Hoy un artículo gastronómico y político para Tinta de Calamar.
El hambre es política. La comida, también.
Hoy un artículo gastronómico y político para Tinta de Calamar.
El hambre es política. La comida, también.
“No existe literatura canaria, soy canario y orgulloso de ello, pero yo no hago literatura canaria, sino género negro”.
Esto lo dice Alexis Ravelo, un escritor canario que maneja al detalle el género de la novela negra, esa que nos gusta porque, según él mismo explica, “es un análisis de la sociedad, que siempre está en crisis”. La semana pasada presentó en Madrid su última novela, La estrategia del pequinés, con Editorial Alrevés. Hoy acabo de terminar de leerla y puedo contrastar sus palabras.
La historia discurre por la isla de Gran Canaria, especialmente por su capital, Las Palmas, un espacio que siempre me recordó a otro, quizás a La Habana, aunque con más color. Por eso, cuando el escritor Paco Gómez Escribano habló de ella durante la presentación, lo dijo claro: “esta historia podría haber ocurrido en cualquier sitio”.
Sin embargo, lo que se come y se escupe en esta novela hace que no pueda ser que ocurra más que en Canarias.
“La mañana en que el Rubio lo telefoneó, Tito Marichal desayunaba leche con gofio y buscaba ofertas de trabajo en Internet”.
A estas alturas pocos son los que desconozcan el valor nutritivo del gofio, esa harina de maíz o trigo tostada que al contacto con la leche caliente hace unos grumos mucho más excitantes que los cereales estadounidenses. Y a estas alturas, pocos desconocen que el Archipiélago canario tiene el índice de desempleo más alto de España. Y quizás el porcentaje más alto de desesperanza para encontrar un nuevo empleo.
Y Tito Marichal se busca la vida. Quiere abrir una cafetería y el Rubio le promete una buena cantidad en un trabajo supuestamente fácil. Y decide tirar hacia adelante mientras comen:
“un gofio escaldado, papas arrugadas, queso y puntillitas. Mientras esperaban a que llegara la morena frita (hay que hacerla lento, para que se bizcoche bien, si no, es pura grasa)”.
Cuenta Ravelo que él quería escribir una historia de amor, pero más que amor, veo el último clavo ardiendo del que agarrarse y una sangría que demuestra que todo paraíso, aunque sea el de las Islas Canarias cantadas por poetas desde la Antigüedad, tiene su infierno.
Pedro Espina fue el primer cocinero español que trabajó en España en cocina japonesa, en el Suntory de Madrid. Después montó Tsunami en los 90s y comer japo se puso de moda. Desde 2008 abrió lo que más le apetecía, Soy, un pequeño restaurante de 5 mesas donde el respeto hacia las bases de la cocina japonesa es el principal ingrediente.
Anoche lo volví a visitar. La puerta de entrada sin carteles ni luminosos, es la de quienes saben adónde van. Atravesé la puerta y entró el olor a jazmín. Las mesas tenían esas pequeñas flores que su mujer, Tamayo, había traído desde su terraza esa misma tarde.
“Cuando se cocina hay que buscar el alma del ingrediente. Cuando tengo una patata busco la belleza de su flor”.
El próximo 15 de mayo de 2013 el escritor Alexis Ravelo presentará en el festival de novela negra NNegra en Arona (Tenerife) la novela El Chef ha muerto en el Centro Cultural de Los Cristianos a las 18.30 horas.
Este año, NNegra está dedicado al papel de la mujer a lo largo de la historia de la novela negra y a las escritoras que trabajan el género. Y, para ello, han contado con la presencia de la escritora Susana Hernández, que acaba de publicar Contra las cuerdas, y con la autora nórdica Mari Jungstedt.
Para mí es un auténtico lujo estar en mi tierra con estas dos grandes del género, con las que compartiré una mesa redonda el 17 de mayo titulada “Algo más que fatal” en la que descuartizaremos obras clásicas y modernas, editoriales y autores. Porque hay más que rubias fatales.
Anoche se dio a conocer la lista de los 5o mejores restaurantes de la revista inglesa The Restaurant. La noticia fue filtrada por la prensa española desde las 18 horas y copiada, pegada y retuiteada por todos los demás que andábamos en la Red. El embargo parece que no funcionó y tampoco el modelo de gala que vimos en streaming, que resultó bastante tróspido. Pero lo que sí ha funcionado es designar al Celler de Can Roca como el primero del mundo. Ahí todos unidos, o casi, porque a los que han bajado puestos o no han salido no les habrá gustado ni pizca.
La lista y más opinión en Tinta de Calamar en La Ser.
Ayer visité la cata pública de Grandes Pagos de España en Gourmet Experience de Callao. Fui con una experta en el tema, Raquel Pardo, y nos encontramos con otros catadores profesionales. Me gusta catar, pero admito que lo que más me gusta es soñar. Y eso fue lo que conseguí con los vinos que más me gustaron.
Con el III Lustros 2005 de Gramona entré en un campo de flores y el blanco Fillaboa me dejó en una tarde cálida frente al Miño, aromática y tranquila. Con Finca Terrazo 2010 llegué a encontrarme con un chispeante mediterráneo, mientras que el Emeritus 2008 del Marqués de Griñón me llevó a una conversación fresca, ácida e interesante en una casa de campo al mediodía.
Al final, un Santa Rosa 2008 me dejó anclada en un postre de fresas que mi madre me hacía de pequeña y que hoy, a falta de otra copa de vino, he tenido que intentar reproducir.
Postre de fresa
Consiste únicamente en añadir a 200 grs. de nata montada, 100 grs. de fresas naturales licuadas con 2 cucharadas de azúcar. Tras mezclar con cuidado, dejar en enfriar en copas.
Cuando empiezas, a veces, no paras. En Los Ignorantes conocí la referencia de Maus, un cómic Premio Pulitzer en 1992, que marcó un punto de inflexión en la historias de las viñetas. El autor, Art Spiegelman, narra la biografía de su padre, un judío en Auswicht. Caracteriza a los personajes como animales, según su nacionalidad o religión. Los judíos son ratones y jamás pensé que los trazos de las caras de ratones pudieran ser tan dramáticas.
Muerte y hambre, marcan una historia en la que su autor tampoco escatima en emoción al mostrar a su padre víctima, pero también verdugo por su racismo frente a los afroamericanos.
Son muchas las viñetas impactantes de este cómic, pero una especialmente se me quedó grabada: en un tren, judíos encerrados mueren sin poder salir de él. Unos sobre otros, sin nada que comer ni beber durante días.
“No sabes lo que somos capaces de hacer con hambre”, dice el padre al hijo, autor del cómic.
Y es así como se me ha despertado la curiosidad por saber más sobre el hambre: a ver qué dicen los antropólogos en el Curso de Verano de la Complutense.
El Día del Libro me gusta celebrarlo paseando, viendo, ojeando y escuchando. Así que primero me paseé por el centro de Madrid (Gran Vía, Callao y Sol). Puestos en la calle, pocos mirando y menos comprando.
¿Es la crisis económica o es la crisis del libro? ¿O son las dos?
La noche la pasé en la Librería Burma, y allí, aunque menos movidos que el año pasado, sí que se vendían, sobre todo, cómics y novelas gráficas.
Y más tarde me fui a El Dinosaurio todavía estaba allí. Lecturas de poemas y de relatos cortos. Una gran parte de los participantes eran escritores y poetas publicados. Y una gran parte de los espectadores, también eran escritores y poetas publicados.
Allí se venden libros, pero anoche, se vendieron sobre todo cervezas. Y los poemas y relatos se leyeron casi todos sin papeles, desde el móvil.
Uno de mis cuentos favoritos aparece en la novela El cielo protector escrita por Paul Bowles en 1949 y llevada al cine en 1990 por Bertolucci con John Malkovich y Debra Winger como protagonistas.
El comienzo de la historia es de esos que me gustan:
“Se despertó, abrió los ojos. La habitación le decía poco; había estado demasiado sumergido en la nada de la que acababa de emerger”.
En esta novela aprendí la diferencia entre turista y viajero: una cuestión de tiempo.
“Mientras el turista se apresura a regresar a casa, el viajero, que no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la Tierra”.
Y aquí va el cuento:
“Las hermanas Outka, Aicha y Mimouna ahorraron durante años para ver cumplido su sueño, tomar té en el Sáhara. Después de años, aunque no habían conseguido ahorrar lo suficiente decidieron vender todo lo que tenían y marchar, porque, de lo contrario, acabarían tristes y sin haber tomado nunca té en el Sáhara.
Outka, Aicha y Mimouna compraron una tetera, una bandeja y tres vasos y en la puerta del desierto dieron el resto de su dinero a una caravana. En la noche, cuando la luna iluminaba la arena blanquecina del desierto, decidieron cumplir su sueño. Tomar té en el Sáhara.
Las tres hermanas caminaron largo rato hasta elegir una duna donde prepararlo. Tras subir, Outka divisó una duna aún más alta. Así que, pese al cansancio, decidieron trepar hasta la duna más alta para cumplir su sueño. Al llegar, dispusieron la tetera, la bandeja y los tres vasitos, pero estaban tan cansadas que decidieron dormitar un rato antes de cumplir su sueño. Tomar té en el Sáhara.
Muchos días después pasó otra caravana y un hombre vio algo en la duna más alta. Cuando llegó a la cúspide, allí encontró a Outka, Aicha y Mimouna. Yacían en la misma posición en que se habían dormido. Y los tres vasos estaban llenos de arena”.
Y como escribe el mismo Paul Bowles en esta novela:
“Uno nunca se toma el tiempo de saborear los detalles, pues uno se dice, otro día será, pero lo cierto es que cada día es único y definitivo, y nunca hay otra vez”.
Eres un fan total de la comida, pero en ocasiones tienes problemas para decidir qué vino tomar con qué plato.
Te gusta ir de tapas o de restaurantes y contárselo a gente como tú en Internet, pero eso de escribir te da pereza.
Eres cocinero y haces platos increíbles, pero no consigues que te conozcan más allá que la gente de siempre.
Ya has dado el paso de tener un blog, pero no sabes cómo conseguir más visitas ni cómo hacer atractivas esas historias que cuando cuentas la gente disfruta, pero cuando escribes no consigues el mismo efecto.
Eres de los que les gusta ser buen anfitrión y te gusta contar historias y anécdota de los platos que cocinas o tomas junto a tus invitados.
Tienes muchas experiencias y te gustaría contarlas en un libro, pero no sabes cómo hacerlo.
Pues si te identificas con una de estas personas es que eres un foodie y este es tu curso: Comunicación y Cultura gastronómica para foodies.
La Universidad Camilo José Cela ofrece en 50 horas las herramientas para conseguir mejorar tu escritura gastronómica, aprender a divulgar con eficacia tus contenidos a través de las redes e incrementar tu cultura gastronómica consiguiendo aprender sobre vinos y platos, cocina del mundo e historia de la gastronomía.
El curso es presencial, en la sede del centro de Madrid de la Cátedra Ferran Adrià de la Universidad Camilo José Cela (zona Moncloa) y con horario de 16.30 a 19.30. Su precio, 500 euros (10 euros la hora).
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Más información en la Cátedra Ferran Adrià o contacta con Rosa en rmgonzalez@ucjc.edu (tfno: + 34 91 815 31 31 ext. 1367)
El curso comienza el 7 de mayo de 2013. Plazas limitadas.