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Un fragmento de la novela El chef ha muerto en el que el detective Ven Cabreira lee las etiquetas de los envases de un refresco y un paquete de cacahuetes:

Aditivos adictivos

Hoy es él quien prefiere ser creativo y se compone su propio menú: unos cacahuetes y un refresco light. “Si se come poco se engorda poco”, concluye. Se ha propuesto adelgazar y volver a hacer footing, como cuando estaba en Nueva York. Esto le recuerda que tiene que comprarse ya otros zapatos. A lo mejor encuentra en cualquier zapatería de Burdeos una oferta de zapatillas y zapatos para ejecutivos, dos por uno. Ahora, con la crisis, no les queda otra que ir andando a la oficina.

La azafata le entrega el paquete de cacahuetes y el refresco.

—Que lo disfrute, señor.

Ven pinta una mueca bajo el bigote. No se le ocurre cómo podría disfrutar de nada que se ingiera si no sabe como sabe. Baja la mirada y se entretiene leyendo el listado de ingredientes del paquete de cacahuetes: sorbitol (uno de los supuestos laxantes según Sofriti), almidón modificado de patata (un transgénico, advierte la guía del italiano) y con el resto ya se pierde: goma arábica, harina de arroz, extracto de levadura, levadura en polvo, azúcar caramelizado, dextrosa, aroma (sin especificar), especias (tampoco se especifica cuales), cebolla en polvo (¿para qué necesitan unos cacahuetes esto?), sal y cacahuetes. Por suerte, también cacahuetes.

El bigote de Ven se alza buscando la nariz. Sigue leyendo. El paquete está lleno de mensajes: “Hemos seleccionado frutos secos de excelente calidad y los hemos tostado al horno sin una gota de aceite para que queden así de sabrosos y especiales”. En el paquete también lee: “El consumo recomendado de frutos secos dentro de un estilo de vida saludable es de entre tres y siete porciones de 30 gramos por semana”. Y como eslogan: “¿Y hoy has sonreído?”.

El bigote de Ven regresa a su sitio natural. Sus ojos se fijan en la lata de refresco. Da un sorbo largo y se echa a la boca un puñado de los cacahuetes al horno. Intenta evitarlo, pero no puede. Se pone a leer también los ingredientes de lo que bebe: “agua carbonatada, colorante E-150d, edulcorantes E-952, E-950 y E-951, acidulante E-338, aromas (incluyendo cafeína) y corrector de acidez  E-331. Contiene una fuente de fenilalanina”. Y el previsible consejo: “Es recomendable seguir una dieta variada, moderada y equilibrada, así como un estilo de vida saludable”.

Definitivamente, siguiendo los mensajes de los envases, su dieta de fabada y whisky la podría cambiar por refresco y cacahuetes. Lo piensa un momento y llega a la conclusión de que del whisky no puede prescindir. Es su medicina. Ven llama a la azafata y le pide un White Horse de postre antes de aterrizar.

Lee la novela en Amazon.

Grabado de Fernando FerroAsí, sin más. Un lector, vengativo, te envía un grabado y es tan bueno que me gustaría de portada de cualquiera de los libros que siguen.

Gracias Fernando Ferro.

 

el chef ha muerto

El año pasado fue año de novelas negras y gastronómicas y de escritores y escritoras que nos hemos intercambiado nuestras obras y nos hemos dicho lo que pensamos. Aquí está la opinión de Lola Piera sobre El chef ha muerto:

En EL CHEF HA MUERTO, Yanet Acosta nos lleva por los vericuetos de la alta cocina de la mano de un detective privado de la vieja escuela: Ven. Un diminutivo americanizado de Venancio. Adicto a la fabada y al White Horse con igual afición.
Ven será el encargado de desenredar la muerte en extrañas circunstancias, tras deglutir un pulpo vivo a la manera oriental, del chef más importante del mundo.
De menú en menú, de plato en plato y de delicatesen en delicatesen, Ven se va codeando con la flor y nata del mundillo gastronómico mundial, siguiendo unas pistas al mejor estilo holmeriano.
Una novela muy atrayente, ágil en su lectura y que engancha desde las primeras páginas. Con finos toques de ironía, Acosta nos hace disfrutar de su prosa y su argumento original y atrayente, despertando en el lector, tanto la avidez por continuar la historia como sus papilas gustativas.
Una novela de tres estrellas. Para gourmets.

¡Gracias!

Ven toma su café en el bar de Sito. Como todas las mañanas. Ojea los periódicos. Hace años que no gasta ni un céntimo en comprar uno. El papel está destinado a morir y no quiere ser él quien alimente el último aliento de la prensa. Le gusta comentar los titulares con los habituales de la barra y jugar a decir tonterías. Esta mañana, todas las portadas destacan la misma noticia.

Portada epub El Chef ha muerto

—Joder, Sito. Se ha muerto el tipo que hacía mariconadas con la comida.

—Joder, Ven. No me digas que te enteras ahora. Están bombardeando desde ayer en la televisión con el notición. Lo mejor es que no se sabe cómo coño ha muerto. Y lo peor es que estaba en no sé dónde…

—En Corea —grita Pepe el mecánico desde el otro lado de la barra—. Me acuerdo porque fue la sede del Mundial de fútbol y anoche pensé: hay que joderse irse tan lejos a morir. Además, era un tipo listo y se lo curraba. Yo lo vi un par de veces en el programa de Buenafuente. Así que Ven, déjate de rollos, que ya te hubiese gustado ir a ti a su superrestaurante.

—¡Bah! —contesta Ven desde el otro lado y sigue ojeando el periódico—. Coño, si parece que no ha pasado otra cosa en el mundo.

—Es que eres un pedazo de bruto —le suelta Juan, el carnicero—. ¿Es que no sabes que ese tipo hizo grande a España? Esta mañana decían en la radio que ha hecho más él por el país que el mismísimo presidente del Gobierno.

—Eso no es difícil —grita el mecánico.

 

Sigue leyendo en ebook.

Aquí está mis lecturas recomendadas para las fechas navideña en Tinta de Calamar.

El Chef ha muerto estrena portada de la diseñadora Diana Fayos para su edición como ebook.

A la venta en la tienda Kindle de Amazon.

Portada epub El Chef ha muerto

Para quienes prefieran la edición en papel, la novela está a la venta en librerías.

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Una lectura de El chef ha muerto y algunos relatos de Noches sin sexo animaron la tarde de sábado en la librería Burma de Madrid. Una tarde que compartí con autores como Ezequiel Teodoro, Roser de Letras Propias, algunos compañeros de Tinta de Calamar, algunos fichajes de Ampuero, amigos y vecinos de Lavapiés, como la actriz Margarita, y otros lectores-creadores, que somos todos los que disfrutamos de la literatura.

Además, los ajos vengativos repitieron y los detectives que más nos gustan salieron a flote: Carvalho y Lascano. Pero, sobre todo, una tarde en la que me encontré con Chus y Alfredo, que, pese a lo difícil que se pone todo, lo tienen claro.

Cuando le comenté a Chus que por qué no el estilo tan de moda de combinar cafetería, tapas y libros, me contestó con la determinación que llega al corazón:

«Yo quiero ser librera. Si hubiese querido montar un bar, lo hubiese hecho».

Tras caer rendida a su honestidad, pedí consejo a los libreros y me llevé una novela gráfica que estoy devorando. Se llama «Los ignorantes».

Una nueva receta inspirada en la novela negra El Chef ha muerto.
El investigador privado Ven Cabreira sigue inspirando posts.
Gracias.

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«I: MEJILLA A LA SAL.
Bernard Van Leer, el director del  Congreso Munidal de Cocina,
se sienta frente a los micrófonos que esperaban al Chef.
Pero sólo está él. Solo.
Los cámaras, por si acaso, comienzan a grabar.
El director respira hondo, abre la boca y baja los ojos.
Ni una sola palabra.
El sonido se ahoga en su garganta.
Sube el cuello y estira hasta el flequillo.
Más de seiscientos ojos le observan. periodistas de todo el mundo que han venido a la inaguración especialemnte para ver al Chef.
Van Leer aprieta los pulos bajo la mesa y acerca la cara la micrófono:
– Señores, el Chef ha muerto.
Una lágrima de sal resbala por su mejilla.»
         – EL CHEF HA MUERTO- YANET ACOSTA-
 

Paseos y cocina. Cine y cocina. Encuentros y cocina. Sexo y cocina. Emoción y cocina. Intriga y cocina. Música y cocina. Muerte…

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Me enamoré de Lascano. Perro viejo, que enamoró a Eva en Crimen en el barrio del Once. Y en su última aparición (Los hombres te han hecho mal) encontré un motivo más: se llama Venancio, como Ven, Ven Cabreira, el investigador privado de El chef ha muerto. Pero emociones coincidentes a parte, esta novela me flipa por su ritmo en presente furioso pero reflexivo, por su estilo que supera las limitaciones del género y porque jode de lo que habla, la trata de mujeres como ganado, y la estupidez del hombre que lo vende y que lo compra.

También me ha marcado por cómo muestra el paso del tiempo de un Lascano que se mira al espejo y dice: Envejecer es una mierda. (Y yo pienso, para él y para mí, da igual cumplir 65 que 35, es una mierda igual). Pero no hay otra que pensar y, entonces, se da cuenta de que:

«El pasado queda atrás, se destruye, se despedaza, se diluye y se revierte. No hay nada más que el presente».

En esta novela, los personajes de Mallo son más violentos que nunca (¿Qué es más cruel, matar a la madre frente al hijo, o al hijo frente a la madre?), pero también, más gastronómicos que nunca.

Lascano cocina para su amante, sin frituras, sin libido:

«(…) echa un chorro de aceite sobre el colchón de hojas (espinacas) y lo cubre con las milanesas, que va seleccionando por forma y tamaño a fin de colocar la mayor cantidad posible (…). Abre la tapa del horno, enciende un fósforo y lo arrima al quemador(…) En unos minutos comemos«.

Y Eva cocina para su madre a punto de morir un risotto y el actual marido de Eva, le cocina su mundo brasileño de carne do sol, moqueca de camarao, paozinho de tata, peixe asado no leite de coco…y ella sólo añora su asado criollo.Y la madre de Eva da en el clavo del paso del tiempo:

«Los viejos vamos de comida en comida. Ya no trabajamos, no arreglamos la casa, no tenemos nada de que ocuparnos, dependemos de los demás para todo. Comer es la última actividad vital que nos queda. El problema es con qué llenar el tiempo entre una y otra comida».

Y el libro se me pasó entre una y otra comida, y ahora, espero el siguiente, como el delincuente, que «está siempre apurado, huyendo de acá para allá».

 

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Nunca pensé que una creación literaria fuera recreada en la cocina con tantas versiones como formas de ver la vida. Esta es la de El dinosaurio todavía estaba allí, la librería-café de Marisol Torres en el barrio de Lavapiés de Madrid, que incluye en su carta una tapa negra y canalla que ha llamado El chef ha muerto, como la primera novela del investigador Ven Cabreira. Un lujazo de sabor.

Esta es la receta:

Rehogar cebolla (mejor cebolleta tierna) en un poquitín de aceite y cuando esté blandita, añadir ¼ de hongos (Boletus, champiñones, setas de cardo, shiitake, rebozuelos… al menos tres tipos diferentes. Pueden ser deshidratadas, en ese caso hay que dejarlas en agua templada durante una noche. También se pueden hidratar en agua hirviendo por espacio de un minuto. El agua se puede aprovechar para hacer un risotto). Dejar que se hagan despacio. Añadir 100 gr de foie gras y un decilitro de nata líquida. Dejar reducir, salpimentar, batir y colar.

Disponer sobre la mousse uno o dos huevos fritos repuntillados y una ramita de tomillo para aromatizar.

¡Un gustazo dejar unas piedrecitas de sal negra sobre la yema y romperla con la complicidad del pan!