas, te recomiendo encargar la novela en la librería que tengas más cerca.
El Chef ha muerto Yanet Acosta
ISBN: 978-84-92560-89-9
PÁGINAS: 211
PRECIO: 12€
DISTRIBUIDORA: Distriforma
¿Y se puede encontrar fuera de España?
Por ahora sólo está en la Librería Albatros de Ginebra (Suiza), pero también se puede adquirir a través de Internet en las páginas de las tiendas que mencioné anteriormente, en Amazon o en la web de la propia editorial Ediciones Amargord.
La noche más canalla puede comenzar con vinos de Jerez y tapas de huevas y mojama. Y, además, con una improvisada explicación sobre el lío de las diferencias entre finos, manzanillas, amontillados, olorosos y palo cortado.
Estos vinos, al igual que los de Oporto, tienen un halo de misterio. Probablemente porque fueron empresas inglesas las que estaban al tanto del negocio de este producto de lujo. Y cuanto más misterio, más exclusivo parece.
Y a lo que vamos, los vinos de Jerez. Se hacen con uva palomino principalmente. Después de la vendimia se pasa a fermentación. En este proceso, gracias a levaduras naturales, aparece lo que se denomina el velo de flor.
Si todo el proceso de la fermentación se hace bajo el velo de flor, es decir, sin oxígeno (para lo que se añade alcohol de 15 º), pues se obtienen vinos amontillados. Si se rompe el velo, salen los olorosos (se emboca con alcohol de más de 17 º).
Entre unos y otros está el palo cortado, que comienza siendo amontillado y termina como oloroso. «Un hermafrodita», como diría Linda Meyer en El Chef ha muerto.
El tiempo de crianza puede ir desde los tres años de los vinos finos o manzanillas si se hacen en Sanlúcar de Barrameda hasta más de 30, que son los que se conocen como VORS (siglas que responden a Vinum Optimum Rare Signatum).
Un muerto hay que quitárselo de encima cuanto antes. Así que, cuanto menos tiempo se necesite para preparar algo en la cocina, mejor. Y, aunque parezca mentira, un brownie de chocolate se hace en media hora. No hay duda, El Chef ha muerto.
Ingredientes
100 g de mantequilla
80 g de cobertura de chocolate negro
80 g de azúcar
60 g de harina (así, tal cual, o aromatizada con varias semillas de cardamomo si quieres darle un aire distinto)
40 g de anacardos (que son más baratos que las nueces)
2 huevos
Una pizca de sal para potenciar el sabor
Prepación
Ahh, esto fue lo que quedó…
(Con este post me sumo al #diadelbrownie de El Monstruo de las Galletas. Tarde, pero con una receta de peligrosidad probada).
Acabo de recibir una carta de un lector de El Chef ha muerto y creo que merece la pena publicarla:
Leemos en la solapilla del libro de Yanet Acosta: “… El Chef ha muerto es su primera publicación no académica y con ella inicia la serie del investigador Ven Cabreira”. Bueno, no es un mal comienzo el de esta joven escritora para iniciarse en las lides literarias y en un género bastante recurrente como puede ser el policiaco. Y, si ahondamos más, con un contenido, el gastronómico, muy de actualidad en estos tiempos.
Tampoco podía faltar en ese género su especie protagonista, un detective, Ven Cabreira, buen trasunto del Carvalho “montalbanesco”, quien, con todas las características al uso (desapegado, antihéroe, con un oscuro y triste pasado…), y alguna otra más peculiar o disparatada que sirve al que esto escribe para entonar su “mea culpa” por el desconocimiento de algún vocablo (es el caso de la palabra ageusia), se embarca en la aventura de desentrañar la muerte del cocinero más importante del momento; eso sí, con ayuda de una periodista que ejerce de feliz contrapunto en las labores de investigación y que nos pueden recordar vagamente otras parejas policiacas famosas (Sherlock Holmes-Watson, Hércules Poirot-Hastings, Guillermo de Baskerville-Adso de Melk…).
Con estos elementos la acción transcurre con vocación decididamente viajera, de aquí para allá, siempre con el epicentro en Madrid, en donde algunos lugares se hacen reconocibles con muy poco esfuerzo; y todo ello al servicio de una sátira más o menos benigna, o por lo menos, de una ironía que critica los aspectos más exagerados y extravagantes del “mundillo cocinero” actual. Trufado todo, claro está, de abundantes situaciones de enredo, jocosas unas, equívocas otras.
¿Y las maneras? Aunque pongamos algún pero a la edición (no habría venido mal alguna revisión del texto antes de pasar a la imprenta), la escritura digamos que se hace fluida, discurre bien, gracias a un lenguaje de frases cortas, directas, con algunos rasgos de estilo (como terminar cada capítulo con el título del mismo) y una narración en presente que conviene de muy buen grado a este tipo de novela negra, que anuncia nuevas entregas, tal y como señala en el prólogo Carlos Salem, personaje ya muy fogueado en los quehaceres literarios: “…se ganará [Ven Cabreira] en poco tiempo un lugar entre nuestros detectives imprescindibles”.José María Nieto
Las novelas pueden ser premonitorias, sobre todo, las de ciencia ficción. Acabo de leer ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick. En ella se inspiró Ridley Scott para rodar Blade Runner.
Se sitúa en el año 1992 (el futuro para cuando el escritor la publicó en 1968).
La Tierra es un lugar abandonado, lleno de polvo, contaminación radioactiva y kippel, donde la escasa comida auténtica es en lo primero que piensa J.R. Isidore para seducir a Pris, sin saber, que ella es androide.
El olor de los melocotones y el queso fluctuaba en el interior del coche y llenaba de placer su nariz. En esos raros productos había invertido dos semanas de salario, que había pedido adelantadas al señor Sloat. Además, debajo del asiento, donde no podía rodar ni romperse, había una botella de Chablis. Isidore la había tenido guardada en un depósito del Bank of America sin venderla pese a las ventajosas ofertas recibidas para el caso de que alguna vez apareciese una chica.
¿Puede ser comer ciencia ficción? Recuerdo el último episodio de Japón y prefiero pensar que El Chef ha muerto.