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Portada No hay trabajo bueno

Acabo de leer la primera crítica publicada de mi última novela No hay trabajo bueno. Va firmada por Jordi Valero y en ella me clava. Aquí algunas de las frases que le inspira esta novela:

“Una historia llena de abuso de poder machista, donde el falo actúa de revolver, donde el sexo no es sino humillación, vanidad y violencia, placer para uno”.

“La novela dura lo que una película. Y se lee con la misma pasión y emoción y con las mismas ganas de que el desenlace esté a la altura. Y lo está”.

Sigue leyendo la crítica en el blog de Jordi Valero: Interrobang. Y si quieres hincar el diente a la novela, puedes comprarla en ebook directamente escribiendo a la autora: yacosta33@gmail.com o a través de Amazon y en formato papel en Sensual Collection que el próximo 26 publica el diario Levante. También será publicada en otros periódicos de España y Latinoamérica.

¡A disfrutarla! 

Portada No hay trabajo bueno

La chispa de la novela No hay trabajo bueno se encendió el 12 de febrero de 2005, cuando ardía el edificio Windsor en Madrid, hace hoy nueve años. A las horas de declararse el incendio,  los medios “apuntaban” como posible responsable a una trabajadora que se había fumado un pitillo en el despacho a aquellas horas intempestivas hasta las que se había prolongado su horario laboral. Días más tarde se dieron a conocer  las imágenes de las dos sombras rebuscando entre los archivos en el edificio en llamas y ya la acusación anterior hizo aguas. El caso se cerró seis años después con un acuerdo extrajudicial y sin que se esclarecieran las causas del incendio.

No hay trabajo bueno  está protagonizada por Nieves, la trabajadora que se fumó el último cigarrillo en el despacho que ardió y que fue utilizada como cabeza de turco. Y en este contexto es en el que a través de la ficción encuentra la venganza en el “lejano Oeste” que es el Madrid de las oficinas desde el otro “alejado Madrid”, el que se encuentra al otro lado de El Retiro.

Esta historia, cargada de erotismo, habla de Madrid y su gente desde la mirada acerada del género negro y el western.

¡Que la disfruten!

(Por ahora la novela está a la venta en Amazon y a partir de finales de este mes saldrá en formato papel en una colección literaria de varios periódicos regionales en España).

El chef ha muerto en Traficantes de sueños

Comencé una divertida encuesta a raíz de que un primo segundo mío me hiciera una crítica sin leer El chef ha muerto. Este sería un motivo para usar gustosamente el cuchillo eléctrico en la mesa navideña de la cena familiar, pero preferí darle una última oportunidad y dejar que los lectores le dijeran cuáles eran los motivos para engancharse a su lectura.

Muchos me han contestado y otros me han seguido enviado mensajes dando sus motivos:

Un relato que logra mantener la intriga, un investigador muy atípico y una visión irónica sobre la alta cocina son los ingredientes de una novela que captará el interés de los amantes del genero negro, de la cocina y de la buena literatura en general.

También han contado sus experiencias:

Pasé un rato agradable leyéndolo, la combinación entre intriga y cocina es interesantísima a la vez que amena.

Y entre las respuestas anónimas a la encuesta…me encontré esta:

Para mí es una muy buena novela sin más y la autora es mi prima ( y yo sí que la he leído)

Así que hay algún motivo para leer El chef ha muerto, incluso para alguno de mis primos 😉

La última tumba de Alexis Ravelo en La Panificadora de Vigo (Galicia)

Hay libros que intuyo que prefiero no acabar porque estoy segura de que me darán ganas de emprenderla a golpes contra las injusticias. Con el último del escritor canario Alexis Ravelo me ha pasado y es que La última tumba es la venganza de un pringado contra la jerarquía que nos domina a todos: la de políticos, policías y empresarios corruptos.

La última tumba ha recibido el premio de Novela Negra Ciudad de Getafe 2013. Está escrita en primera persona y tengo que admitir que las 60 primeras páginas me costaron porque el tío que cuenta la historia es duro de roer. Sin embargo, un poco más allá, me cautivó, tanto que empecé a sentir como él.

“A los gilipollas y a los yonkis siempre los trincan. Y yo era el más gilipollas de los yonkis”.

Y así fue como llegó al talego Adrián Miranda para cumplir por un crimen que no había cometido. Se tuvo que “comer” 20 años  y muchas peleas y cicatrices hasta volver a poder pasear por su ciudad, Las Palmas de Gran Canaria, que el autor describe con la misma inquina que describió el mísero Madrid el propio Galdós.

“…en el lado del Muelle, también han puesto un centro comercial (hay centros comerciales por todos lados: rodean la ciudad como los leones a una cebra enferma)”.

En La última tumba, la comida es metáfora. Los años de cárcel y el deseo de venganza se “comen”. Los maridos cuernudos tienen cara de “acelga”, las relaciones sociales son “tan sabrosas como una hoja de lechuga”  y la vuelta a una vieja amistad comienza con sabor a tocinitos de cielo y milhojas francesas para acabar con un guiso de carne con papas desparramado por el piso de la cocina.

Como siempre en Ravelo, me encanta encontrar los guiños a lo más canario, como a las tienditas de “aceite y vinagre” (en Asturias se conocen como chigres y son aquellas en las que se vende de todo) y a los enyesques, los aperitivos o tapas como se dice en la España peninsular. Y también a lo que nos rodea en Canarias donde los hoteles son casi parte de nuestra vida, bien por ser parte del paisaje, por trabajar en ellos o por ser un sueño de huida de la cotidianidad. No obstante, a veces tampoco son el paraíso soñado ni para foráneos ni para locales:

“Me desperté sobre las diez. En el hotel ya se había acabado el turno del desayuno. Mejor. El bufé me recordaba al comedor del talego. Es curioso que esta gente pague para que la traten como a los reclusos”.

El protagonista, pese a ser un tío que se aleja del preciosismo de la comida moderna que “se sirve en platos cuadrados” y de que cuando está en  soledad el disfrute es prepararse “una buena tortilla de papas”, en un momento de la novela se deja seducir por los fogones y prepara un pollo al curry con arroz a su vecina Candi. Ella y la novela de Galdós, Misericordia, son las dos únicas cosas que de verdad traspasan el corazón de este ex-presidiario que  busca la venganza más difícil, la de los pobres frente a los ricos y poderosos. Y así acaba la novela con ganas de emprenderla contra todas las injusticias del mundo y del Planeta.

¡Enhorabuena, canarión!

Portada epub El Chef ha muerto Las primeras respuestas de la encuesta: ¿Merece ser leído El Chef ha muerto? no se han hecho esperar. El 92 por ciento dice que sí y aquí están algunos de sus motivos, mucho más interesantes e importantes para un escritor que el de cualquier periodista, porque escribimos para los lectores.

Es fantástico porque si lo que gusta es la intriga ésta la tiene desde la primera página, segundo porque permite conocer como se cuecen las habas en el mundo de la hostelería, tercero porque es un placer ir relamiendo cada uno de los platos con los que la autora titula cada capítulo, cuarto porque los personajes, y el principal sobre todo, no dejará indiferente a nadie o lo amas o lo odias, por lo que animo a comprobarlo y quinto porque se ha escrito con el más estricto conocimiento sobre el tema y doy fe de ello. Porque Yanet tiene ese “algo” que te atrae a leer y saber todo de ella. Es un libro distinto, una historia apetitosamente entretenida. Es entretenida, divierte, tiene intriga, hay personajes y situaciones lo suficientemente interesantes,está bien escrita. Es un libro que me parece divertido, me encantan los nombres de los capítulos, ya que son muy ocurrentes y sobre todo es un libro ingenioso, con un pequeño toque erótico que me atrae bastante. Ven Cabreira merece una primera oportunidad, cuando se le da, viene para quedarse……

Algunos lectores no lo han leído, pero me dejan sus promesas:

Por ese tono tan divertido y castizo que te caracteriza en tus posts me lo apunto para comprarlo y leerlo ( aunque mi pila de libros en lista de espera es alta … Si me guardáis el secreto…. Creo que accidentalmente se derrumbará misteriosamente y pondré tu libro el primero… ¡Prometo que parecerá un accidente, fruto de un tropiezo casual y fatídico!)

Y otros animan a seguir diciendo:

Lo bueno de las críticas es que sean malas o buenas, se está hablando de ti. Sigue escribiendo novelas, me gustas como escritora.

Gracias a todos por compartir la libertad que nos da la escritura y la lectura porque es ella la que nos hace valientes para darle la vuelta desde la ironía a cualquiera de los muchos obstáculos que se nos ponen por delante. Señores, El chef ha muerto y pronto tendrán con ustedes dos nuevos libros más de esta autora: Noches sin sexo, un libro de relatos ilustrados, y No hay trabajo bueno, un western negro con mucho sexo.

Plato de jamón virtual por contestar a esta encuesta ;)

Plato de jamón virtual por contestar a esta encuesta 😉

Ayer me desperté con la sorpresa con una nueva crítica a “El chef ha muerto”, la novela de Ven Cabreira. Y durante este tiempo las críticas han sido muchas y distintas pero ninguna tan “tierna” y “despiadada”. Se trata de una escrita no por un desconocido, sino, todo lo contrario, por un primo segundo mío y publicada en El Día de Tenerife.  Lo divertido del asunto es que mi primo Carlos admite desde el primer párrafo que no ha leído el libro.

Así que veamos si hay quórum popular para animarlo a que la próxima vez intente ir más allá del prólogo.

¡Gracias a mis alumnos del Máster de Márketing Digital que me han inspirado para hacer este post! Veremos si salimos vivos de él.

(Y para quienes no hayan visto la novela se puede comprar por 2,68 euros en Amazon y por 12 euros en papel en Casa del Libro de toda España y en Souvenir Plaza de la Pila en Garachico, que es de otro primo mío, que la pena es que  no escribe en prensa)

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El sueño hecho realidad: un libro inspirado en la gastronomía inspira a un bloguero y cocinero y a su vez se convierte en programa de televisión. Esto es lo que se llama un proceso de retroalimentación de las Artes total.

Ayer empezamos a grabar un programa piloto para televisión en la Escuela de Hostelería y Turismo Simone Ortega de Madrid dirigido por Juanjo Castro sobre estas recetas que Rafa Prades ha creado inspirado en los capítulos de la novela negra El Chef ha muerto y en sus personajes.

Aquí dos de los platos:

Lata al baño maría o fabes con pulpo en su tinta

Se trata de un plato muy negro pero con intenso sabor a mar, gracias a que las fabes están cocidas en fumet de pescado. Durante la cocción disfruté mucho del aroma de los ajos y el laurel mezclado con estas judías asturianas que iban creciendo en la olla a medida que se les iba añadiendo el caldo. A 15 minutos del final (¡¡después de dos horas y 45 minutos!!), Rafa introdujo un par de cucharadas de pimiento choricero y otras dos de tinta de calamar. Los colores rojo, negro y blanco se fundieron, aunque ganó el más fuerte. Toda una metáfora literaria que sirvió en lata como guiño al plato favorito de Ven Cabreira, fabada en lata.

Vergüenzas en salsa verde  o Callos de bacalao en salsa de algas

Me fascinan los callos de bacalao porque sellan los labios de lo melosos que son. Este plato, además, me parece una creación que seguro algún día me encontraré en un restaurante porque las algas dan mucha frescura a los callos, que no son más que la vejiga natatoria del bacalao, una vergüenza como la que soportaban los pies de Ven Cabreira, en El chef ha muerto.

Fue un día completo de cocina y rodaje, pero también de diversión. Gracias a Juanjo y esperamos vernos pronto en televisión.

El álbum completo de fotos aquí.

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Llevo unos días de relectura, en plan viejuno. Y he vuelto a leer Tras los pasos de Ripley de Patricia Highsmith. No es la mejor trama de la literatura negra, pero lo que me sorprende es que pese a todo, su lectura engancha hasta el final. Y creo que lo consigue por el ambiente que describe en segundo plano y por la tensión emocional entre el personaje de Ripley (que se mueve entre lo paternal y el respeto entre colegas del crimen) y el adolescente (que se mueve entre la admiración filial, profesional y amorosa por Ripley).

Toda la novela está cargada de ambiente gay con escenas en bares del Berlín de los ochenta, transformistas e incluso comentarios bastante erótico-amorosos entre compañeros del crimen. Sin embargo, jamás toma el primer plano. Siempre en segundo, pero con intensidad.

Hasta en lo gastronómico, consigue Highsmith que Ripley, ese tío sin demasiados escrúpulos, demuestre su sensibilidad:

“Lleno de desasosiego, Tom Ripley bajó a hablar con madame Annette, que se hallaba enfrascada en la horrible tarea de arrojar una langosta viva a una enorme olla de agua hirviendo. Al entrar Tom la buena señora acercaba el crustáceo al vapor que emanaba de la olla. El animal movió las extremidades y Tom retrocedió hasta el umbral e hizo un gesto para indicar que esperaría en la sala de estar.”

Highsmith rompió con muchos tabúes. Hasta ella, las escritoras no hacían novela negra. Un género de hombres en el que se hablaba de tipos duros. Ahora la novela negra, nada tiene que ver y pienso en una de las últimas que se han publicado en España: Contra las cuerdas de Susana Hernández.

En esta novela las protagonistas son dos mujeres que trabajan como policías, Santana y Vázquez. Una de ellas es lesbiana, pero esto ni afecta ni deja de afectar a la historia, en la que la homosexualidad de una de ellas es parte de lo cotidiano.

Y en la comida,  entre Vázquez y Santana, no hay diferencias (excepto en el postre):

“Comieron como Dios manda en un restaurante de comida tradicional catalana de la calle Bonsuccés, muy cerquita de las Ramblas, y a la vez a resguardo de los típicos restaurantes para turistas que ofrecen paella plastificada y sangría venenosa a precio de oro. Degustaron entremeses variados, arroz caldos o con bogavante, albóndigas caseras con sepia y, de postre, crema catalana para Vázquez y arroz con leche para Santana”.

 

contra-las-cuerdas

Libera Libros Lavapiés

El sábado El chef ha muerto participó en la jornada organizada por la Agenda Magenta en Lavapiés (Madrid) con una charla sobre cómo aparece la gastronomía en la literatura, sobre todo en la novela negra (Artículo completo sobre Literatura y gastronomía en The Foodie Studies).

La gente que se reunió en El Dinosaurio para escuchar la charla me comentó luego que había alucinado porque, normalmente siempre se espera que la cocina aparezca en las novelas en forma de recetas o porque el personaje come algo, pero no habían caído en la cuenta de que la mayor parte de las veces el autor lo utiliza para dar sentido a una acción o a un personaje. En otras ocasiones identifica estados de ánimo, refleja una sociedad o hace de contrapunto de un hecho violento.

También hay novelas centradas en el mundo de la gastronomía, como El chef ha muerto, o que tienen mucho de gastronomía, como Los años del coma.

Y después del tema, al tema, porque en El Dinosaurio todos sus platos tienen nombres de novela. Yo me quedo con una mousse de foie gras y hongos con huevo frito, que es la esencia de la mezcla de la alta cocina y la cocina popular, como lo es El chef ha muerto.

Cena de extraños en un tren de patricia Highsmith

Me gusta releer porque encuentro nuevas visiones. Esto me ha pasado con Extraños en un tren de Patricia Highsmith o Mary Patricia Plangman, que era su verdadero nombre.  Extraños en un tren fue su primera novela, lo cual nos deja al resto de primerizos en situación poco honrosa. Tiene una trama alucinante, que Alfred Hitchcock llevó al cine en 1951, un año después de ser publicada.

La historia es la siguiente: dos tipos se encuentran en un tren y allí se habla de dos personas molestas en la vida de ambos, la mujer de uno y el padre del otro. Pero se habla en una cena. Sin la cena, la intimidad del tema no hubiera salido jamás.

Aquí está el momento de esa cena, clave, donde lo que se come es mucho más que comida:

“El camarero con una bandeja cubierta con una tapadera de peltre en un instante les instaló la mesa. El aroma de la carne asada sobre carbón vegetal le dio ánimos. Bruno insistió tanto en pagar la cuenta, que Guy accedió a ello sin oponer más resistencia. Para Bruno había un enorme bistec cubierto de setas; para él, una hamburguesa”.

Pero si importante fue que cenaran juntos, más casi lo fue que bebieran juntos.

“El sabor del scotch, pese a no gustarle demasiado, le resultaba agradable porque le recordaba a Anne. Cuando bebía, tomaba siempre scotch. Era como ella: dorado, lleno de luz, hecho con cuidadoso arte”.

Y Anne es la mujer con la que Guy, atado aún por el matrimonio, quiere estar.

Cuando estos dos extraños que cenan juntos en un tren se vuelven a encontrar lo hacen también a la mesa y tanto ha seguido Bruno a Guy, que:

“Bruno encargó los cócteles y la comida. Para él pidió hígado a la parrilla, a causa de su nueva dieta y huevos Benedict para Guy, porque sabía que le gustaban”.

Para hacer más amarga la noticia de un asesinato, momentos antes, la autora pone a Guy y a su novia en el momento más dulce:

“Sacó la lata de galletas de un rincón de la maleta. No había pensado en la tarta hasta ahora, la tarta que su madre le había preparado en el horno con la misma mermelada de moras que él había alabado cada día a la hora de desayunar.
Anne telefoneó al bar y encargó un licor muy especial que ella conocía. El licor tenía el mismo apetitoso color carmesí de la tarta y les había sido servido en unas copas bastante estrechas”.
Y en la comida en soledad, pone al hombre en su lugar:
“Una noche había abierto una lata de sardinas que devoró utilizando la hoja de un cuchillo. La noche resulta idónea para sentir afinidad con las bestias. Para ser más lo que uno era en realidad”.