Albaricoques deshidratados de Tayikistán

Lo bueno de una crisis es que te hace volver al origen del regalo, que es únicamente, simbólico y no por su valor económico.

Y es así como estas Navidades me han llegado los mejores regalos, los que no se olvidan, por ser símbolos.

Mi favorito, unos orejones traídos de Tayikistán (un país en el que se habla ruso y tayico o persa, que hace frontera con Afganistán, China, Kirguistán y Uzbekistán) por una de mis amigas viajeras. Me contó que ese país es uno de los principales productores de albaricoques secos, que desde el punto de vista agrícola necesita un empujón, pero que en este producto, que exportan en gran medida, tienen mucha calidad. Y que esta puede ser una de sus bazas ante el papel que le tocará jugar con un Afganistán dejado a su suerte probablemente durante 2013 y una Rusia acechante que apoya a un megalómano en el poder.

Y me los ofreció diciéndome:

Son para que te den la energía para seguir andando el camino.

¡Gracias Isabelle!

el chef ha muerto

El año pasado fue año de novelas negras y gastronómicas y de escritores y escritoras que nos hemos intercambiado nuestras obras y nos hemos dicho lo que pensamos. Aquí está la opinión de Lola Piera sobre El chef ha muerto:

En EL CHEF HA MUERTO, Yanet Acosta nos lleva por los vericuetos de la alta cocina de la mano de un detective privado de la vieja escuela: Ven. Un diminutivo americanizado de Venancio. Adicto a la fabada y al White Horse con igual afición.
Ven será el encargado de desenredar la muerte en extrañas circunstancias, tras deglutir un pulpo vivo a la manera oriental, del chef más importante del mundo.
De menú en menú, de plato en plato y de delicatesen en delicatesen, Ven se va codeando con la flor y nata del mundillo gastronómico mundial, siguiendo unas pistas al mejor estilo holmeriano.
Una novela muy atrayente, ágil en su lectura y que engancha desde las primeras páginas. Con finos toques de ironía, Acosta nos hace disfrutar de su prosa y su argumento original y atrayente, despertando en el lector, tanto la avidez por continuar la historia como sus papilas gustativas.
Una novela de tres estrellas. Para gourmets.

¡Gracias!

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Con la cocina se consigue trascender lo local desde el producto cercano. Sólo hay que aplicar recetas del mundo a lo que se tiene. Así fue como salió un menú de fiesta entre amigos de Francia y Canarias, en donde no faltó el recuerdo de un Perú que añoramos. Con el cherne, una especie muy habitual en Canarias, hicimos un cebiche con cebolla y cilantro del huerto de casa y con unos muslos de pato, un estofado en vino de moscatel de Málaga que me había traído un amigo desde allí. De postre, quesos de Francia y quesadilla de El Hierro. Y para acabar, un vino viajero, malvasía canaria.

El mundo es poco.

Ven toma su café en el bar de Sito. Como todas las mañanas. Ojea los periódicos. Hace años que no gasta ni un céntimo en comprar uno. El papel está destinado a morir y no quiere ser él quien alimente el último aliento de la prensa. Le gusta comentar los titulares con los habituales de la barra y jugar a decir tonterías. Esta mañana, todas las portadas destacan la misma noticia.

Portada epub El Chef ha muerto

—Joder, Sito. Se ha muerto el tipo que hacía mariconadas con la comida.

—Joder, Ven. No me digas que te enteras ahora. Están bombardeando desde ayer en la televisión con el notición. Lo mejor es que no se sabe cómo coño ha muerto. Y lo peor es que estaba en no sé dónde…

—En Corea —grita Pepe el mecánico desde el otro lado de la barra—. Me acuerdo porque fue la sede del Mundial de fútbol y anoche pensé: hay que joderse irse tan lejos a morir. Además, era un tipo listo y se lo curraba. Yo lo vi un par de veces en el programa de Buenafuente. Así que Ven, déjate de rollos, que ya te hubiese gustado ir a ti a su superrestaurante.

—¡Bah! —contesta Ven desde el otro lado y sigue ojeando el periódico—. Coño, si parece que no ha pasado otra cosa en el mundo.

—Es que eres un pedazo de bruto —le suelta Juan, el carnicero—. ¿Es que no sabes que ese tipo hizo grande a España? Esta mañana decían en la radio que ha hecho más él por el país que el mismísimo presidente del Gobierno.

—Eso no es difícil —grita el mecánico.

 

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El capricho del Teide

Alberto Chicote arrasa en la ranking de audiencia con su Pesadilla en la cocina y La Sexta lo elige para dar las uvas el último día del año. Pero le ha salido una fuerte competidora: Cecilia.

No hay quien recuerde su apellido, pero a nadie se le olvida su versión restaurada del Ecce Homo. La revelación del año, la noticia que ha llevado a España como nunca a titulares en la prensa internacional (si exceptuamos la crisis económica).

Ya ha salido el vino Ecce Homo, el concurso de pintura con el nombre de la autora, las camisetas, las crepes decoradas con la imagen y, lo mejor, el disfraz del Ecce Homo. El regalo perfecto para cualquiera que quiera triunfar en la parrilla televisiva estas Navidades, incluido el rey, quien no ha conseguido audiencia ni abriéndose canal de Youtube.

Pero por más que miro esa imagen, que ha sido el pitorreo total del arte, la restauración y el buen gusto (por muchas visitas que le esté dando a Borja), es como si me comiera una de esas Cocretas de balística que te ponen en demasiados bares. Esas que te dejan el estómago como nos lo ha dejado 2012, agotado, al límite del resuello.

Llega 2013, con el comienzo de una nueva Era, que apuesto por comer enCrudo, con otros muchos proyectos, literarios y docentes, con buenos profesionales y amigos, con una mirada global y desde el corazón.

enCrudo

Aquí está mis lecturas recomendadas para las fechas navideña en Tinta de Calamar.

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Ya nada es lo que era. Ver a tres señoras que visitan El Corte Inglés de Callao de pie, alrededor de una barra, pidiendo una copa de vino blanco y acto seguido metiendo las manos en una salsa en la que pescan un caparazón de nécora (chilli crab lo llaman, pero se escribe chili) que chupan en busca de la hebra blanca de carne y verte a ti misma con los goterones hasta la mitad del brazo y por toda la copa, no tiene precio. O sí: entre 12 y 14 euros por plato, lo que supone unos 40 euros por persona (140 euros menos de lo que cuesta comer en su casa madre, DiverXo).

La sartén al fuego ardía y la cuadrilla made in David Muñoz, tatuaje por bandera y pelo güay, a su rollo. Dim sum de gambas, sobre salsa, dim sum de cocido (muy bueno éste) sobre salsa y un espeto de pollo que no me dijo mucho en una servilleta sobre la barra. Y nada de cubiertos, ni de cucharas, porque dicen que así se come en  la calle en Asia.

Pero a mí todo esto me recuerda más a la comida rápida del barrio chino de Nueva York, donde te cascas 10 dim sum por un dólar. En la forma, porque el sabor del dim sum de cocido, del sándwich club (lo único que de verdad puede comer con las manos sin pringarme) y de la salsa de chili del cangrejo están espectaculares, a la altura de las vistas desde esta novena planta en el centro de Madrid.

Aquí van mis recomendaciones para quienes quieran vivir esta gourmet experience:

  • Llevar camisa que se pueda remangar.
  • No tener empacho de usar 20 servilletas de papel fino pequeñas (para las señoras, tener preparadas las toallitas húmedas por fuera del bolso).
  • Pedir botellín de cerveza sin copa para evitar la marranada de los dedos grasientos en la copa de cristal y porque a esta comida le va mejor la cerveza.
  • Tranquilos, en 20 minutos se puede comer, así que estar de pie en la barra no cansa.

Los ignorantes de Étienne Davodeau

Fue en Burma donde me dijeron que tenía que leerlo. Y he tenido que rendir mis prejuicios al mundo del cómic. Esta historia es fascinante. La pasión de un viticultor , Richard Leroy, y la de un autor de cómics, Étienne Davodeau, se unen en unas páginas intensas, en las que he aprendido mucho de la esencia del vino y de la pasión del que escribe y dibuja.

Las viñetas, finas, elegantes, transmiten emoción y los textos son la mejor explicación del proceso del vino que he leído.

Por boca del viticultor Richard Leroy he leído las mejores impresiones de qué debe ser un productor de vinos, un profesional o, simplemente, una persona:

«Un viticultor es bueno si entiende y acepta la individualidad de su terreno».

«Lo importante es sentir la lealtad y el placer del tipo que ha hecho un vino o un libro».

«Me niego a que lo biológico sea un criterio comercial para mis vinos».

Richard es  un bebedor de vinos, que prefiere tomar ostras con agua que un mal vino. Sin embargo, deja muy claro que hay muchos que sólo son bebedores de etiquetas, como también hay otros muchos que entienden el libro como un soporte de firmas.
En el cómic, los dos protagonistas, el autor Étienne y Richard, se pasean por varios viñedos franceses y por varias casas de autores, ferias de cómic y editoriales.
En los viajes se dibuja el paralelismo de una profesión y otra, porque tienen en común una pasión y respeto que marcan el resultado final, con el que se consigue, por encima de todo, la satisfacción propia.
En el cómic se cuenta con mucho humor qué es la producción biodinámica, un método que ha convencido a muchos viticultores por los resultados y que a mí me parece muy similar al tratamiento que se hace con la homeopatía en humanos. Dosis reducidas de metales o de otros componentes para reforzar la conexión de la vid con el suelo y la luz y conseguir así, su dinamismo, su viveza.
«Esto de la biodinámica es muy subjetivo. ¡Pero es que todo es subjetivo en el vino!».
También aparece en este cuento un editor, que es el que cualquier autor sueña, uno que dice:
«Yo no juzgo las obras, simplemente me emociono».
«Una editorial es una empresa que produce libros. Un libro es una cosa extraña porque son ideas, sentimientos, algo frágil y complicado. No se hacen libros como si fueran neveras o coches».
Después de leer Los ignorantes, entendí que el vino es tierra, aunque tenga la personalidad de quien lo haga. Y además, tuve que aceptar mi ignorancia: los cómics también son grandes historias.

El Chef ha muerto estrena portada de la diseñadora Diana Fayos para su edición como ebook.

A la venta en la tienda Kindle de Amazon.

Portada epub El Chef ha muerto

Para quienes prefieran la edición en papel, la novela está a la venta en librerías.

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Una lectura de El chef ha muerto y algunos relatos de Noches sin sexo animaron la tarde de sábado en la librería Burma de Madrid. Una tarde que compartí con autores como Ezequiel Teodoro, Roser de Letras Propias, algunos compañeros de Tinta de Calamar, algunos fichajes de Ampuero, amigos y vecinos de Lavapiés, como la actriz Margarita, y otros lectores-creadores, que somos todos los que disfrutamos de la literatura.

Además, los ajos vengativos repitieron y los detectives que más nos gustan salieron a flote: Carvalho y Lascano. Pero, sobre todo, una tarde en la que me encontré con Chus y Alfredo, que, pese a lo difícil que se pone todo, lo tienen claro.

Cuando le comenté a Chus que por qué no el estilo tan de moda de combinar cafetería, tapas y libros, me contestó con la determinación que llega al corazón:

«Yo quiero ser librera. Si hubiese querido montar un bar, lo hubiese hecho».

Tras caer rendida a su honestidad, pedí consejo a los libreros y me llevé una novela gráfica que estoy devorando. Se llama «Los ignorantes».