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Las novelas dejan siempre un sabor de boca. Madrid:frontera de David Llorente, madrileño emigrado a Praga hace más de una década, deja gusto a lejía, la misma con la que rocían sobre los desechos para impedir que los madrileños que duermen bajo cartones puedan alimentarse de la basura.

Se puede decir que M:f es una distopía (a lo 1984 de Orwell), aunque son muchos de sus elementos que suenan demasiado cercanos: oleada de desahucios, gente viviendo bajo cartones, el poder de las sotanas, antidisturbios que desentumecen los huesos a porrazos y patadas, muertos en los arcenes y cunetas con la boca llena de arena, inmigrantes perseguidos y recluidos, eliminación paulatina del conocimiento inservible en escuelas y universidades, la lluvia constante de la tristeza y el mar negro que rodea la ciudad de Madrid.

Tampoco parecen alejadas las prohibiciones y multas por rebuscar en los contenedores de la basura, que suelen estar cerrados con cadenas, como ocurre en muchos de los centros de distribución y supermercados, que prefieren que nadie aproveche los alimentos que tiran por no estar “presentables” o por estar fuera de fecha de caducidad.

Me encanta el momento en el que un personaje de la novela escucha lo siguiente:

“Los muertos de los arcenes y de las cunetas de la ciudad de Madrid le dijeron que el hombre es lo que come y que hace muchos años que el habitante de la ciudad de Madrid no come otra cosa que no sea basura, al igual que hace mucho tiempo que ellos (los muertos) no comen más que tierra, lo cual los convierte en tierra”.

Como en muchas otras distopías la mayoría pasa hambre y comen basura (aun a riesgo de que esté envenenada). Otros (casi siempre en el poder) se dan banquetes:

“Os ofrecen unos entrantes: carpaccio de foie y mango caramelizado, ensalada de langostinos, crema de brócoli con mousse de espárragos blancos y canelón de aguacate relleno de rape.

¿Y de plato principal?

Cordero relleno de setas en salsa de albaricoque, codornices rellenas de foie, solomillo de cebón a la parrilla, bacalao con cebolla confitada, lubina al azafrán con setas y guisantes, rape y cigalas sobre la reducción de sus jugos, a elegir.

¿Hay vino?

Sí.

¿Y postres?

También”.

La novela está escrita en segunda persona del singular, de manera que el narrador se convierte en una voz de la conciencia que te hace meterte a tope en esta historia y pensar, si te tocara a ti qué harías. ¿Serías de los no-gobernables? No sé. ¿Te harías funcionario?Tampoco lo sé. ¿Serías comebasura? Puede.

Si te van las distopías aquí un cuento que escribí hace un par de veranos: Benidorm 2020. Si prefieres el lado más optimista, la utopía Celanova 2020.

 

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Foto de Ariadna Acosta. Cuentos desde la Puerta del Este. Yanet Acosta

Una mañana de febrero, la abuela de Oriko salió hacia la Puerta del Este como un arcoíris.

Desde entonces, Oriko la trae de vuelta en forma de aroma.

A veces la siente acariciando su nariz cuando florece el azahar del limonero. 

Otras veces le hace cosquillas con los pétalos de rosa que plantaba en el jardín.

Cuando abre un cajón del armario, regresa con la lavanda entre la ropa.

Y cuando llueve, el olor de la tierra húmeda es su sonrisa y calor en su mejilla.

Entonces mira hacia el Este y al ver el arcoíris, Oriko sabe que es ella quien lo envuelve en un beso de luz.

Pamplona Negra es un festival del género y podría alabarlo porque innova en temática, porque tiene una afluencia de público importante, por la buena energía de Carlos Basas (su organizador) o porque ha sido el primero que me ha llamado para hablar de la gastronomía como herramienta literaria en la novela negra. Sin embargo, lo que más me ha fascinado ha sido que los escritores navarros fueron los cocineros de la cena de despedida del festival el sábado.

Caldereta de cordero firmada por Aitor Iragi, sorbete de cuajada con marca de katana de Carlos Bassas y crujientes de txistorra traída por Jon Arretxe y hecha fritura por el granadino afincado en Navarra Alejandro Pedregosa. Podría faltar un poco de sal al guiso, podría ser que estuviera más líquido de lo que se le presupone a un sorbete o podría faltar un poco de cocción a la txistorra, pero qué gozada ver a los escritores cocineros.

 

Además de disfrutar con este proceso creativo de los escritores en la cocina también fue momento de pensar. Podría repetir lo que tan bien han contado los periodistas acreditados o los documentos que Javier Manzano ha grabado (¡Vaya trabajazo más bueno oiga!), pero como he estado en el backstage les revelo lo que se oyó:

 

– ¿Qué hay que hacer para vender 100.000 ejemplares? (La respuesta más aplaudida: un libro de autoayuda, pese a que ya sabemos que hay a quienes nadie puede “autoayudar”).

-¿Por qué no tienen dotación económica los grandes premios de novela negra? (La pregunta queda en el aire).

-¿Cómo será una pareja en la que los dos sean escritores? (La respuesta solo al alcance para aquellos que no teman arriesgar su ego).

Pronto más gastronomía y novela negra en Tenerife Noir y en Cuenca con Encuentro de Novela Criminal las Casas Ahorcadas. También más preguntas y quizás alguna respuesta.

 

 

 

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Este sábado 23 de enero a las 13.15 en el hotel Tres Reyes de Pamplona, hablaré del Noir, food&drink: instantes gastro-alcohólicos en la novela negra en el contexto de Pamplona Negra. Será un momento para recordar el buen sabor de boca de algunas novelas, la amargura de otras e incluso la resaca tras una lectura.

También será un momento de revelar cómo la utilización de la comida y la bebida en las novelas no es algo banal, sino que se trata de una potente herramienta que utilizan los autores como instrumento dramático.

La relación entre gastronomía y novela negra se establece desde la creación del género. Se trata de una novela con una dosis de amarga realidad que se refleja en unos personajes reales que comen lo que pueden y beben más de lo que deben: la eterna paradoja del perdedor.

Con la entrada en juego de una nueva novela negra con sabor mediterráneo y personajes conocidos como Pepe Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán al que seguirán los creados por el italiano Camilleri o por el griego Márkaris, el aroma a guiso y el alcohol del vino inundan el género. Incluso la guía Michelin asoma con los franceses Manchette, Izzo y Houellebecq.

La novela que llega del Norte de Europa es más de restaurante y plato preparado y más de café y pitillos que de alcohol, aunque no faltan ni vino ni whisky ni en las novelas del archiconocido Larsson ni en las del querido y también desaparecido Mankell.

Pero es la novela negra americana la que no deja de sorprender. Chester Himes y la cocina afroamericana de Harlem, los sabores italoamericanos, cubanos o asiáticos de Dennis Lehanne o el ambiente grasiento de Drive de James Sallis.

Y dentro del género se encuentra incluso un subgénero que palpita con fuerza los últimos años y que llamamos la novela negra gastronómica. Es novela negra ambientada en el mundo de la cocina. Y a ella pertenecen El chef ha muerto, Un cadáver entre plato y plato o El aroma del crimen.

Para amenizar estas palabras el cocinero Enrique Martínez dará su visión comestible de la novela negra en forma de tapas y vinos.

Así que no vemos en Pamplona Negra, este sábado 23 de enero a las 13.15 en el hotel Tres Reyes con el show Noir, food&drink: instantes gastro-alcohólicos en la novela negra en el contexto de Pamplona Negra.

 

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Es algo complejo encontrar novelas negras que transcurran durante la Navidad, fin de año o Reyes. Una de las últimas que he leído que trae de fondo estas fechas es Cuentas Pendientes de Susana Hernández.

Ella es una novelista que disfruta comiendo. En alguna de sus novelas anteriores se nota, pero en su última obra, Cuentas pendientes, “sus chicas” como las llama ella se ponen gastro a tope. Son Santana y Vázquez, dos polis de Barcelona siempre con mil líos y que en esta nueva entrega, su autora las desnuda para verlas en su lado más humano. Quizás por ello, también más gastro-alcohólico.

En esta novela pederastia, criminalidad adolescente y suicidios de chicos ponen los pelos como escarpias también a estas “chicas” que además se las tienen que ver con venganzas, desamores, celos e investigaciones internas.

La marquesa (o sea Vázquez) está deprimida. Tiene un noviete al que le prepara la cena y al que espera pelotazo tras pelotazo hasta que la tira a la basura. 

Para recordar, una metáfora alcohólica dedicada a una ex-…

“Nerea era como un vino espumoso. Se subía muy rápido a la cabeza y dejaba para el recuerdo mal sabor de boca y una resaca abominable”.

… y una receta a ritmo de jazz de una novia que espera a su novia:

(…) empezó a preparar la cena. Puso los espirales a hervir, ralló el parmesano, cortó el salmón en dados y lo colocó sobre la plancha humeante.

Una novela inquietante para una de estas tardes de domingo posnavideña: Cuentas pendientes de Susana Hernández.

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Xabier Gutiérrez ha sido durante años la mano derecha de Juan Mari Arzak. Ha sido parte importante en el desarrollo de nuevos platos y también divulgador de la cocina a través de sus libros. En su última incursión editorial ha apostado por un género que estrenamos con El chef ha muerto y que denominamos “novela negra gastronómica”.

Con El aroma del crimen, Xabier se adentra en la muerte a través de la cocina no solo de forma física sino también poética a través de su aroma y sabor.

Sin embargo, lo que más me ha gustado de este libro es el juego de metáforas culinarias para conseguir fotografiar instantes únicos en la novela. Aquí va un ejemplo:

“El sonido del teléfono atravesó el momento como un cuchillo afilado se desliza por el borde de un tomate, asesinándolo”.

En esta novela, el autor nos regala también alguna receta y un truco para tener los salmonetes más crujientes y sexuales: freír la cabeza a más temperatura que el cuerpecito.

El aroma del crimen está plagado de ideas culinarias, de cocina creativa y de vanguardia. En esta obra el autor explica desde el fractal (un plato que se sirvió en el restaurante Arzak) hasta la utilización de un cereal bastante desconocido y que personalmente adoro como es el fonio. La elaboración de una carta, el trabajo de un restaurante desde dentro y las vidas de algunos cocineros son parte de esta novela, que, por cierto, tendrá secuela.

 

Yanet Acosta en Book City Milan 2015

Yanet Acosta en Book City Milan 2015

El próximo 23 de octubre volaré hasta Milán para sentarme a la mesa con escritores y críticos gastronómicos para hablar de cómo el gusto gastronómico construye a un personaje literario, en este caso, los detectives de la novela negra mediterránea Carvalho, Montalbano y Ven Cabreira. Será en el contexto del Festival Bookcity y el acto está organizado por el Instituto Cervantes en Milán en el contexto, además, de la Expo Internacional que este año se celebra en Milán y que ha estado dedicada a la Alimentación del Planeta.

Seré la representante española en esta mesa literaria que compartiré con los escritores Anna Grosmanová (República Checa), Wojtek Radtke (Polonia), Uwe Timm (Alemania), Bénédict Beaugé (Francia) y Mircea Dinescu (Rumanía).  El crítico gastronómico italiano del Corriere della Sera, Alan Bay, será el encargado de coordinar este encuentro de cuchillo y tenedor.

Yanet Acosta en el 40 aniversario de SBPE en Bruselas. Literatura y gastronomía

Yanet Acosta en el 40 aniversario de SBPE en Bruselas. Literatura y gastronomía

En noviembre, volaré hasta Bruselas para continuar hablando de literatura y gastronomía. En este caso participaré como directora del Máster de Comunicación y Periodismo Gastronómico de The Foodie Studies en el coloquio del 40 aniversario de la creación de a SBPE (Sociedad Belga de los profesores de español) con el título:  cELEbramos EL Español – ¿Cuando se come aquí ?

Se celebrará el 21 de noviembre de 2015 y en este encuentro participarán además académicos universitarios como José Yeray Rodríguez Quintana, Sophie Pelissier y José Rubio.

Menú helado Hotel Palace. Patatas fritas con salsa brava helada.

Menú helado Hotel Palace. Patatas fritas con salsa brava helada.

Cuando era niña quería comer patatas fritas con helado. Era unir las dos cosas que más me gustaban, pero mi madre me frustraba el intento una y otra vez. Así que he tenido que esperar casi cuarenta años para que el sueño se hiciera realidad. Ha sido en el hotel Palace de Madrid gracias a un menú en colaboración con el maestro heladero Fernando Sáenz Duarte y además en el simbólico día en el que hemos celebrado el primer año de Lúa.

La verdad es que dudé hasta el último momento qué menú elegir para cenar, porque —las vueltas de la vida— mi madre asistía a la cena. Nueve platos con nueve helados. El primero, unas patatas fritas con salsa brava helada. Fue el gran cocinero que acaba de fichar el hotel Palace, José Luque, quien me hizo decidirme por este menú helado: “Cuando dudes, haz lo más arriesgado”.

Llegué al Palace con los cuatro abuelos y el miedo aún en el cuerpo, pero el aperitivo nos dejó a todos con una cara de sorpresa de lo más agradable. Un Sorbete de peras verdes y tomillo limonero que se rociaba con un dedo de vino verdejo. La mezcla refrescante en la que participaban los cuatro sabores principales —amargo, ácido, salado y dulce— de forma equilibrada nos dejó a todos con ganas de más. Entonces llegaron los Daditos de patatas fritas con salsa brava helada de ibérico, pimentón de La Vera y aceite de oliva virgen extra de la variedad arbequina. Ni dios rechistó hasta que se lo terminó.

Sin embargo, el plato más elegante de los que se ofrecía en el menú fue el ajoblanco con crema helada de vino Palo Cortado, mientras que el más sorprendente y delicioso a la vez fue el Solomillo de cebón con mantequilla helada de brandy.

Curiosamente, no disfruté en absoluto del prepostre Dúo de pera y manzana al moscatel con helado de cítricos y hierbas frescas. El amargo preponderaba en la mezcla y en ese momento del menú a mí no me apetecía esa sensación. Tampoco disfruté demasiado el último postre Helado de chocobarrica, quizás porque ya estaba algo cansada. Y es que este menú helado se puede tomar en La Rotonda del Palace solo para cenar. Es un poco largo y como es tan divertido hay que comentarlo, así que lleva su tiempo y yo con tantos líos pues llegué un poco tarde a mi reserva.

Tengo que admitir que ha sido una de las mejores veces que he cenado en este restaurante del Hotel, porque todos los platos salieron en su punto y porque el menú era una combinación ingeniosa y divertida. También disfrutamos del ambiente tranquilo, a partir de la segunda parte de la cena cuando se terminó un cóctel que se ofrecía en la cúpula y que impedía en ocasiones que el lugar sea todo lo agradable que podría ser.

Merluza con verduras para Lúa. Hotel Palace.

Merluza con verduras para Lúa. Hotel Palace.

Tras esta menú, vi cumplido un olvidado sueño infantil. Eso sí, a Lúa, cuyo primer cumpleaños celebrábamos, le tocó comer el plato más serio, merluza con zanahorias y calabacines. Se lo pedí yo misma, pero después de comido el pescado, lo que más saborea, nos pusimos a jugar con las verduras y entre risa y mordida acabamos esta linda cena que nos enseñó a todos que comer es divertido, con un año, con cuarenta o con setenta. Gracias al Palace y a su equipo por acogernos con tanto amor para esta fiesta familiar.

Yanet Acosta. Escritora Negra y Criminal. 2011.

Yanet Acosta, también fui escritora de Negra y Criminal :)

Los libreros Montse y Paco acaban de anunciar el cierre del emblema de la novela negra en Barcelona, la librería Negra y Criminal. El próximo 3 de octubre cierra sus puertas. Con esta noticia en la cabeza me fui a todo correr a la librería Burma en Madrid, donde suelo hacer mis compras negro-criminales y los libreros Alfredo y Chus me lo confirmaron: Nosotros también estamos al límite.

Así que Alfredo dijo la frase mágica: “El boom de la novela negra es algo de lo que todo el mundo habla y nadie ve”. Yo sigo creyendo que la novela negra no está hecha a gusto de un público genérico. El ejemplo lo podemos tener en cómo un novelón Caza al asesino del gran escritor francés Jean-Patrick Manchette lo convierten en una insulsa peli de porrazos y chica guapa, cargándose la esencia. Es cierto que hay otras pelis con éxito que sí que han sido bien inspiradas por novelas muy buenas, como es el caso de Drive de James Sallis, pero…

Al público me parece que lo que le interesa es huir divirtiéndose y que para ello leen alguna vez algo, a ser posible sencillo y rápido. Por eso, los que aún compran libros prefieren los cómics, ahora llamados novelas gráficas. En Burma lo saben porque me dicen que es lo que más venden. También me dicen que venden más Narrativa que Negra, pues todavía se cree que se trata de una literatura de poca calidad. Me parece que se confunde la calidad con el género, porque sí que es cierto que muchas novelas tienen una fórmula muy previsible. Muchas comienzan con un cadáver y la búsqueda del asesino. Pero eso es género. Otra cosa es cómo se escriba y hay escritores malos y buenos en novela negra y en novela blanca.

También el lugar en el que se ha situado a la literatura negra, como algo alternativo, duro, crítico y underground, echa la mirada de gran parte del público hacia otro lugar en el que haya una historia más amable que leer y confían en que historias firmadas por autoras como Allende u otras lo sean.

A veces me pregunto: ¿Será que los únicos que compramos novela negra más allá de los títulos que se venden en las grandes superficies somos los propios autores? Y a veces pienso que así es. Por ello solo espero que sean muchos más los que se unan al club de escritores-lectores negro-criminales y ver florecer otros proyectos, ahora que despedimos Negra y Criminal. Quizás nunca consigamos ser un gran número, pero no nos olvidemos que esto sigue siendo underground y que el éxito ha sido que algunas novelas negras muy potentes y nada comerciales se hayan colado en esos anaqueles dedicados al gran público.

Un abrazo a los libreros de Negra y Criminal. Siempre llevaré el sabor de los mejillones mediterráneos de los sábados en el paladar y la camiseta me la pondré hasta que se arranquen las letras impresas en blanco. 

Caza al asesino

Anagrama acaba de reeditar Caza al asesino del francés Jean-Patrick Manchette aprovechando la salida al cine de una peli con Sean Penn y Javier Bardem. Manchette murió en 1995, con 53 años y esta fue su última novela publicada en 1981. Supongo que si viera la peli fliparía, porque nada tiene que ver con su potente texto, circular y bíblico: hagas lo que hagas no tienes escapatoria. Tu karma es ese, amigo.

Martin Terrier se marchó de su pueblo el día en que su padre, al que la gente ridiculizaba cuando se emborrachaba, murió. Diez años después, tras ganar pasta como mercenario y asesino a sueldo de una compañía, deja su trabajo y vuelve para llevarse a la chica de la que se enamoró. Pero esto no es un cuento de hadas, sino una novela hard boiled.

La chica huele mal y bebe coñac sin parar, él se queda sin un duro porque quien le lleva las finanzas se lo gasta todo, y para un mercenario dejar su trabajo no es tan sencillo como presentar una carta de dimisión.

En la novela los personajes engullen todo el rato. No comen ni beben. Tragan, como se tragan su papel en la vida y todo lo que les pasa.

Martin cena de pie una lata de salchichas con lentejas y un pedazo de gruyère y en otra ocasión se pide una especie de salchicha llamada andouillette, “que parecía de goma”. Su jefe, Cox, siempre está comiendo. Entra en la novela con un copioso brunch compuesto de huevos, bacon, salchichas a la plancha, pequeñas crepes y jarabe de arce. Continúa con unas patatas fritas que saca de un cartón, más tarde una chocolatina y sale de la novela comiendo nueces, avellanas y cacahuetes compulsivamente.

Con Félix, quien se ha casado con la chica por la que vuelve al pueblo, comparte un whisky sour. Félix le asegura que le gusta porque sabe a vómito y “si bebes sistemáticamente algo que ya al principio sabe a vómito no e sientes incómodo cuando acabas por vomitar”.

Es curioso que el protagonista utilice la guía Michelin en la novela para buscar hotel. Entre los propuestos, elige el que se indica como más tranquilo. Toda una paradoja en una novela en la que solo se escuchan las balas y los golpes.

Esta novela está dentro de las que se denominan behaviorista, puesto que el narrador solo recoge las acciones de sus protagonistas, como si fuera una cámara, sin entrar dentro de sus almas. Sin embargo, un gesto puede ser la expresión del alma. Stanley es el amigo del alma de Terrier. Solo toma vodka. Cuando desaparece, Terrier pide una cerveza bien fría y un vodka. Se toma de un trago la cerveza, paga y deja el vodka intacto. El camarero no entiende nada y se toma la copa cuando Terrier se va. El lector sabe, que pese a todo, Terrier tiene sentimientos.

Si quieres leer algo más de Manchette te recomiendo Fatal, donde las rubias dejan de tener el papel de mujer florero.