Posts etiquetados ‘gastronomía’

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Baboso, lejos de su significado en el diccionario, es una uva autóctona de Tenerife. Es originaria de El Hierro, prefiloxérica como todas las canarias, pues aquí no llegó el mortal virus que a finales del siglo XIX arruinó la viticultura española, recuperada por Juan Jesús Méndez de Bodegas Viñátigo. Es una variedad difícil, casi indomable, de un rendimiento muy bajo de tan solo un kilo por planta y de un coste de siete euros por litro.

Por eso muy pocos se atreven con ella. Y, entre ellos, un joven viticultor de 27 años, Borja Pérez. Actualmente lleva las riendas de la bodega familiar, Viñamonte, perteneciente a la Denominación de Origen Ycoden-Daute-Isora, pero con la baboso quiere lanzarse a hacer su propio proyecto.

El otoño llega muy sutil a una Isla casi subtropical, pero se dibuja claro en las hojas del viñedo, que se encuentra en un enclave espectacular entre el monte y el mar, en las medianías del norte de Tenerife.

Unas horas visitando las vides y la bodega dejan el regusto del habla de las gentes del vino, para quienes su actividad es parte de una novela, en la que la uva y el vino protagonizan la trama.

Borja eligió la variedad baboso para su proyecto personal porque «es una uva que me intriga«. Nunca sabe cómo responderá, pero tiene la confianza que le dará un vino del que sentirse orgulloso.

Reconoce que no será un vino de 100 euros, pero su ilusión es hacer el mejor con destino a la exportación.

Este es un proyecto lento, del que es consciente que a lo mejor llega a su punto más álgido en dos generaciones más, pero, aunque «la agricultura es lenta, el ciclo es tan rápido que parece que el vino va por delante de ti».

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La pasada semana se estrenó en La Laguna (Tenerife) La Garnacha. Una obra inspirada en el teatro del siglo de Oro, cuando nació este tipo de agrupación, junto con otras como el bululú, el ñaque, la gangarilla o el cambaleo, pero con la actualización de los tiempos que corren -no muy lejanos, tampoco- a aquel momento.

El autor, director y actor, Óscar Bacallado, trabaja el lenguaje rimado con elegancia y recupera el palimpsesto tan habitual en épocas de crisis, es decir, obras que tienen más de una lectura.

Bajo la risa, a veces, y la sonrisa, otras, desgarra a través de historias sencillas que se desencadenan en una taberna, el lado más aprovechado y estúpido del ser humano.

Y si el texto es importante para capturar al espectador, mucho más lo es que los actores consigan hacerlo creíble. Y ahí, Mar Marrero, Antonio Conejo, Idaira Santana y el propio Óscar Bacallado, lo bordan. Destaco, no obstante, no sé si por sentimiento afín o por su papel protagonista a través del que se estructura toda la obra, el papel de Antonio Conejo como monje socarrón, distinguido con tonsura, que disfruta del placer del cordero, del vino y del entretenimiento a costa de lo que le cuentan los demás, que luego aprovechará para escribir sus propias historias.

La puesta en escena consigue que el espectador sea partícipe de la farsa, especialmente con las rupturas del monje de la cuarta pared, dirigiéndose cómplice al público, un recurso, que, utilizado con mesura, funciona. Menos interesante es la salida del escenario de los actores, aunque sea por exigencias del espacio de la representación.

No obstante, el espectador forma parte del ambiente nada más llegar gracias al lugar escogido para la representación -una antigua ermita- y la fundamental copa de vino, junto a una tapa. Y es que La Garnacha, antes que uva, fue nombre de vestidura y después, de farsa.

La propuesta de inspirarse en El Chef ha muerto para crear nuevos platos ha llegado a lo máximo que se puede inspirar: entrar en la carta de una librería-gastro-bar en Lavapiés en Madrid.

Todo ha sido gracias a Marisol Torres, escritora y cocinera, que se ha animado a abrir un local con el que además homenajea un microrrelato de Monterroso: «El dinosaurio todavía estaba allí».

El plato es versátil como la gastronomía negra: lo puedes tomar de desayuno, almuerzo o cena y es idóneo tanto para salvarte de una resaca como para comenzar la noche de borrachera: Huevos fritos sobre mousse de hongos y foie.

Definitivamente, El chef ha muerto.  Suerte que nos quedan escritores.

¡Un lujazo!

 

-Algunos empiezan por el postre.

Continuación de Gato I y II del libro de microrrelatos Media Ración.

Jamás había fallado. Un plato perfecto para cuando un amigo viene a comer a casa, pasa la tarde y al llegar la hora de la cena aún está detrás de tu hombro a ver qué vas a preparar. En ese momento, sacabas las triunfantes acelgas y el amigo se excusaba y se despedía hasta otro día.

Hasta ahora había sido infalible, pero la crisis es la crisis y no sólo porque haya o no dinero, sino porque la mirada está en proceso de cambio, al mismo ritmo que se va despejando el polvo de nuestros ojos antes las mentiras financieras y políticas.

Y anoche, se me ocurrió poner en práctica el viejo plato asusta-amigos. Lejos de marcharse, mi colega, me preguntó con curiosidad qué iba a hacer con eso. Cocerlas brevemente con muy poca agua y servirlas en un plato con aceite, vinagre y pimienta negra. ¿Y la carne? Las acelgas son el plato principal. Las patatas cocidas con un poco de mantequilla, la guarnición.

Y se quedó y las comió y flipó con el sabor cercano a la tierra de los tallos y el frescor de las hojas verdes y la buena compañía que le hacen las patatas.

Y aunque esta vez falló mi plan, siempre guardo unas espinacas en el congelador, como plato definitivo «asusta-amigos».

Un crujir de hojas secas bajo una carrera. Asoma el rabo.

– Hmm, ¡qué postre!

La cadena Ser acaba de inaugurar una nueva sección gastronómica: Gastro en La Ser. Entre las subsecciones está el apartado de opinión «Tinta de calamar», en negro y con sorna. Aquí está el primer post con firma de El Chef ha muerto:

«El sarcófago de Babette»

 

 

Se relamió moviendo el bigote. Y, de postre, el rabo.

(Este microrrelato pertenece a la colección Media Ración de Yanet Acosta)

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Ni Twitter ni Facebook. Es Whatsapp, la aplicación móvil de mensajería instantánea mediante la que se pueden enviar fotos, vídeos, emoticonos, ubicación, etc. lo que arrasa entre pequeños, grandes y mayores. Y su uso lleva a sorpresas…la última, cómo funciona de bien para asesorar en la cocina.

En una noche canalla me comprometí a hacer una paella para 30. Cuando llegó el día me di cuenta de  que lo máximo que había conseguido era hacer una para cuatro personas, así que busqué mentalmente dónde encontrar ayuda, pero ni recetario, ni blog ni aplicación culinaria me sacaban del problema, excepto contactar con alguien que supiera de esto.

Entonces whatsappeé al periodista alicantino José Ramón Navarro Pareja para que me diera su opinión y extraje que la paella puede tener mucho de zen, pero sobre todo, ojo. Así que me puse manos a la obra y paso que daba, paso que fotografiaba para que el ojo del asesor funcionara.

«Pon crujiente al pollo y luego a los lados de la paella y sigue con el sofrito. Cuidado, mucho aceite veo ahí, quita un poco. Pon más verduras. No, guisantes, no (bueno ya es tarde). Ey, no tanto tomate (tarde, pero bueno). Y lo más importante, céntrate en lo tuyo, que es una meditación. Y cuando hierva todo 45 minutos, añade agua y calcula que sea tres veces más que la cantidad de arroz que se añada (2 kilos). A ojo, claro. Y después 20 minutos más».

El reposo hizo el milagro final y la asesoría, como siempre, la mejor la del ojo humano, aunque sea al Whatsapp.

– Camarero, este plato está algo pasado…

(Del libro de microrrelatos gastronómicos Media Ración de Yanet Acosta)