Posts etiquetados ‘gastronomía’

Pistola (microrrelato Yanet Acosta)

En la cola del pan, pidió una pistola.

La lió.

 

 

*En Madrid la barra de pan se conoce como pistola. Según el escritor Miguel Ángel Almodóvar, es el nombre que se le daba a media barra del pan de Viena que introdujo en Madrid el tío de Pío Baroja. Se debe a una traducción del nombre que se usaba en Alemania para este pan, «pistole».

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Es curioso que en esta edición de Madrid Fusión haya sido consciente de una de las grandes realidades en lo que a la emoción se refiere: hay veces que los motivos para querer a alguien son los mismos que para odiarlo.

Y así es como detallo 10 de estos motivos en el blog de la Cadena Ser, Tinta de Calamar

Uno de estos motivos es lo poco que se come. Es ideal porque durante todas las ediciones tengo mi dieta obligada post navideña, pero por otro ya no sé ni qué cara poner cuando todos te miran con envidia pensando en cómo te has tenido que poner las botas. Y, claro, comida hay mucha, pero toda para las fotos, porque esto es una pasarela, un encuentro de egos, de ellos, los cocineros, y nuestros, los periodistas, pero también un encuentro entre amigos y un foro donde ver las tendencias que marcarán los próximos meses de la gastronomía.

 

Portada epub El Chef ha muerto

Esto es algo de lo que le pasa a Lucy Belda, la periodista gastronómica de El chef ha muerto:

 

Lucy lleva horas en la cama. Siente un deseo irrefrenable de fumar, de autodestruirse, de desaparecer. Necesita hablar de esto, contárselo a alguien. Coge su móvil entre las manos. Repasa su libreta de contactos. Uno tras otro. Periodistas, cocineros, blogueros, compañeros de trabajo, ex-compañeros de trabajo, ex-compañeros de estudios, ex-compañeros de clase de inglés, jefes de prensa, ligues de uno o dos días, su antiguo profesor de francés, su madre y su ex-novio. Vuelve a repasar la agenda repleta de ex-contactos. No tiene a quién llamar.

 

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El gourmet solitario

Después de quedarme enamorada de la lectura de la novela gráfica Los ignorantes, José Ramón, mi amigo fanzinero de Logroño me hizo un regalo grande: El gourmet solitario.

La vida, comida tras comida, en el día a día. Momentos sin más que reflejan la sociedad japonesa a través de sus restaurantes, en los que también hay camareros que contestan aquello tan español de «aquí no hay de eso».
Me gustan especialmente las viñetas que recogen la esencia de cada barrio de Tokio, esas que hacen soñar o añorar esa ciudad que el propio cómic define como «curiosa» en un dibujo en el que un enorme edificio tiene como finca contigua una pequeña casa al lado de un idílico puente.
Es un manga gastronómico, pero el protagonista, un comerciante de vajillas llamado Sr Inokashira, es abstemio. Un abstemio que en ocasiones desearía tomar sólo para no desentonar en los garitos que entra o porque añora su combinación con los sabores (cerveza con gyoza por la grasa, por ejemplo). Pero se confiesa: soy el prototipo de japonés que no puede tomar alcohol (por compulsivo).
Las viñetas despiertan el apetito, seducen en blanco y negro, entre las volutas del vapor que desprenden los platos y las onomatopeyas: Mmmñam, argslurp y tchak (¡el sonido de los palillos!).
El protagonista disfruta de la comida hasta en su último episodio en un hospital al que llega con las costillas rotas por un accidente en el trabajo. Su vecino de habitación apenas puede sorber, pero se apura en tragar lo que puede. Entonces, piensa:
«Comemos, luego existimos. Así es la vida».

Nuevo artículo para Tinta Calamar: Las arenas movedizas del pato y el foie gras

Un artículo sobre sabor y ética.

Albaricoques deshidratados de Tayikistán

Lo bueno de una crisis es que te hace volver al origen del regalo, que es únicamente, simbólico y no por su valor económico.

Y es así como estas Navidades me han llegado los mejores regalos, los que no se olvidan, por ser símbolos.

Mi favorito, unos orejones traídos de Tayikistán (un país en el que se habla ruso y tayico o persa, que hace frontera con Afganistán, China, Kirguistán y Uzbekistán) por una de mis amigas viajeras. Me contó que ese país es uno de los principales productores de albaricoques secos, que desde el punto de vista agrícola necesita un empujón, pero que en este producto, que exportan en gran medida, tienen mucha calidad. Y que esta puede ser una de sus bazas ante el papel que le tocará jugar con un Afganistán dejado a su suerte probablemente durante 2013 y una Rusia acechante que apoya a un megalómano en el poder.

Y me los ofreció diciéndome:

Son para que te den la energía para seguir andando el camino.

¡Gracias Isabelle!

el chef ha muerto

El año pasado fue año de novelas negras y gastronómicas y de escritores y escritoras que nos hemos intercambiado nuestras obras y nos hemos dicho lo que pensamos. Aquí está la opinión de Lola Piera sobre El chef ha muerto:

En EL CHEF HA MUERTO, Yanet Acosta nos lleva por los vericuetos de la alta cocina de la mano de un detective privado de la vieja escuela: Ven. Un diminutivo americanizado de Venancio. Adicto a la fabada y al White Horse con igual afición.
Ven será el encargado de desenredar la muerte en extrañas circunstancias, tras deglutir un pulpo vivo a la manera oriental, del chef más importante del mundo.
De menú en menú, de plato en plato y de delicatesen en delicatesen, Ven se va codeando con la flor y nata del mundillo gastronómico mundial, siguiendo unas pistas al mejor estilo holmeriano.
Una novela muy atrayente, ágil en su lectura y que engancha desde las primeras páginas. Con finos toques de ironía, Acosta nos hace disfrutar de su prosa y su argumento original y atrayente, despertando en el lector, tanto la avidez por continuar la historia como sus papilas gustativas.
Una novela de tres estrellas. Para gourmets.

¡Gracias!

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Con la cocina se consigue trascender lo local desde el producto cercano. Sólo hay que aplicar recetas del mundo a lo que se tiene. Así fue como salió un menú de fiesta entre amigos de Francia y Canarias, en donde no faltó el recuerdo de un Perú que añoramos. Con el cherne, una especie muy habitual en Canarias, hicimos un cebiche con cebolla y cilantro del huerto de casa y con unos muslos de pato, un estofado en vino de moscatel de Málaga que me había traído un amigo desde allí. De postre, quesos de Francia y quesadilla de El Hierro. Y para acabar, un vino viajero, malvasía canaria.

El mundo es poco.

Ven toma su café en el bar de Sito. Como todas las mañanas. Ojea los periódicos. Hace años que no gasta ni un céntimo en comprar uno. El papel está destinado a morir y no quiere ser él quien alimente el último aliento de la prensa. Le gusta comentar los titulares con los habituales de la barra y jugar a decir tonterías. Esta mañana, todas las portadas destacan la misma noticia.

Portada epub El Chef ha muerto

—Joder, Sito. Se ha muerto el tipo que hacía mariconadas con la comida.

—Joder, Ven. No me digas que te enteras ahora. Están bombardeando desde ayer en la televisión con el notición. Lo mejor es que no se sabe cómo coño ha muerto. Y lo peor es que estaba en no sé dónde…

—En Corea —grita Pepe el mecánico desde el otro lado de la barra—. Me acuerdo porque fue la sede del Mundial de fútbol y anoche pensé: hay que joderse irse tan lejos a morir. Además, era un tipo listo y se lo curraba. Yo lo vi un par de veces en el programa de Buenafuente. Así que Ven, déjate de rollos, que ya te hubiese gustado ir a ti a su superrestaurante.

—¡Bah! —contesta Ven desde el otro lado y sigue ojeando el periódico—. Coño, si parece que no ha pasado otra cosa en el mundo.

—Es que eres un pedazo de bruto —le suelta Juan, el carnicero—. ¿Es que no sabes que ese tipo hizo grande a España? Esta mañana decían en la radio que ha hecho más él por el país que el mismísimo presidente del Gobierno.

—Eso no es difícil —grita el mecánico.

 

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Ya nada es lo que era. Ver a tres señoras que visitan El Corte Inglés de Callao de pie, alrededor de una barra, pidiendo una copa de vino blanco y acto seguido metiendo las manos en una salsa en la que pescan un caparazón de nécora (chilli crab lo llaman, pero se escribe chili) que chupan en busca de la hebra blanca de carne y verte a ti misma con los goterones hasta la mitad del brazo y por toda la copa, no tiene precio. O sí: entre 12 y 14 euros por plato, lo que supone unos 40 euros por persona (140 euros menos de lo que cuesta comer en su casa madre, DiverXo).

La sartén al fuego ardía y la cuadrilla made in David Muñoz, tatuaje por bandera y pelo güay, a su rollo. Dim sum de gambas, sobre salsa, dim sum de cocido (muy bueno éste) sobre salsa y un espeto de pollo que no me dijo mucho en una servilleta sobre la barra. Y nada de cubiertos, ni de cucharas, porque dicen que así se come en  la calle en Asia.

Pero a mí todo esto me recuerda más a la comida rápida del barrio chino de Nueva York, donde te cascas 10 dim sum por un dólar. En la forma, porque el sabor del dim sum de cocido, del sándwich club (lo único que de verdad puede comer con las manos sin pringarme) y de la salsa de chili del cangrejo están espectaculares, a la altura de las vistas desde esta novena planta en el centro de Madrid.

Aquí van mis recomendaciones para quienes quieran vivir esta gourmet experience:

  • Llevar camisa que se pueda remangar.
  • No tener empacho de usar 20 servilletas de papel fino pequeñas (para las señoras, tener preparadas las toallitas húmedas por fuera del bolso).
  • Pedir botellín de cerveza sin copa para evitar la marranada de los dedos grasientos en la copa de cristal y porque a esta comida le va mejor la cerveza.
  • Tranquilos, en 20 minutos se puede comer, así que estar de pie en la barra no cansa.